[MEN] Rocco Steele abre a tope el ojete de Robbie Rojo con su enorme tranca en “Eat, Prey, Fuck 4”

Acababa de dejar a su pandilla y esa noche Robbie Rojo aún tenía ganas de emociones fuertes. Durante el camino a casa a pie, se debatió entre si desviarse o no hacia el lugar que estaba pensando. Qué mejor momento que ese para hacerlo y no arrepentirse, ahora que estaba un poco animado por el alcohol y la noche en sí. Total, iba a ser fácil, entrar en ese garito donde se daban cita los hombres más rudos del pueblo que trabajaban en los bosques, tomar algo en la barra insinuándose al que más le molase y conseguir que uno de esos machos le follase hasta reventar. Estaba cansado de críos, necesitaba sentir la boca de un hombre echándole el aliento en el ojete de su culo, abriéndoselo a lenguetazos, notando la veteranía en su interior. Nadie se enteraría de nada porque esos hombres ni siquiera vivían en el pueblo, sería como echar un polvo y desaparecer. Estaba decidido.

Esa noche un hada de la suerte lo acompañaba. Fue un poco más allá y se metió hasta el mismísimo baño de chicos donde encontró uno de los hombres más corpulentos y grandes que había visto nunca. Estaba de espaldas. Si la polla la tenía tan grande como las proporciones de su cuerpo sería una gozada verlo. No dejó ni uno de los urinarios como espacio entre ellos, se la sacó y miró demasiado pronto el rabo de al lado, tanto que aquel tio enseguida se dio cuenta de lo que quería.

No eres el único que viene a por esto – dijo agarrándole de la cabeza, meneándose la chorra gorda y gigante que le colgaba de la entrepierna, guardándosela dentro de la bragueta con una mano como bien pudo y sacando a bandazos al chaval a la parte trasera del local donde se lo empezó a comer a besos.

Robbie comenzó a sentirse entre nervioso y cachondo. Cachondo porque le ponía a tope tener enfrente a un tio así comiéndole la boca, mayor que él y tan fuerte, porque aquella picha que le colgaba ya no le colgaba, sino que estaba a punto de reventarle los pantalones atravesando la tela como una estaca de lo dura y enorme que la tenía. Le entraron los nervios porque pensó que quizá había sido demasiado atrevido eligiendo hacer eso. ¿Y si no le cabía tanta polla dentro del culo? Sea como sea se le calmaron un poco los nervios y se dedicó a pensar en otra cosa en cuanto aquel tiarrón lo puso de rodillas y le dio de comer la polla más gorda, dura y grande que nadie le había dado de mamar en su vida, un super biberón calentito.

Todavía con un ligero olor y saborcito a la meada que acababa de echar, notó el contacto del surco de la raja del enorme cipote pasearse por la superficie de su lengua. Ya con el contorno de la corona del capullo consiguió llenarle la boca entera pero tanto el tio como él querían dar y comer más. Se la metió lo más hasta el fondo que pudo quedándose por un momento sin respiración, acordándose de cuando le quitaron las vegetaciones con aquel aparato metálico con el que tan mal se lo hizo pasar el doctor. Lo que lloró entonces y cómo le hacen llorar ahora intentando colar pollas por su garganta. Por mucho que lo intentó sólo pudo posar los labios hasta la mitad de ese potente rabo, le dolía hasta la mandíbula. Tuvo que completar la mamada posando sus dos manos encima de la otra mitad a la que no llegaba.

Ni una sola palabra salía de la boca de aquel tio, sólo unos gemidos roncos interminables que profería cada vez que le daba un repaso por el rabo. Allí lo tenía, con la cabeza contra la pared, penetrándole la boca, sacándosela y restregando la polla y los huevos por su cara. Lo puso de pie, le dio la vuelta y le empezó a abrir el culo ayudándose de sus dedos como pollas. Robbie sabía que su culito era molón pero muy estrecho, pero fue notar el contacto de la nariz y los pelitos del bigote y la barba de ese macho por el agujero y comenzó a abrirse a él por completo.

Mientras le hacía una buena tanda de dedos en el trasero, por la parte de delante a Robbie le colgaba el rabo como un apetitoso plátano que se meneaba consistente a cada zarandeo. Se le quitó un poco el miedo también pensando que ese tipo de tios buscaban precisamente eso, un agujero estrecho por el que insertar y hacer que disfrutase cada centímetro de sus enormes pollas, algo que les diese mucho placer en el poco tiempo que tenían para pensar en follar.

Escuchó el tintineo del cinturón por detrás, el ruido de pantalones por los tobillos y de un tio acercándose a pasitos y algo fresco y gordo como nunca antes había tenido en su ojete comenzó a meterse en su interor haciéndole perder el sentido. Durante un buen rato deseó correrse, por su cuerpo sintió ese cosquilleo que siempre le entraba antes de soltar la lefa por la polla, pero aquello era distinto. Notaba esa misma sensación todo el tiempo pero no llegaba a correrse, era como estar todo el rato en esa nube previa a reventar el rabo que lo aletargaba y le hacía poner los ojos en blanco.

Aquel hombre fue muy considerado con él. Perfectamente, ahora que lo tenía ensartado, podía haberle metido una batida y haberle destrozado el culo para darse placer a sí mismo, en cambio fue consciente de lo que le acababa de meter por el culo y le dejo que se acostumbrase al tamaño y a la sensación que le nublaba la mente. Gracias a eso, Robbie pudo tomar el control de la situación y decidir cuánto trozo de rabo se metía y a qué ritmo.

En apenas unos minutos, aquel rabo ya parecía formar parte de él, su agujero ya se había amoldado a esa gran circunferencia y le dejó follárselo hasta el fondo. Menuda embuchada le estaba metiendo por detrás, Robbie deseó que alguno de sus amigos pudiera verlo. ¿Era real? Metió la mano por debajo y agarró los huevazos y la polla que lo estaban penetrando para comprobar que estaba ahí, que aquello era verdad y estaba ocurriendo en ese mismo momento. En el pueblo había chavales de su edad con el rabo muy largo, pero con muy poco tacto y él ya estaba deseando probar rabo extranjero.

Ven a sentarte en las piernas de papá – y formando una improvisada silla invisible, Rocco Steele hizo una sentadilla, apoyó la espalda en la pared de cemento y se irguió la polla para que el chaval se ensartase encima.

Le metió una pajilla con el culo a aquel cabrón, notando cómo su trasero y parte de su espalda chocaban con la barriga cervecera. Tanto gusto y morbo por la situación que Robbie se agarró el rabo y se lo meneó hasta deslecharse encima y pringarse la mano con un buen chorrazo de lefa blanca y espesa. El ruido de los dedos quitando un condón, no sin dificultad, llegó hasta los oídos de Robbie, que puso el culo en pompa y se pegó unos cachetes para indicar a aquel lobo del bosque dónde quería que se le corriese.

Cambió de opinión, se puso en plan cabrón y decidió que quería llevarse esa leche de recuerdo a casa, así que, mientras al cabronazo le rebosaba ya leche por las pelotas, puso la bota contra la pared y le obligó a correrse encima de ella. Por esa maravilla de polla gigante salió una lluvia de semen con la que regó no sólo la bota, sino el cemento con goterones dejando su firma. Rocco recogió parte de la tinta blanca de su boli y la llevó hacia los labios y la lengua de Robbie que notó el saborcito de leche calentita y algo de otro tipo de polvo que le cubría las botas y entre los dos se quedaron un rato en la trastienda haciendo bolas de nieve con la boca.

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