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Joey Mills consigue que Finn Harding y Troye Dean hagan un trío con él, que se lo follen a pelo y le entreguen toda su leche | MEN

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Lo había intentado muchas veces ya en diferentes situaciones, hasta cuando llevaban encima una copa de más, pero Joey Mills nunca había conseguido que Finn Harding y Troye Dean hicieran un trío con él. Esa noche estaba dispuesto a conseguirlo fuera como fuese, porque tenía el culo ardiendo y necesitaba un rabo a toda costa.

Como si fuera un niño pequeño que pasa miedo en su cama, se metió entre medias de los dos a la hora de dormir. Estaba claro que si intentaba convencerles en pareja, siempre saldría perdiendo. Tendría que buscar el momento y la manera de seducirles uno a uno y ya lo tenía claro. Justo antes del amanecer, cuando todos los tios están empalmados, en mitad de un sueño húmedo, ningún hombre podría resistirse a que le hicieran una buena mamada.

Finn se despertó antes de que pudiera rozarle siquiera la pija. Tuvo que taparle la boca para que no despertara a Troye, que seguía durmiendo y con el antifaz puesto. Después de eso todo salió a pedir de boca. Finn se relajó, se bajó los calzones dejando al aire su larga y preciosa pija bien tiesa y se abrió un poquito de piernas para dejar caer sus huevos entre los muslos y que Joey se la comiera.

El zagal la cogió por la base, la enderezó y se metió la pipa por la boca amasándola entre sus labios. Era enorme y estaba bien rica. A medida que Joey le metía unos delicisos cabezazos, Finn se fue relajando cada vez más. Ahora estaba tumbado en su cama a cuerpo de rey, dejando a la vista su musculatura, su cuerpo atlético y sus sobacos bien peludos.

A Joey no sólo le gustaba chupar y succionar esa pollaza, sino que tuvo tiempo de jugar con ella, haciendo que le inflara los mofletes, mamándosela de lado y haciendo que la pija empujara sus carrillos hacia afuera. El sabor a precum le estaba empezando a excitar, a poner muy cachondo. Abrió la boca a tope y se la coló por la garganta, provocando que Finn se retorciera sobre la cama empujando con el culete hacia atrás.

Esa tragada de garganta profunda le había hecho soltar un buen gemido, tan alto que Troye casi se despertó. Finn no quería que acabara esa pequeña fiesta improvisada, así que agarró la manta y se la puso por encima a Joey para taparle. El morbo estaba servido. Parecía como si hacer ese tipo de guarradas debajo de las sábanas fuera un pecado revelador que conseguía ponerle a uno más cachondo todavía.

Debajo de las sábanas todo era intimidad, secretos y fantasía, como si cualquier cosa imaginable pudiera suceder ahí debajo. Joey sabía lo excitante que era ese momento. Agarró los calzones de Finn, se los puso pegados a la polla y empezó a pajearle fuerte y duro hasta que se corrió y dejó todos los gayumbos llenos de leche. «Te lo dije«, le soltó Joey, haciéndole ver todo lo que los dos se habían perdido por no querer hacer un trío con él. Y eso que tan solo había sido una mamada.

Joey salió corriendo de la habitación y Finn detrás de él. Troye se despertó y descubrió que Finn se había hecho una paja. Su mano sobó la parte mojada que se le quedó llena de semen. Un rato de diversión sin él era algo impensable. Salió en su busca y lo encontró en una de las habitaciónes, con la manta echada por encima, a cuatro patas y con el culo preparado para que se lo follara.

No era su estilo, pensó Troye. Finn era el que siempre la metía, pero por supuesto Troye no se iba a dedicar a hacer preguntas cuando por fin Finn se había decidido a abrir su puerta de atrás. Le metió la polla sin condón gozándola como un perro. No imaginaba ni por asomo que al que se la estaba metiendo era a Joey, que al notar esa polla larga y gruesa se le erizaron todos los pelos del gusto.

