Jonas Jackson empotra el culito virginal y redondito de Johnny Rapid y se deja follar y lefar la cara por el zagal | MEN

A Tale Of Two Cock Destroyers Episode 3

Todo el mundo sabe que en la guerra, como en el ajedrez, hay que hacer sacrificios para ganar. Lo sabía hasta la Suprema Destructora de Pollas Sophie. Tenía entre sus filas a un chico al que no quería meter en esta encarnizada lucha contra la otra zorra de Rebecca More, pero viendo cómo se estaba poniendo la situación, no le quedaba más remedio que ponerlo en juego y arriesgar su preciada virginidad.

Miró al jovencito Johnny Rapid. Le hizo bajarse los pantalones. Observó su culito prieto, sobresaliente y redondito, su cuerpecito tan manejable por cualquiera de esos hombres deseosos por meterla en cualquier agujero, su linda polla semi erecta y a punto estuvo de cambiar de opinión, pero estaba segurísima de que con esta pieza sería capaz de ganar la guerra.

Lo que ni Sophie ni Rebecca sabían era que en su batalla los únicos que disfrutaban eran los hombres, tanto los que se follaban a sus chavales como los propios chicos, que conspiraban a sus espaldas contándose las estrategias e intimidades. Ty Mitchell les contó con todo tipo de detalles a Johnny y Joey Mills cómo JJ Knight le había metido la polla hasta los huevos y Joey se encargó de relatar su pasional encuentro con Leander.

La siguiente pieza del juego era el caballero Jonas Jackson, un tio con apariencia de mediana edad y de madurito atractivo. Sophie creía que el culito de Johnny era virgen, pero no conocía nada de él, de su pasado por las calles y tabernas comiendo pollas, dejándose follar por esos putos borrachos en cualquier lugar de mala muerte. Ahora tenía que ser buen chico y al menos fingir que ese hombre con el que se estaba desnudando mutuamente en la habitación iba a ser el primero en metérsela.

No iba a tener que fingir mucho, sólo hasta que se la introdujera por el culo unas cuantas veces. Después ya podría disfrutar como siempre de un tiarrón poseyendo su trasero. Se hizo el tímido, como si nunca otro hombre le hubiera visto desnudo, como si él tampoco hubiera visto a otro antes, como si esa que Jonas tenía entre las piernas, fuera la primera polla que se fuera a comer en su vida. Eso ponía a los tios bien cachondos y lo sabía.

Se metió el pollón dentro de la boca y chupó intentando ser un novicio, pero ese grosor, el rabo que no paraba de crecer a lo largo dentro de su boca, las venas hinchadas que rodeaban el tronco del pollón, enseguida sacaron su vena de mamador auténtico que hacía que necesitara meterse la polla hasta el fondo de la garganta, depositando los labios en los huevos de aquel campeón.

Mirar hacia arriba, ver a ese tiarrón con pelo en el torso, tan masculino, esos pectorales prominentes, trabajados y fuertes, cómo se le marcaban los abdominales, todo eso incitó a Johnny a chupar con más ganas, cabecear como una buena puta y dejarle el sable embadurnado con todas sus babas.

Por lo normal, cuando se levantaba después de comer una polla, los tios le ponían a cuatro patas para follárselo. Le sorprendió que Jonas no lo hiciera, que se arrodillara con la intención de comerle el rabo. Jonas le cogió con una mano las pelotas formando un cuenco, con la otra le levantó la picha amorcillada para despegarla de los cojones, se la miró un rato apreciando todas sus bondades y comenzó a mamársela.

El tio lo hacía lento pero apretando los labios con fuerza en torno al rabo, lo que hizo que a Johnny se le pusiera bien firme la varita mágica en cuestión de segundos, con su precioso pollón duro como una roca formando un ñangulo casi recto hacia arriba. Mamada, sonrisas, pajeo, Jonas hasta dejó la polla del chaval entre esos pectorales de ensueño que sabía que gustaban tantísimo a la chavalería, sobre todo a los más mimados que acostumbraban a recibir una cubana de Rebecca o Sophie antes de irse a la cama, dejando que los chicos a su cargo se corrieran entre sus tetas.

Le llevó hasta una silla frente a la cama. Allí le hizo ponerse de rodillas dando la espalda. Jonas se puso a un lado, contemplando la maravilla de ese culazo blanquito, suave, redondo y virginal. Desvirgar a un cachorro siempre era algo único y especial. Se tomó su tiempo, no mucho, para posar sus manos sobre las nalgas y frotarlas. Se puso detrás de Johnny y de una certera enculada le encajó la polla entera sintiendo un gusto indescriptible que casi le hace correrse.

