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Elian se folla sin condón el culazo de Roman con su gran polla y le suelta un alucinante lefazo dejándole la gomina en el pelo | Corbin Fisher

Elian & Roman Havana Good Time

Vaya lengüecita tenía Roman y qué bien sabía moverla. Se ve que percibió el cuerpazo musculoso de Elian como un plato de comida y en cuanto el tio se sacó la camiseta, él se lanzó a por uno de sus pezones acariciándoselo con la punta. Uff, si le hacía lo mismo en la raja del cipote cuando tuviera su pene delante, se iba a volver loquito.

Parecía sediento. No contento con una tetilla, se fue hacia la otra. Elian le empujó la cabeza hacia abajo, estaba deseando ver qué podía hacer el chaval con su polla dentro de esa boca juguetona. Roman se quedó lamiéndo los duros abdominales de Elian, que poco a poco se fue quitando más ropa hasta quedarse en calzones tumbado sobre la cama.

Llevaba unos gayumbos holgados por la huevera, unos blancos que simulaban ser unos abanderados de toda la vida, pero no podía esconder la atracción que sentía por Roman. Tenía la picha bien tiesa y Roman se apresuró a descubrirla. Gordísima, grande y dura como una estaca, se la enderezó hacia arriba y se la empezó a mamar. Se envalentonó y se metió en la boca más de lo que podía, pero ya era tarde para retirarse, así que abrió la boca y condujo ese pollón hasta el mismísimo fondo de su garganta.

A Elian se le dibujó una media sonrisa de gusto en la cara al sentirla tan apretadita. Se sacó los calzones del todo y Roman hizo lo mismo antes de seguir chupándosela. La mirada de Elian iba una y otra vez directa al rabo de Roman, maravillado por lo larga que la tenía. Roman, que se dio cuenta de cómo se la miraba, le pilló en un renuncio, le agarró por los muslos, le atrajo hacia él, le abrió de piernas y empezó a comerle los huevos y el agujero del culo.

Elian había tenido claro todo el rato que él iba a ser el rompe culos, pero ahora ya no las tenía todas consigo, porque ese cabroncete se lo estaba currando tela. Cuando Roman acudió de nuevo a chupar polla, se la encontró casi el doble de grande e igual de dura. Disfrutó como un enano entre las piernas de ese macho musculoso y guapo, comiéndole todo el rabo, succionando sus enormes bolas y metiendo la lengua en las profundidades de su ojete.

Sí, lo estaba haciendo genial, pero Elian necesitaba metérsela ya. Le colocó en una postura que le ponía super cachondo. Tumbado bocabajo en la cama pero con las rodillas ligeramente flexionadas para poner el culo en pompa. Elian colocó la rodilla derecha entre sus piernas, pasó la otra pierna por encima de su espalda y le agujereó desde arriba hundiendo su polla desnuda dentro del culo.

Redondito, más blanco que el resto de su cuerpo y algo peludete, le apasionaba la forma en que su polla entraba a pelo dentro de él, calzando a la perfección, quizá algo ajustada por lo gorda que la tenía. Elian no se olvidó del pedazo de rabo de Roman. Pasó una mano entre sus piernas, se lo cogió y lo dejó reposar todo lo largo que era encima del colchón. Nunca estaba de más admirar una buena verga mientras follabas.

Pies con pies, muslos con muslos, pecho contra espalda, Elian se tumbó encima de Roman protegiéndolo con su cuerpo entero y le metió una batida de pollazos haciéndolo suyo. A Roman le excitaba sentirlo tan cerca, el calor de su cuerpo encima de él, su respiración agitaba, poder girar la cabeza y encontrarse con su cara de cabrón vicioso, con su mirada, con las sucias palabras guarras que le susurraba mientras le empalaba con esa polla hecha para amar a los hombres.

Qué muslos y qué culazo tenía el cabrón, bien poderosos, unos a los que ningún tio podía resistirse. Puro semental. Elian le separó de las sábanas, le puso de lado y se lo siguió follando, siempre bien pegado y abrazado a su cuerpo, colmándole de besitos, dejando que escuchase sus gemidos para que supiera lo mucho que le gustaba que le dejase entrar dentro de él.

Era la segunda vez que Roman enderezaba la polla de Elian. Esta vez lo hizo para sentarse encima, dándole la espalda. Menuda tranca gorda y grande. Hasta ahora apenas había decidido cuánto trozo de ese embutido se metía dentro, pero en ese momento era él el que manejaba el joystick a su antojo pajeándolo con el culo. Terminó saltando, dejando que su rabo saltase arriba y abajo, estampándose contra su vientre una y otra vez, descontrolado.

Ningún otro tio le daba tanto placer en la cama. Se hizo un ovillo poniendo el culete al borde de la cama y elevando las rodillas al pecho para que Elian se la metiera de pie. Cuanto más miraba a ese bellezón, más se le nublaba la vista. Madre mía, qué cuerpazo. Qué pectorales tan bien definidos, qué abdominales. Esa tranca que de vez en cuando dejaba escapar del interior del culo y saltaba hacia arriba gorda y mojada. Le estaba poniendo tontorrón.

Se calzó una paja en su honor por estar tan rico. Los primeros lefotes le pringaron le puño, luego salieron un par más pringándole los pelos de la polla y el resto desfilaron a chorrazos sobre su cuerpo. Y mientras todavía se estaba corriendo, Elian acudió con la mano a frotarle la corrida por encima como si fuera crema para el sol. Le siguió penetrando hasta que le vino el gustillo.

Sacó el duro y grueso pene del agujero, se inclinó un poco apoyando una mano en el muslo de Roman, dejando la distancia justa entre su capullo y el culete y se la peló a toda hostia hasta que le salió todo el caldo, estampando los abundantes y lechosos lefazos en toda la raja. El primero encajó perfecto, el segundo directo al ojete, entonces el tercero se descontroló y salió pitando hacia arriba, mojando el cuerpo de Roman, más allá de su cabeza, dejándole la gomina en un lateral del pelo y haciendo que Roman sonriera de alegría por esa inesperada sorpresa.

Le dejó el culo lleno de esperma, con los pelitos llenos de gotitas de semen, se la coló de nuevo dentro del agujero y se abalanzó hacia él para morrearle y calmar esa energía post coito que llevaba contenida. Elian se dejó caer rendido al otro lado de la cama, todavía con la polla mojada y empalmada. Miró el lateral de la cabeza de Roman y el rastro de leche que le había dejado encima y más allá de las sábanas. Roman le cogió toda la minga y se la meneó, alabando la potencia de ese rabaco cargadito de amor.

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