Jhon Whitex se folla el culazo del guapísimo Andrea Novak sin condón con su larga pollaza | Fucker Mate

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Había una cosa que Andrea Novak había aprendido a manejar cuando tenía delante de él a un hombre desnudo comiéndoselo a besos. Antes, el cien por cien de sus sentidos se enfocaban en el roce de los labios, el movimiento y la profundidad de la lengua, la mirada y la respiración del otro pegada a su cara, el roce de sus manos mientras le cogía del cuello, de las mejillas, para que no escapara.

Ahora Andrea había aprendido a controlar una pequeña parte de esos sentidos para no dar el cien por cien de su ser. Que Jhon Whitex le tenía muy cachondo, que era guapísimo y atractivo, que su bigotito al estilo italiano rozando el suyo le molaba demasiado, saltaba a la vista, pero su pirula era antológica. Se la agarró y no paró de masturbarla lenta y pausadamente, disfrutando de lo larga que la tenía, veintiún centímetros de placer todos para él.

Primero se la pasó hacia un lado, pajeándola y rozándola contra su cadera, luego la colocó entre los dos y hacia abajo, sintiendo el tacto del pene erecto sobre el suyo, luego hacia arriba. Como no podía ser de otra manera, terminó de rodillas comiéndosela a ese cabrón. Sus morritos empezaron a sudar de saliva a medida que iba comiendo rabo, sacándolo y metiéndolo entre sus labios, probando, con la ayuda de Jhon que le agarró por detrás del cuello, a tragar a fondo.

Morcillona y casi del todo dura, el pollón terminó de crecer del todo y ponerse durísimo como una roca, recto, firme y venoso, sobre esa carita guapa de Andrea, ese rostro enmarcado en su barbita y bigote, esos ojitos de cachorro que lo miraban desde abajo. El pirulón de Jhon alcanzó su mayor tamaño y Abdrea tuvo que apañárselas hasta con las dos manos y la boca para darle placer, lo que no impidió que le echase un par de huevos y se la tragara entera de lo mucho que le gustaban su forma y su tamaño.

Se lo llevó a la camita y le dejó chupársela un poco más. Luego le dio la vuelta y le comió el culete. Se quedaron un rato de rodillas, besándose, cerdeando, muriéndose por dar el siguiente paso que les llevaría a una aventura inolvidable. Jhon escupió en la boca a Andrea. Le gustaba ver la saliva mojando los pelitos de su bigote y su barba, sus morritos mojados. Andrea no pudo evitar coger de nuevo el pollón que le colgaba a Jhon entre las piernas, porque lo tenía enorme y bien largo.

Tras el tonteo, Andrea se dio la vuelta y le ofreció su culazo redondito y suave en bandeja. Miró hacia atrás para ver cómo Jhon se concentraba escupiéndose en los dedos de una mano, conduciéndolos hacia su rabo para lubricárselo. Tras un par de toques, Jhon se metió dentro de él sin condón y empezó a follárselo. Andrea flipó. Su mirada perdida, la boca abierta todo el rato, por la sorpresa, por el gusto que le estaba dando, pequeños gemidos descontrolados que nacían de su boca cuando Jhon le tocaba algún punto hacía tiempo inexplorado.

En cuanto se acostumbró, Andrea exigió más rabo culeando hacia atrás. Su valentía tuvo premio. Si Jhon había estado intentando controlarse, dejando el último tercio de su polla fuera del chaval, esta vez se lo folló a toda hostia metiéndosela entera. Ahora sí gritaba y gemía más de seguido el cabrón, ¿eh? Toma rabo. Mira que Andrea no solía rendirse fácilmente, pero acababan de empezar y ya estaba con el torso pegado a las sábanas, controlado por ese tio que ya estaba encima de él culeándole con todo el vicio, metiéndole la barra hasta los huevos, perforándole el agujero del culo a pelo y sin control.

Jhon estaba encantado con el tamaño de su rabo. Esos veintiún centímetros le permitían hacer exactamente eso, controlar a otro tio, metérsela sin parar, pudiendo sacar y meter a placer sin preocuparse de si se le salía. Ahora el que iba a sufrir iba a ser él. Andrea se sentó sobre sus piernas dispuesto a cabalgarle, pero en lugar de saltar y joderle la polla con el culo, le brindó un bailecito sexy con el pene dentro del agujero, sacándolo y metiéndolo, cocinándolo a fuego lento.

Miró a Andrea de arriba a abajo. Su carita guapa, su cuerpo bronceado y precioso, musculadito, su pene rozándole el estómago, ese culazo portentoso que tenía y que le estaba masturbando la polla. Tuvo que cerrar los ojos y respirar hondo más de una vez para calmar sus ganas de correrse en ese mismo momento. Andrea se dio la vuelta y siguió cabalgándolo, pero acabó tumbado con la espalda encima del torso de Jhon, que de nuevo había tomado el control culeándole desde abajo.

Andrea se tiró bocarriba sobre la cama, abriéndose de piernas. Jhon se fue con él y se puso encima. se encargó de abrirle más de piernas apretando la zona interior de sus muslos hacia afuera. El momento que Andrea eligió para correrse encima fue el mejor. Tenía a Jhon justo encima, besándole, su carita tan cerca, su aliento, su mirada fija en la suya. Se lo dio todo.

Jhon se la siguió metiendo un ratito más. Luego se tumbó en la cama y se la empezó a cascar. Andrea acercó su carita guapa y entonces no pudo resistirse. Una mueca de placer y media sonrisa se dibujaron en su cara a la vez que soltaba un chorrazo de esperma que viajó directo hacia la parte superior del pectoral derecho de Andrea, impregando sus pelitos con leche. A Andrea le gustó tanto que acercó la boca y rodeó con sus labios el cipote para chuparle todo lo que todavía quedaba por salir.

Sus labios vestidos de blanco, un chorrete que resbalaba por el rabo y que se apresuró a recoger. Miró de cerca ese pollón largo y duro y lo exprimió hasta sacarle la última gota. Se miró el pectoral con el pegote de lefa encima, encantado con que los hombres le dejaran así de sucio.

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@ fotos por Oscar Mishima

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