Josh se folla el culazo redondito y blanco de Justin sin condón en la habitación del hotel | Sean Cody

Ojos que no ven, manos que más sienten. Justin llega todo cachondo a la habitación del hotel. Acaba de ver un show de strippers con bombonazos que le han dejado más caliente que un puro cubano encendido a sol. Hacerse en ese momento una paja le hubiera sabido a poco, así que ha preferido ponerse una venda en los ojos, imaginando que sus manos no son suyas, que otro hombre está tocando su cuerpo.

Dejarse la puerta abierta en un hotel lleno de tios hambrientos de rabo a esas horas de madrugada siempre te asegura que alguno se va a colar dentro. Josh ya le había echado el ojo y le había seguido sigilosamente hasta la habitación mientras veían el espectáculo y miraba cómo se estaba tocando al ver a los chicos en el escenario. Ahora la soledad se ha convertido en compañía y Justin tiene otra boca que besar, otro cuerpo que tocar, otra polla que masturbar.

Todavía con la venda en los ojos y después de meneársela un rato, se inclina y se la mete dentro de la boca. Josh la tiene durísima y enseguida ese tremendo lapicero le engaña con su tamaño, porque es ligeramente más fina hacia la punta que en la base y eso le hace empezar a tragar con cierta soltura hasta que se ve obligado a abrir la boca a tope para conseguir tragarse semejante rabaco.

Le deja la polla cubierta de saliva. Está muy caliente y por lo poco que conoce a ese tio, lo único que sabe de cierto es que quiere ofrecerle su culo para que se lo folle a pelo. Le encanta que Josh sea tan decidido y atrevido, cogiéndole con fuerza y haciéndole ponerse a cuatro patas, la rapidez con la que le tira de la goma de los calzones para descubrir su redondito culazo blanco, esos toquecitos previos del rabo azotando la raja del culo y finalmente la forma en la que le penetra a traición el ojete.

Justin tiene un culo que engancha, que apetece follar a cualquier hora. Lo sabe y se aprovecha de ello haciendo que sus machos se vuelvan locos mirando cómo sus largas y potentes pijas se hunden dentro de él, esas manazas grandes que no pueden evitar agarrar sus nalgas y sobarlas como un hetero haría con un par de melones de una tía pechugona.

Desplegando la fuerza de su polla dentro del agujero, Josh reconoce el terreno lentamente, pero enseguida le pilla el ritmo y le mete una paliza de pollazos hasta casi tumbarse encima de Justin, que se rinde ante el cuerpazo y la pasión de Josh, ahora con el torso apoyado en su espalda y sus muslos abriéndole de piernas. Si Justin creía que podía haber algo más intenso, cuando Josh le retyira la venda de los ojos, descubre que la realidad es mucho mejor de lo que él imaginó en su cabeza.

Nada más verle, se le vienen a la cabeza los chulazos del escenario en el show. Josh no tiene nada que envidiarle a ninguno de ellos. Atractivo, cachas y buen follador. Y además, degustador de rabos. Justin no le dice que no cuando por un momento sale del interior de su cuerpo y se inclina para mamársela. Por poco tiempo. Enseguida Justis vuelve a abrirse de piernas y deja pasar a ese chulito con su pija dura.

Lo mejor es que ahora no sólo puede sentirle, sino que además puede disfrutar de su cara y de todo su cuerpo en acción, metiéndole una tremenda follada. En cuanto se agarra la polla para hacerse una paja, no puede parar y termina corriéndose en tanta abundancia que él mismo se sorprende. Justin no sabía que tenía tanta carga de leche en las bolas como para dejarse el torso cubierto de lefa.

Al ver ese espectáculo, Josh no se puede contener, le saca el rabo del culo y se corre encima propinándole otra estupenda ducha de esperma. Con el tiro que tienen entre los dos, casi apagan las velas que hay en la mesilla de al lado.

No pasa ni el cuarto de hora de rigor en el que se calcula que un hombre vuelve a estar preparado física y mentalmente para un nuevo asalto, que los dos vuelven a la carga. Justin pone caliente a Josh sentándose encima de su cara, depositando la raja de su trasero en los morros. Mira hacia atrás y en cuanto ve que Josh la vuelve a tener completamente dura, se tumba sobre él, le coge la polla y la conduce hacia el interior del agujero para que lo remate por segunda vez.

Le monta, le vuelve a llenar los huevos de leche. Le mira fijamente y se enamora, tanto que desea que ese hombre no salga jamás de su interior. Se pone a cuatro patas y deja que tome el mando dándole por culo. Ahora las nalgas de Justin han dejado de ser blancas, porque tienen impresas las marcas rojizas de las manos de Josh encima, las manos del que ahora es su dueño.

Le hace sudar y gemir como un animal hasta que nuevamente Josh saca el rabo y se corre encima de su culo y su espalda metiéndole otra descarga de abundante lefa. Tan agradable como la follada es lo que viene después, con Josh tumbándose recién corrido y todo cariñoso encima de su cuerpo. Justin puede sentir todavía su polla erecta rebozándose por encima de sus glúteos, ahora resbaladiza.

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