Diego Sans bautiza a Matthew Cooper con una buena follada a pelo y una buena dosis de esperma | Cocky Boys

Joder, se suponía que era él quien tenía el control de la situación, pero Diego Sans tuvo que reconocer que se le fue de las manos y que la atracción que el jovencito Matthew Cooper sentía por él iba más allá de todo lo imaginable. Diego estaba sentado al borde de la cama y ese cabrón, de rodillas detrás, de él, le abrazó y empezó a seducirlo mirándole con esos ojazos azul marino mientras le amasaba el paquete por delante a dos manos frotándoselo con ganas, deseándolo.

A Diego se le puso el palo bien duro y en cuanto Matthew lo notó en las manos, le bajó los calzones, le tumbó sobre el colchón, se inclinó hacia adelante y empezó a mamársela sin dejar de mirarle. Los dos se dieron rabo. Matthew estaba en la postura perfecta para que Diego le cogiera, pusiera la cabeza entre sus piernas y le devorara toda la tranca. La tenía bien gorda y con unos pedazo huevos impresionantes.

Se tenían muchas ganas y se atragantaron con los rabos dentro de sus bocas, dándose más fuerte, intentando introducirlos más hasta el fondo a cada chupadita. Diego estaba en la gloria, con la cabeza metida entre las piernas del chavalín, admirando la raja de su precioso culo, dejándose penetrar la boca por esa cachiporra, sintiendo el calor de unas buenas pelotas aplastadas contra su bigote.

Matthew resultó ser un auténtico vicioso y un mejor jinete. Diego no se tuvo ni que mover, el zagal era puro nervio y tan pronto tenía la cara roja como un tomate metiéndose la polla hasta el gaznate, como introduciendo a pelo la pirula larga de Diego por su apretado agujerito del culo, saltando con garbo, estampando su polla bien gorda y alegre contra los abdominales de Diego, fostiándoselos a pollazos y a huevazos también, toda esa dote ahí, campando a sus anchas bien alegre, haciendo que Diego tuviera que mirar hacia otro lado para contener la corrida por lo mucho que le gustaba lo que estaba viendo.

Eran pocos los momentos en los que Matthew paraba y entonces Diego aprovechaba para culearle desde abajo e introducirle toda su parga pija por el ano, bien metida, toda a pelo. Se dio el gusto de darle por detrás, de cobijar ese culazo tragón entre sus muslos y amarle con locura. Le puso tumbadito bocarriba, admirando su musculatura y se folló a esa bestia. Le hizo la cucharita por detrás y le sacó la polla justo a tiempo para liberar unos buenos lechazos que mojaron las sábanas.

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