Matheuz Henk machaca a pelo los preciosos culazos de Oliver Marks y Carter Collins | Falcon Studios

Falcon's Endless Summer

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El final del verano estaba cerca. Los chicos no sólo se lo habían currado duro para poder ganarse un dinero y poder hacer ese viaje que deseaban, también se estaba preparando para la vida que les aguardaba en el siguiente curso escolar, cuando tuvieran que huir del pubelo para migrar a la gran ciudad, donde se convertirían en aves, por fin, libres. Por eso, algunos como Oliver Marks y Carter Collins ya se estaban acostumbrado a eso de compartir casa.

Los que llevaban menos tiempo en el pueblo como Matheuz Henk, pensaban que estos dos estaban juntos, como pareja quiero decir, pero de momento no había nada entre ellos más allá de una amistad. Matheuz entró a pedirles cera para la tabla de surf y se lo preguntó a los dos abiertamente, sin tapujos. Obviando su osadía, Oliver se apresuró a contestar primero y en cuanto quedó claro, Matheuz se sentó entre los dos en el sofá y empezó a seducirles, proponiéndoles que lo hicieran, frotándoles los muslos.

Algo que Oliver admiraba de Carter era su capacidad para lanzarse a los brazos de un hombre. Al tio le faltó tiempo para meter su lengua en la boca de Matheuz. A Oliver le hizo tilín la polla bajo las bermudas al ver cómo se morreaban con ganas, metiéndosela hasta la campanilla. Se deshizo de amor cuando le llegó su turno, Matheuz se giró y le comió la boca. Qué grande y acaparadora la tenía el cabrón, capaz de dejar a un jovencito como él con el ojete del culo abierto y preparado.

Más atrevido que él, Carter le metió mano y se quedó mucho rato tocando el rabo, señal de que le molaba y mucho. Oliver pudo descubrirlo cuando Matheuz se puso de pie y se bajó las bermudas delante de su cara. Menudo rabaco largo y grueso, todavía morcillón pero ya luciendo una buena envergadura y completamente encapuchado. Oliver lo cogió con la mano, le descubrió el cipote y se lo llevó a la boca.

Apenas un par de mamaditas después estirando ese chicle, el pollón empezó a crecer un tercio más de su tamaño, a engordar y a ponerse durito. Matheuz se la agarró y la zarandeó, presumiendo de polla, dejando a los chicos locos. Carter retomó el testigo y dejó sus babas encima de las de su colega. Oliver se bajó las bermudas conquistando a Matheuz con su poderoso culazo redondito y blanco.

Se llevó unas palmaditas encima por lo rico que estaba y terminó siendo carne de cañón para los dos a la vez. Matheuz le trabajó la raja del culo y Carter se quedó mamándole la polla. Limpieza profunda. Matheuz pidió su primer culo y por supuesto Carter fue el primero en ofrecerse. Oliver nunca podría olvidar los ojitos guapos de su colega mirándole con deseo mientras recibía la polla colocado a cuatro patas.

Le besó mientras se lo follaban, mientras no paraba de soltar por su boca, gimiendo, lo grande y dura que la tenía Matheuz. Las vistas eran tremendas. Matheuz nom paraba de machacar ese culazo, empoderando sus caderas hacia adelante, hacia atrás, con la linea blanca de los speedo marcadita en su cintura, contrastando con el bronceado del resto de su cuerpo.

Joder, qué le estaba pasando a Oliver. Nunca había sentido eso. Era como un yo interior al que no reconocía de antes, alguien nuevo, uno que se alegraba de que su amigo estuviera ahí gimiendo de dolor y gusto, bien follado. Acercó su cara a la de Carter y le miró fijamente, sonriendo, alegrándose de que a su olega le fuera bien. Carter tampoco reconoció a su amigo, pero esa nueva faceta le cautivó. Al fin y al cabo, habían aprendido que un tio, por muy tímido que fuera, la cama terminaba por cambiarlo.

A Oliver se le ocurrió una gamberrada. Para qué conformarse con un culito tan rico cuando podía tener los dos. Se colocó a cuatro patas junto a Carter y pusieron sus dos traseros a huevo para el follador. Dos culitos redondetes, maravillosos, todfos para él, con sus cuatro nalgas perfectas, dos rajitas cargadas de deseo juvenil. El orden natural de las cosas dictaba que Matheuz se la metería a Oliver, pero Matheuz le llevaba la delantera, a cabronazo no le ganaba nadie y propuso a Oliver tomar el relevo y follarse a Carter.

Cuando vio a Oliver meter su pija sin condón en el trasero de Carter, Matheuz sonrió travieso. Los dos amiguitos entre los que no había nada, follando. Lo que él quería ver y conseguir. Travesura realizada. Después de conseguirlo, ya sí Matheuz se agenció el culazo de Oliver invadiendo su ojete sin compasión. Le empotró, le perforó el agujero, le abrió de peirnas empujando fuerte sus muslos para evitar que las cerrara mientras le metía su larga pija hasta el fondo de esa mina de oro.

Demasiadas sensaciones y todas buenísimas, Oliver entró en un estado abrumador mirando el cuerpo de Matheuz abalanzado sobre él, folládole, su colega Carter meneándose la polla a toda hostia encima de él. Oliver sacó primero y lo hizo con un soberano hostiazo de leche que salió disparado de su polla salpicándole toda la jeta y dejándole flipado. Sólo entonces dirigió en un microsegundo como pudo su polla hacia el torso y se lanzó encima otros cinco trallazos cargados.

No paraba de salirle leche por la polla y la corrida estaba durando más de lo que acostumbraba al hacerse una paja. Aquello era delicioso. Carter se contagió del corridón, inclinó su rabo hacia el cuerpo de Oliver y se corrió encima de él soltándole otros cinco lefazos. Menudo lienzo estaban dejando. Matheuz le sacó la polla del culo y en lugar de lanzar directo, metió a Oliver una lluvia de lefa con perdigones que no sabía por dónde venían, mojándole la cara, el pelo, el cuerpo entero.

Por cosas como estas, uno no echaba tanto de menos que llegara el final del verano si lo que venía después era una vida cargada de placeres. Matheuz se largó con el rabo entre las piernas y la ropa en una mano tapando sus partes pudientes. Sonrieron al ver su culete perderse a través de la puerta de salida. Menudo follador. Ahora a ver cómo aclaraban Oliver y Carter al resto de amigos de la pandilla que entre ellos no había nada, si acababan de comerse las pollas y lo habían hecho juntos.

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