Andrea Suarez y Vicious Men se follan en la oficina sin condones | Men At Play

Month End Accounting

A final de mes llegaba siempre ese momento en el que las cuentas no cuadraban y había que tirar de una cantidad casi infinita de informes y carpetas. Por las mañanas todo se hacía más llevadero, pero a medida que pasaba el día, las horas transcurrían lenta e inexorablemente. Vista cansada, agotamiento. Andrea Suarez, el más jovencito de la oficina, no podía parar de pensar en la fiesta que se estarían montando sus colegas, seguramente bebiendo cervezas y viendo una porno un viernes por la noche y mientras él allí, entre papeles.

Miró a su compi de curro Vicious Men y sus ojazos azules le cautivaron. Algo entre las piernas se le infló. No pocas eran las veces que pensaba en un daddy y ese tenía una pintaca empotrador que lo flipas. Desconocía por qué no se había fijado en él antes, pero ahora no podía pensar en otra cosa que no fuera en cómo tendría el culo y la polla. Seguramente bien grande y gruesa.

Con el desparpajo que le caracterizada y la poca vergüenza, razón por la que se había ganado un puesto fijo, propuso al papi tomar un descanso, y no precisamente de los de ir a tomar algo a la sala del café. Cuando Andrea se puso detrás de la silla de la oficina donde Vicious estaba sentado y comenzó a acariciar su fornido cuerpo por encima de la camisa, dejó claras sus intenciones.

Vicious se resistió, pero poquito, que para eso era hombre de familia y eso de echar canas al aire debería ser para él cosa del pasado. Cuando dejó de resistirse, corrió hacia abajo la cremallera del pantalón de Andrea, le sacó el rabo largo y se lo empezó a mamar. Consciente de que resultaba la mar de atractivo a sus compañeros de oficina, Andrea se bajó los pantalones y dejó a la vista su hermoso culazo, ese con el que muchos soñaban poseer cuando se inclinaba hacia algún archivador y las miradas de reojo le follaban vivo.

Vicious no se andó con miramientos. Después de abrazarle por detrás, rebozar su paquete duro y empoderado por sus nalgas para hacerle saber quién era el macho y gemir cerca de su oreja, se agachó, plantó las manos en sus cachas y se las separó descubriendo el ojete de las maravillas, la cueva de saliba va. Como si fueran un par de tetas, hundió los morros en la raja y cabeceó rápidamente de lado a lado haciendo que esas nalgas se bamboleasen como flanes.

Sin quitarse los pantalones, se levantó, se sacó la chorra gorda y se la clavó a pelo por el culo. No contaba con que un rato después el chaval le iba a domar a él y le iba a gustar tanto sentir un buen palo largo y duro más joven que el suyo instalarse entre sus piernas en el interior de su cuerpo y restregarse por sus desconocidas profundidades. Se mordió el puño aguantando las embestidas de ese cabroncete conquistador e incluso se sentó sobre sus piernas cabalgándole, batiendo su gordísima y varonil polla al viento hasta correrse de gusto.

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