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Johnny Donovan da culo al dotadísimo heladero Jake Preston para que se lo folle a pelo | MEN

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Para una persona tan golosa como Johnny Donovan, era tremendamente difícil elegir un helado cuando tenía tanta variedad delante de sus narices. De algo sí estaba seguro y es que, eligiera el polo que eligiera, el chavalito que estaba en el mostrador de la heladería estaba bien rico, todo un yogurín rubito, guapo, con ojazos y un granuja. Jake Preston se encargó de desenvolver el polo a Johnny y le puso a chupar.

Si ese benjamín se pensaba que Johnny se iba a amedrentar, estaba muy equivocado. Se metió el helado entre los labios y lo chupó como si fuera una polla, tragando a fondo. Por si fuera poco, se sacó el hielo de la boca y lo acercó a la de Jake a ver si lo de chupar se le daba tan bien como a él y también para comprobar hasta dónde estaba dispuesto a llegar con el jueguecito.

Que un tio se comiera tus babas ya decía mucho de él y de lo que le atraías. Hacía un buen rato que los dos estaban ya empalmados. Johnny sugirió al chaval terminarse el helado juntos. Jake miró a un lado y a otro de la barra, al fondo de la sala y, al ver que estaba despejada sin clientes a la vista, pasó al otro lado para darse el lote con su nuevo e inesperado amigo.

Se besaron, plantaron el polo entre sus bocas y lo chuparon juntos. Johnny siguió jugando con el chaval, llevándolo hasta donde quería. Se pulo el pirulo de hielo entre las piernas y Jake se agachó para chuparlo. No sin nervios, Johnny empezó a desabrocharse los botones del pantalón. Su rabo salió disparado, bien tieso, separó el helado de la boca del chaval y el su lugar colocó la polla.

Qué gustito le dio sentir los labios fríos sobre su pene erecto. Se le escapó un gemido de placer. Paseó el polo por el rabo para darle sabor y también lo aprovechó para rozarlo contra sus propias tetillas. Se estaba deshaciendo del puto calor que desprendían. Se dio la vuelta sólo para comprobar la reacción del chico cuando viera su precioso culazo.

Vaya si le gustó ver ese trasero con nalgas perfectas. Las cacheó quedándose bien a gusto, observando cómo se movían duritas tras azotarlas con unas buenas palmadas. Un buen dependiente de heladería siempre iba bien preparado y justo tenía por ahí el polo perfecto para esa ocasión, un twister largo multicolor. Lo pasó por esos globazos blanquitos, hizo gemir de placer a Johnny al plantárselo en mitad de la raja y luego se lo dio para que lo chupara mientras él se preparaba para metérsela por detrás.

Igual de nervioso que Johnny al desabrocharse la bragueta, Jake no acertaba a quitarse la ropa. Se desabrochó los pantalones caquis, se levantó la camisa que llevaba por debajo de ellos, se bajó los gayumbos y dejó al aire libre su excelente y larguísima pollaza. Johnny miró hacia atrás antes de que se la metiera y flipó en colores. Nunca hubiera esperado ese pedazo de rabo en un chaval así.

No podía decirlo con seguridad al cien por cien, pero juraría que era la polla más larga que le había metido nunca. Joder con el niñato. Le abrió el culo para que pasara con todo y se quitó la camiseta. Algo le decía que iba a ser una sesión bien tórrida. No quedaba claro quién se estaba follando a quién. Jake se la estaba metiendo a pelo, de eso no había duda, pero es que Johnny no dejaba de culear, decidido a sentir esa verga en todo su esplendor y bien adentro, mientras los dos se pasaban de boca en boca el twister.

Lo mínimo que podía hacer Johnny era tomarse un descanso para chupársela. El chico tomó asiento en una de las sillas destinadas a los clientes, Johnny gateó entre sus piernas y, después de succionarle los huevos, le mamó el pirulón. Que le quedara claro a ese chavalín que lo de chupar el polo cuando se conocieron no era ninguna broma, que iba en serio. Jake sacó otro twister y Johnny aprovechó para meterse en la boca rabo y polo a la vez, así que si quería traerse a otro amigo, ya sabía lo que hacer, podría con los dos.

Se sentó sobre la polla del chaval clavándosela a pelo, dándole la espalda. Se echó hacia atrás hacia un lado para dejarle ver cómo se la culeaba y cómo de dura la tenía él para que se divirtiera. Había salido algo timidito el chaval, que apenas le tocaba, eso o que estaba a punto de correrse y estaba nombrando a todos los futbolistas de la selección para aguantar más tiempo.

Por fin sintió la mano de Jake sobre sus abdominales. Decidió portarse bien con él, quería esa polla más tiempo dentro. Se inclinó sobre la mesita y volvió a regalarle culo para que fuera a su ritmo. Miró hacia atrás y casi que se enamoró de esa carita mona, del flequillo que le salía por el gorro de heladero, de sus ojazos, de sus mejillas sonrojadas del puto vicio. Una dulce tentación.

Se abrió de piernas para él dejando que le diera duro. Le alegró, aunque intuyera que estaba a punto de terminar, que su mirada ahora fuera más de tio guarrete que de primerizo, que le metiera la pija con más fuerza sin importale cuán larga la tuviera. Johnny no aguantó mucho más. Las tetillas duras, el placer viajando de su cabeza a la entrepierna. Se soltó un buen corridón encima, mojándose todo por debajo y alrededor del ombligo.

Relajadito, disfrutó del espectáculo. Jake delante de él, desnudo, agarrándose el pijote con la diestra, castigándoselo, frotándolo rápidamente, asesinándolo entre su puño con fuerza al estilo tornillo. Le salieron unas buenas virutas de leche por la polla y enseguida se incorporó para probar de nuevo su boca, esa que todavía sabía a caramelo.

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