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Dani Robles mama y cabalga a pelo el enorme y gordo pollón de Joe Gillis en el concesionario | Men At Play

Extra Parts

Menudo buga se iba a llevar Joe Gillis. Era cierto eso de que un hombre se siente más poderoso al volante de un buen bólido. Aunque ellas digan de boquilla que el tamaño no importa y tal, a nosotros nos gusta todo a lo grande. Pues con ese cochazo, Joe iba a poder montar unas buenas fiestas en los asientos de atrás o recibir unas buenas mamadas en lo de delante.

Fue de ese tipo de guarradas de lo que habló con el jefazo del concesionario Dani Robles mientras le firmaba los papeles y cuando le enseñaba algunos neumáticos extra para llevarse como regalo. El gesto de Dani con el puño apretado, llevándoselo a la boca y simulando que tenía una polla dentro empujando el moflete con la lengua, unido a lo cachondo que se ponía Joe en algo parecido a un taller mecánico y lo bueno que estaba Dani, le llevó a trempar sin poder evitarlo.

Como para no ver la pedazo polla que empujaba rabiando por salir de los pantalones, Dani aprovechó que estaban entre hombres para sellar un segundo acuerdo cuya firma todavía estaba por ver si se quedaba encima de su cara o en su trasero. De momento se arrodilló, perfiló con la lengua todo el contorno de la barra que dibujaba la enorme polla de Joe por debajo de los pantalones, se la sacó por la bragueta y empezó a mamarle a trangullones ese pollón enorme y grueso.

Dani tenía la cara roja de tanto tragar, intentando contener las lágrimas que se le salían cuando la polla le atravesaba la garganta y se quedaba sin respiración durante unos segundos. Estaba tan acostumbrado a relacionar la cara de un tio con el coche que se llevaba del concesionario, imaginando después le tamaño de su polla, que con ese no había calculado ni medianamente bien, porque iba muy bien armado, más de lo que esperaba.

Sí, el neumático que ahora tenía Dani delante de él, iba de regalo, pero también su culo grandote, redondito y tatuado. Se le puso cara de cerdaco y se le fue la vista durante un momento, cuando Joe le penetró el agujero con fuerza, a lo bruto, metiéndosela entera, batiendo los huevos sobre sus nalgas. Si la máxima de un comercio es que el cliente se fuera satisfecho, los clientes de Dani eran los más satisfechos del mundo.

Sin condones, sin lubricante a mano más que el que se usaba para los automóviles, Dani propuso a Joe ir a la zona de pruebas, donde había unos asientos simulando los de un coche, haciéndole ver lo mucho que iba a disfrutar de ahora en adelante de sus asientos traseros. Dani se inclinó para chupársela y después se sentó sobre sus piernas metiéndose su enorme polla caliente por el culo.

No paró de saltar encima de su verga, dándole la espalda, dejando que Joe le susurrara gemidos en el cuello, por delante mirándose cara a cara. Si Dani había flipado con el tamaño de la polla de Joe, ahora era el turno de Joe para flipar con los disparos de Dani, unos trallazos de lefa que parecían no acabar nunca, que le hicieron imaginar la central lechera que ese cabronazo debía tener en los huevos.

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