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Adam Franco lo goza follándose a pelo al chulazo guaperas de instituto JJ George | Lucas Entertainment

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A Adam Franco, entre otros muchos tipos de chicos, siempre le habían privado los chulitos de instituto, esos que lucían cuerpazo paseándose por las clases y pasillos con sus vaqueros ajustados y esas camisas que exaltaban sus fuertes biceps y pectorales, los que hacían babear en los vestuarios cuando recién se metían o salían de las duchas con la toalla anudada a la cintura y ese torso musculoso marcando six-pack.

A veces les veía como un imposible, lejanos, prefiriendo más las almejas que la butifarra, pero si lo intentaba, sabiendo que a muchos de ellos en la intimidad les iban los daddies, podría conseguirlo. JJ George era un caramelito que llevaba tiempo persiguiendo. Ojazos azules, pelazo, ese aire de triunfador y chulazo. Incontables la de veces que se pajeó cerrando los ojos, pensando en él, en lo blandito que tendría el culo, en su carita guapa comiéndole la polla. No tardaba ni dos minutos en correrse.

Se hizo su amigo y tras varias semanas, mientras estaban hablando tranquilamente en el sofá, él se le puso de lado y le robó un beso. Antes de que se arrepintiera, Franco aprovechó el momento de lo que fuera que le estaba pasando a ese muchcacho por la cabeza, pasó un brazo por el cabecero del sofá por detrás de sus hombros y le deolvió el beso con creces, enseñándole apenas un atisbo de lo bien que podían pasarlo.

Para su sorpresa, el chaval empezó a desnudarse. Estaba muy caliente y también muy bueno. Se lo quitó todo y por primera vez le pudo ver la polla dura y tiesa, con los huevos colgando. La tenía muy larga y bonita, venosa, descapullada, algo raro hoy día en chavales de su edad, por lo menos a los que él conocía. Supuso que un chico así necesitaba desfogar. Justo iba a darse la vuelta cuando de repente JJ se le adelantó y se puso a cuatrom patas en el sofá ofreciéndole su culito joven y redondito, irresistible.

Adam se quitó de encima lo poco que le quedaba de ropa y a riesgo de meterla y poder correrse al instante de lo mucho que había deseado ese momento, le reventó el culo con una buena follada. Ese cabroncete la gozó y además se revolvía en su sitio meneando el pandero hacia adelante y atrás, buscando que le metiera más rabo y le diera más duro. Adam le dio todo lo que tenía. Le encantó ver su leche regodeándose por las pelotas y las nalgas del chaval. Sería su pequeño secreto.

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