Intentó contener los gemidos tapándose a sí mismo la boca. Cualqueir sonido, dado que Finn tenía la voz más profunda que la suya, podía hacer que Troye dejara de penetrarle con esa porra. Era cuestión de tiempo que Finn les encontrara en plena faena. Retiró la manta y los secretos quedaron al descubierto. Intentó echarlo de la habitación, lo empujó sobre la cama, pero al verle ahí tirado, con sus calzones mojados en la boca y abierto de piernas con ese culito tan tierno, ninguno de los dos pudo resistirse.

Se dijeron que sería sólo por esa vez. Joey se agachó arrodillándose entre los dos y empezó a adorarles las pijas. La de Finn volvía a estar lista, larguísima, con el capuchón puesto, una buena butifarra. Troye la tenía durísima y bien gorda apuntando hacia arriba, con el cipote a punto de reventar. No obstante acababa de penetrarle el ojete.

Se las chupó tan bien que cuando tenía una dentro de la boca, el otro le buscaba dándole una paliza con la polla sobre el hombro o sobre la cara o meneándola como Finn, de lado a lado, haciendo alarde de lo larga que la tenía. La parejita se había puesto cachonda y necesitaba follar. Joey le sdejó su espacio pero participando, calentando. Ese sería su papel de momento. Mamó le rabo de Troye mientras este cabalgaba la pija de Finn, les sobó las pollas y las pelotas bien colgantes.

Esperó su momento. Se echó sobre la cama, se abrió de piernas y entonces llegó su momento. El soñado trío estaba a punto de suceder. Troye se arrodilló sobre su cabeza y le metió la polla por la boca. Finn acercó su culete hacia el borde de la cama, apoyó una pierna en el colchón y le penetró a pelo sumergiendo esa larga pija por el interior de su ano.

Follado por los dos agujeros Joey estaba en su salsa, sintiendo las pelotas de uno impactando contra sus mejillas y las del otro sobre la parte más sensible entre sus nalgas. Escuchó sus gemidos, sintió la potencia de sus rabos y cómo se propasaban con él. Le encantaba. Si nos les había quedado claro que juntos podrían hacer unos tríos estupendos cada mañana y cada noche, cuando quisieran, estaban a punto de saberlo.

Joey se puso a cuatro patas. Su culito apretado de apariencia virginal fue objetivo de Troye, que se lanzó a penetrarlo. A su vez, Finn acudió detrás de Troye y le clavó la pija. Uno de los principales atractivos de ser tres es que podías montarte un círculo de mamadas sobre la cama o ese magnífico trenecito. Todo eran ventajas. Troye se encontró en la mayor encrucijada de su vida. Si empujaba hacia adelante se encontraba con la resistencia del apretado ano de Joey y si retrocedía hacia atrás, estaba Finn esperándole para meterle una buena estocada por le culo. Hiciera lo que hiciera iba a darle gusto sin descanso, así que redujo una marcha y se dedicó a disfrutar de cada centímetro de placer.

Para qué coger unos calzones o papel del baño cuando tenías un buen cerdete al que le gustaba recibir toda la lefa. Joey estaba ansioso por probar más leche. Se tumbó en la cama con la cabeza en el borde, la boca bien abierta y la lengua por fuera. Troye se colocó de pie sobre su cabeza y se la empezó a pelar. Se la metió casi toda por la boca, obligándole a cerrarla y a hacer pucheros. Finn, que le estaba agarrando por el cuello, se llevó un buen lefazo en la mano también.

Entonces Finn cogió a su chico y se lo folló en la cama como un misionero. Joey se apartó apoyado sobre le cabecero, pajeándose mientras miraba a esos dos follar, con los morros llenos de leche. Finn le sacó la pija dle culo y como un buen tirador plantó los pies en el suelo, se puso recto, agarró su larga picha con la mano dispuesto a no dejar pollo con cabeza y disparó todo su semen metiendo a Troye una ducha de esperma.

Joey se estremeció de placer contemplando todos esos lechazos que salían disparados. Algo hizo click en su cabeza. Sentía el olor a semen en sus napias, abría los labios y podía notar los colgajos de lefa separándose entre ellos, como miel. Todo le venía a favor, lo que olía, lo que sentía y lo que veía. Cerró los ojos y disfrutó de su propia paja. Lo que quedaba de noche, le dejaron dormir entre los dos.

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