Dentro de lo que era su negocio de masajes, Mark Lax ofrecía otros «servicios» especiales a los clientes, solo que estos no los anunciaba en la puerta, sino en lugares estratégicos de contactos en las revistas y periódicos locales. Todo lo que pudiera poner en esos anuncios era poco para la realidad. Mark era un tiarrón de los que quitaba el hipo, de los que hacía girar cuellos por la calle y al que desearías dárselo todo abriéndote de piernas.
Atractivo, cachas, ojos azules, lo tenía todo para hacer que las chicas se mojaran encima. Hasta ahora sólo había hecho servicios especiales a las féminas, pero ese día todo cambió. Zariah Aura, con gran desparpajo y poca vergüenza, nada más entrar con su novio Aiden Dean en el local, se puso toda cachonda al ver a ese santo varón y le ofreció una irresistible suma de dinero a cambio de que les hiciera un servicio muy especial a ella y a su chico.
Todavía no lo sabía, pero la vida sexual de Mark estaba a punto de cambiar para siempre. Les condujo hasta los cambiadores. Aura salió con la toalla anudada por encima de los pechos, Aiden por la cintura. Todo normal. Mark sabía cómo dominar a una tia, dedos y una comida de almeja, pero todavía dudaba si se le daría bien complacer al varón. Supuso que con una paja bien lubricada en aceite bastaría, puede que algún dedete por el culo bien metido si le gustaba el tema. Quizá hasta podría hacer que fuera Aura la encargada de darle placer a su chico mientras él se la ventilaba.
Nada, nada de lo que hubiera pensado hacer iba a tener sentido. El masaje comenzó normal, las espaldas, los dos bocabajo tapados por una sábana blanca. Todo cambió cuando se pusieron bocarriba. Una tienda de campaña apareció en el lugar donde no debería, alzando la tela entre las piernas de la tia. ¿Sería la mano? Retiró la sábana y lo que descubrió le dejó francamente sorprendido, un intercambio de sexo en toda regla. Ella tenía un buen pollón grande y durísimo y el chico tenía coño. La pansexualidad acababa de llegar a su local.
La hostia puta. A ver ahora cómo se manejaba en esa situación tan enrevesada e inesperada. Fue a lo que mejor conocía, a plantar la mano en el coño, aunque se le hizo raro tocar uno tan peludo, ver las piernas peluditas de Aiden, besar a lo que claramente era un tio. Qué extraño, pero a la vez tan excitante. Aiden le plantó la mano en el paquete y terminó sacándosela. Mark la tenía ya durísima.
Siguió metiendo los dedos por ese coño tan agradable y peludo, los dos se inclinaron hacia su entrepierna y empezaron a chuparle la polla, una bien larga, grande y gruesa, a la altura de lo que cabría esperar de un tiarrón así de cachas. Aiden se abrió de piernas de par en par para él y Mark bajó a comerle el coño. Qué de pelos se llevó en la boca al retirarla, tantos que tuvo que recogerlos con la mano. Nunca se había comido uno tan peludo.
Por primera vez a Mark le apeteció comerse un rabo, cuando Auran sentó el culo encima de la cara de su chico y se quedó ahí tieso delante de él. Era la primera vez que Mark tocaba una polla dura y también fue la primera vez que se metió una en la boca. La sensación no estaba ni tan mal y se le dio bien comer pija, mejor de lo que pensaba.
Aura reventó el coño a su chico, luego Aiden se abrió de piernas ante Mark y dejó que le metiera toda esa enorme polla a pelo. Qué puto morbazo le dio aquello. Era como estar follándose a una tia pero mirando a un tio. Y luego la otra ahí delante, con unas buenas tetazas pero dando de comer rabo a su chico, atragantándole con la polla. Demencial.
La mente de Aura era perversa. Había pagado por un buen servicio y Mark no podía negarse a todo lo que le pidiera. Quería ver cómo los dos chicos le comían la polla a la vez. Ahí estaba Mark, cara a cara con Aiden, con un largo falo frente a sus jetas, pasándose el testigo el uno al otro, comiéndose las babas, mirando de cerca cómo se la comía el vecino.
Tumbado sobre la camilla, Mark esperó a que Aiden se sentara encima de sus piernas y se clavara su rabo. No era el único que iba a tener cabida en su coño. Enseguida Aura deslizó su miembro por encima del de Mark y entre los dos le metieron doble polla sin condón. Mark seguía sin entender nada, intentando en vano encajar las piezas en su mente. Al final decidió darse le gusto de explorar y dejarse llevar.
Aiden le plantó el coño encima de la boca mientras Aura le cogía le rabo y se lo metía sin condón por el culo, sí, por el culo. En cuanto Aiden se retiró de su boca, Mark miró hacia abajo y lo que vio no le disgustó, Aura saltando, sus pechos meciéndose arriba y abajo y también su larga polla. Mark alargó un brazo y se la masturbó. Qué buena esa.
Cuando Aura se sacó la polla de Mark del culo y le propuso follárselo, Mark ni se lo pensó dos veces. Ya estaba tan metido en faena que todo valía, además de que había explorado el placer anal de mano de muchas tias que querían meterle la lengua y le había gustado. Eso sí, nada que ver la punta de la lengua con el tamaño enorme del rabaco que se gastaba Aura.
Para todo había una primera vez. Mark no supo cómo comportarse al sentir ese mástil perforando su ojete. Le apetecía sacar a relucir su gemido de putilla, era lo que le nacía de dentro, pero a la vez se negaba a perder la compostura, a perder su condición de macho fornicador, así que dio profundidad de voz a sus gemidos y se comportó como tal, como creía que le correspondía. No se había dado cuenta de que con esos dos no tenía que pretender ser nada ni nadie, que podía dejarse llevar. Pero costaba al ser su primera vez.
«A mi novio le gusta que se corran en su cara«, pronunció Aura pajeándose la polla apuntando en dirección a la jeta de su chico. Aiden abrió la boca y se llevó unos buenos mecos en ella y en el bigote. Mark se la cascó también encima de su cara y le metió una buena ducha, retorciéndose de placer. Luego metió la polla corrida, su enorme cipote en la boca de Aiden para que se lo chupara como un helado.
Haciendo caja para dar por finalizado ese día, Mark pensó en la cantidad de cosas nuevas que había hecho en la cama. Tocar una polla empalmada, mamarla, follarle el coño a un tio, dejarse follar a pelo por una tia con el rabo enorme. Volvió a ponérsele dura bajo el uniforme verde. De algo estaba seguro y era que no iba a olvidar fácilmente ese día.









