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Oliver Marks da culo a Carter Collins para que el chófer de la familia se lo folle a pelo | MEN

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Lo que le sucedió a Oliver Marks no es algo desconocido para cualquier jovencito que haya salido de fiesta hasta altas horas de la madrugada. Te separas de tus amigos para regresar a casa, tu móvil muere en el intento de una llamada para que alguien vaya a recogerte porque fuerta hace una helada de muy señor mío, aunque la parada de taxis queda cerca no tienes ni un sólo euro en el bolsillo y la idea de echar a andar bajo ese panorama es cuanto menos desesperante.

Por suerte, lo poco que le quedaba de batería sirvió para que Carter Collins, el chófer de la familia, fuera a buscarle. Ese tio siempre le había hecho tilín, con esa mirada, una cara bien guapa, vestido de traje y corbata y bonita sonrisa. Durante el trayecto pensó en cómo decírselo. No estaba bien visto que alguien del servicio subiera al apartamento que papá le había comprado para él solito y sus fiestas, pero nadie tendría por qué enterarse.

El chófer tampoco permanecía ajeno a los encantos del benjamín de la familia. Para ser tan jovencito, era bien apuesto ya, tanto para las féminas como para los varones, con ese pelito rubio y esa carita mona. Carter ya tenía pelos en los huevos para saber que cuando le invitaban a subir al piso por la noche, no era precisamente para jugar a las cartas.

Aplicó sus dotes de seducción y tuvo a Oliver comiendo de su mano. Quería disfrutar más de esa sensación de cariño, él por detrás, sobándole, los dos comiéndose las bocas, pero no pudo luchar contra las prisas y las ganas de Oliver, que estaba acostumbrado a tener todo rápido y a la de ya. Oliver se puso de rodillas y le sacó el rabo a Carter, que todavía lo tenía flácido pero bien hermoso y no tardó en triplicar su tamaño a base de mamadas. Qué buena boca tenía el cabrón, aplicando una buena succión con esos labios, alternando entre la boquita y la mano para ponérsela bien dura, comiéndole todos los huevos. Se la dejó bien preparada.

Tras tantas horas transportando a cada miembro de la familia, amigos y allegados, Carter se hacía una idea de todos ellos y la imagen de Oliver siempre salía bien parada de todos los comentarios que escuchaba en los asientos traseros. Uno de los que se le quedó grabado fue que el chaval tenía el mejor pollón de todos los varones. Lo soltó su madre, que lo había pillado desnudo en la ducha sin querer al abrir la puerta del baño. Carter estaba a punto de descubrir si lo que dijo eran cosas de mujeres.

La madre que lo parió. Fue bajarle los pantalones y descubrir que todo era cierto, que el benjamín se gastaba un pollón de los grandes, voluminoso, de los que apenas cabían en una mano al rodearlo, de los que te rellenaban la boca y te dejaban sin palabras. Un pijote tremendo con un buen par de cojones para quitarse el hambre o para que te entraran aún más ganas de comer.

Con el sabor a pija en la boca, Carter acudió en busca de los besos cómplices de Oliver, que ya se había desnudado casi por completo. Si de polla andaba sobrado, presenciar su culo al desnudo fue una imagen sublime. El chaval quería entregarse y por supuesto Oliver no le iba a rechazar. Un culete grande, blanquito, suave, redondo.

Se tomó su tiempo recreándose la vista, palmeándolo, luego no aguantó más, se puso detrás de él y se la metió a pelo follándoselo. Entraba de lujo y cada vez congeniaban mejor. Se dieron el lote a la entrada del pasillo hasta que Oliver invitó al chófer a su cama. Sobre el colchón, los dos mimosos, Oliver se puso de lado y Carter por detrás haciéndole la cucharita y metiéndole rabo.

Oliver giró la cara. Quería ver cómo Carter se lo daba todo. Le gustaba ese tio, demasiado. Alzó una pierna para dejarle entrar más cómodo. Podía sentir su miembro firme y caliente entrando dentro de él. Carter le cogió por cada lado de la cara y le obligó a mirarle mientras se lo follaba. Oliver aprendió esa noche que el contacto visual con un tio que te mola, bien valía por mil folladas.

Cabalgó sobre sus piernas pajeándole el pollón con su virginal culazo. Ningún hombre podía resistirse a un culito así, joven, blanco, pomposo y con una raja hecha para tragar pollas. Carter lo abrió de piernas y se lo folló bocarriba. Oliver se cacó una paja mirando cómo el chófer lo enfilaba. Le vino el gustito, avisó de que se corría y se escupió toda la lehce encima, salpicándose la cara, el pecho y todo el torso. Sentía tanto gusto que no podía parar de soltar lefa.

Carter se inclinó para besarle, salió de su interior y tiró a matar. Tras un gemido involuntario y un gesto de gusto que le hizo cerrar los ojos, unió su leche a la de Oliver corriéndose encima de él. Por un momento Oli se sintió mal por Carter. Le había hecho salir de la cama para recogerle, a horas intempestivas, fuera de su horario de trabajo. Los dos tumbados y corridos, bien relajaditos tras la follada. Oliver prometió que le pagaría esas horas extra. Carter le negó el pago y le dejó bien claro que había cosas que el dineor no podía pagar jamás. Una buena lección de vida para el benjamín.

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