Allen King se goza a pelo el pollón del atractivo y musculoso Joel Hart | Raging Stallion X Hot House
Take It From The Top
Un día soleado en el apartamento, sin nada que hacer, dan para pensar mucho. La mente de Joel Hart está agitada, sólo piensa en cerdadas. Le encanta su cuerpo, no lo puede ocultar. Es de esos tios que se tiran horas mirándose al espejo, desde que se levanta hasta que se acuesta. No se lo tengamos en cuenta. Si tú o yo tuviéramos ese cuerpazo musculoso, tatuado y formidable, haríamos lo mismo y disfrutaríamos como hace él en estos momentos, tocándose, explorando sus puntos sensibles, frotándose el paquete con su grandes manazas.
Parece que va a caer paja, pero Allen King se la roba bajando decidido por las escaleras, tirándose encima de él comiéndole la boca. Está claro que este chico no pierde el tiempo y va a por lo que le gusta. Ya aprendió la lección aquel día en la fiesta de fin de curso, cuando otro tio le robó el premio grande, dándose el lote en una esquina con el quarterback, el cabrón más guapo, cachas y dotado del instituto y les pilló entre los arbustos follando. Por supuesto que más tarde se la devolvió a ese gilipollas y fue él quien acabó comiéndole el pollón al capitán del equipo, lo que acabó con la pareja.
Joel no va a tener que usar la manita, no al menos para colocarla sobre su polla en un buen rato. No sabe lo que tiene Allen, peor es un puto caramelito que consigue ponérsela durísima, tanto que ya se le está saliendo por la parte de arriba de los calzones. A los dos. Mientras Allen se desnuda y su largo pollote se queda cilimbreando entre sus piernas, Joel tira de la goma de los gayumbos hacia abajo, empina la verga y enseguida tiene a Allen entre sus piernas comiéndosela.
Él ya sabe que la tiene grande, muy grande y gorda, pero no es consciente hasta que un tio se la empieza a chupar y ve los labios arropando su pene, succionándolo, la comparación entre el tamaño de las manos que agarran su miembro, la carita que lo chupa y el de su gran polla. El servicio de limpieza de bajos es estupendo. Joel no puede mirar mucho tiempo hacia abajo, observando con detenimiento cómo Allen se la come a bocados y le menea los huevos con la boca, porque cada vez que lo hace, nota una recarga de leche en las pelotas que a buen recaudo se filtra por el rabo saliendo en forma de precum.
El que debe estar saboreando ese mamón guapo y cachas. El valiente intenta metérsela hasta el fondo de la garganta, quedándose a unos diez centímetros de la gloria. El pollón sale completamente mojado en sus babas y lo abandona para dedicarse a magrearle las bolas con la boca. Sin duda sabe cómo mamársela a un tio para dejársela a punto de nieve y en cuento empieza a notar el sabor de la leche en su boca, también sabe que es el momento de retirarse para dar un respiro.
A comer culito. Y no uno cualquiera. El de Allen es un mundo de placer. Menudo, redondito, con una buena raja. Y para los más curiosos, se pueden divertir con sus pelotas y su larga minga pasándola entre los muslos y haciéndole la triple comida. Los más machotes todavía se resisten a comerse una buena minga y Joel es de esos. No quita que disfrute viendo esa gran dote colgando, pero prefiere centrarse en el ojete, en prepararlo para que entre suave cuando se la clave.
Mete los morros en la raja del culo y se divierte comiéndoselo dándole lengua a tope. Le vuelven loco esos pelos alrededor del oscuro ojete, contrastando con el color blanquito de sus nalgas. Cuando cree que lo tiene bien preparado, se pone en pie detrás de él, dobla un poco las rodillas para dirigir su misíl hacia el agujero, lo pincela paseando su cipote por toda la raja para que se abra un poquito más y le deje pasar y finalmente se la clava.
Sin condón, ajustadita, centímetro a centímetro la polla grande y gorda va penetrando ese irresistible culazo, desapareciendo dentro de él. Joel todavía se está acostumbrando al apretón de ese ano recogiendo su pene. Allen suelta un gemido de gusto y acto seguido echa el pandero hacia atrás tragando polla e iniciando el movimiento de la penetración, dando alas a Joel para que empiece a hacer su parte del trabajo.
Unos segundos más tarde, hecho ya a la medida y tamaño de ese agujero, Joel se recompone y empieza a dar por culo al chaval. Ve que traga tan bien que decide metérsela y sacarla enterita. De nuevo intenta no mirar mucho hacia abajo. No es que sea de esos tios que se corren a las primeras de cambio como primerizos, pero a ver qué tio aguanta la visión de esas dos bombonas y el rabo en medio sin sentir el deseo de correrse.
Se tumba y deja que Allen le pajee la polla con el culo. Buena decisión o no, era un trámite necesario, por ver esas nalgas devorando y la polla larga de Allen alzando el vuelo, agitándose, haciendo aspavientos entre sus piernas, sus pelotas subiendo y bajando. La tiene tan larga que Joel escucha y siente los pollazos que le pega sobre el muslo.
En los vestuarios había escuchado Joel a muchos compañeros hablar de algunos tios que tienen magia en el culo, que te cabalgaban y acababas cediendo al placer, si no corriéndote dentro de ellos, apurando hasta la última centésima de segundo para sacar la polla y lanzar un trallazo de lefa sobre sus espaldas. Si Allen no se hubiera retirado a tiempo para hacer un sesenta y nueve, habría ocurrido una de esas dos cosas.
Era más fácil tener tú el control, abrirle de piernas y llevar el ritmo. Allen se pajeó efusivamente viendo a Joel follárselo de pie, delante de él. Sus ojazos, su atractivo rostro leonino, su cuerpo muslado y de gran envergadura, el tamaño de su polla, sudadito, metiéndole una gran follada. Se la cascó y se soltó la lefa en todo el muslo, desviando un pegote hacia los pelos de la pierna de Joel.
Fuego amigo. Joel siguió penetrándolo. Jadeaba como un troglodita desenfrenado con la única misión de empotrar. La naturaleza humana slaiendo a la luz. Se notó por los gestos de su rostro, por sus gemidos, que esperó al último momento para sacarla del culo y correrse. Se la meneó y empezó a soltar perdigones de lefa, mojando el culete, las pelotas y la picha de Allen.
De nuevo cinceló con su miembro los bajos de Allen, esta vez paseando su glande mojado y suave por los huevos del chico. Tenía una polla tan hermosa, que Allen no pudo resistirse a pegarle una última calada, saboreándola llena de esperma. Le encantó chupársela así, recién corrida, a medida que iba regresando a su tamaño normal, algo más blandita y achuchable.