Johnny hizo lo que tenía que hacer, gemir como una putilla joven a la que se la metían por primera vez, hacerse el estrecho cerrando el ojete en banda para que ese machote notara toda la presión sobre su gorda polla y le costase meterla. Después de unas cuantas penetraciones, relajó el esfínter y disfrutó de las arremetidas de ese cabroncete pollón.

Mientras le daba bien por el culo, Jonas se fijó en el firme trasero del chaval, en la diferencia de tamaño con  respecto al suyo. Un culazo que cabía entre las dos palmas de su mano, manejable y redondito, perfecto. Era casi indecente aquel abuso de poder, todo un hombre como él jodiendo a un chavalín. Enseguida se le fue el remordimiento de la cabeza cuando se tumbó en la cama y ese zagal inocente empezó a montarle masturbándole la polla con el culo.

Jonas apalancó los pies en el colchón, dobló las rodillas y se hizo cargo de ese hombrecito recién desvirgado, enculándole con rapidez desde abajo, metiéndosela con tanta fuerza y podería que Johnny tuvo que agarrarse a la barandilla del cabecero de la cama para aguantar las embestidas.

Hasta ahí bien. A Johnny le había salido la jugada perfecta, aparentando ser un chico virgen para después poder ser él mismo, pero entonces ocurrió algo que rompió sus esquemas. Jonas se puso a cuatro patas sobre la cama dándole la espalda. De repente Johnny tenía frente a él el culazo de un macho. A ver, no era tonto y sabía perfectamente lo que ese tio quería de él, pero nunca le habían pedido aquello. Aquí ya sí que no había ni trampa de cartón, cierto era que se iba a desvirgar, pero de una forma que no había probado antes, siendo él quien metiera la polla.

Miró ese culazo grandote, se puso de rodillas detrás de él, se cogió la polla con una mano buscando el agujero y se la metió con mucho gusto, enterita, hasta que el culazo chocó contra sus caderas y empezó a moverse como un suculento flan ante sus embestidas. Joder, pensó Johnny cuando ese tio gemía con su polla dentro, al final lo dar por culo no estaba ni tan mal. Todo sería probarlo también con el resto de chavales, con Ty y Joey.

Le penetró el culazo pensando en las diferentes formas en que los borrachos de las tabernas se la habían metido a él cuando le llevaban a las habitaciones de arriba. Que estuvieran bebidos no implicaba que esos salvajes no le hubieran dado caña de la buena y lo hubiera disfrutado. Jonas lo disfrutó. Jhonny sabía que el que hubiera existido aquella follada reversa no podía salir de ahí, que muchos caballeros eran muy reticentes a que su masculinidad se pusiera en entredicho por haber abierto su puerta trasera a otros hombres, aunque al final todos lo hicieran y explorasen su lado oculto.

Puso a Jonas bocarriba y se lo folló mientras el cabrón se granjeaba una pajilla. El tio echó la cabeza hacia atrás, cerró los ojos y cada vez se pajeaba más rápido, hasta que gimió de forma apagada y la leche empezó a manchar su barriga. Seguía corriéndose, seguía pajeándose y Jonas seguía pidiendo a Johnny que se lo follara. El placer de correrse con una verga dentro del culo es algo que Johnny sabía muy bien.

Esto que no salga de aquí, pero ven con esa polla dura a mi cara“. Johnny estaba cachondísimo. Sacó la polla del culo y empezó a cascársela sobre la cara de ese chulo. El muy cerdo abrió la boca y Johnny aprovechó para ensuciársela, metiéndole unos lecherazos potentes que viajaron incluso más allá del colchón sobre el que estaban, mojándole de lefa los pelillos de la barba. Todavía salía semen por la polla cuando Jonas acopló el cipotón entre sus labios y mamó como si tuviera un biberón en la boca, sacándole todo el jugo.

Johnny se retiró a la almohada, corrido, recomponiéndose, mirando el cuerpo estirado de ese tiarrón que le había dado por culo, al que se había follado ejerciendo de macho, con la cara llena de su semen. Cuando saliera por aquella puerta, sólo las supremas y los chicos sabrían que a ese caballero que alardeaba de follarse los mejores coños, lo que en realidad le iba era otro menú especial, el de los culitos prietos de los chavales y las pollas con toda su nata.

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