Salvador Mendoza revienta el culazo de Drew Dixon a pollazos, le preña el culo de forma inesperada y le fusila el cuerpo y la boca a lefazo limpio | Fucker Mate

Hard Pumping

Su carita tan guapa y varonil tan cerca de la suya, besando su cuerpo, esas manazas fuertes y masculinas que tantas veces había visto agarrando pesas y mancuernas, ahora posadas en sus pectorales agarrándole con tacto las tetillas, sus abdominales fuertes y calientes rozando los suyos y más abajo algo que se disponía a descubrir por primera vez y que jamás había podido ver en las duchas del gym.

Drew Dixon se entregó por completo a su entrenador Salvador Mendoza. Se abrazó a él comiéndoselo a besos y con gusto se puso de rodillas frente a ese escultural deportista del que había deseado todo en los últimos meses, gozando como una perra cuando le tocaba para decirle cómo hacer correctamente tal o cual ejercicio, ahora abriendo la boca, dejando que el tio le escupiesedesde arriba.

Cerró los ojos y plantó los morros en su voluminoso paquete, arrastrando la mejilla por la porra que destacaba dura bajo la tela. A punto de descubrir su sexo, Drew se mordió los labios de gusto. Salvador se agarró con los dedos un lateral de los gayumbos, replegó un poquito el culete hacia atrás y se sacó la chorra que tenía bien dura y empinada, una pedazo de polla bestial, bien larga, gorda y morenita.

Lo primero que hizo fue agarrársela, poner la mano detrás del cuello de Drew y darle de comer rabo. El cabrón tenía tantas ganas de su polla que se la metió por la boca y se la coló por la garganta sin control, inflándose los mofletes y reprimiendo unas buenas arcadas. Pero el tio no paraba, seguía chupando, dando un bonito repaso a esa apetecible minga a cabezazos.

Ante las ganas que tenía, Salva llegó a agarrarle la cabeza con las dos manos, apretando fuerte y ayudándole para que se la tragase enterita hasta los topes. Hasta ahora había sido su mentor en los entrenamientos y un poco cabrón haciéndole sudar con las series y repeticiones en el gym y la cosa no iba a cambiar en la intimidad, porque a Drew le encantaba recibir órdenes de un macho alfa.

Le ordenó tumbarse bocarriba sobre la cama, con la cabeza saliendo del borde. Se agachó, volvió a escupirle en la boca, puso la cabeza entre sus piernas, hizo una sentadilla mientras con el pulgar forzaba su rabo tieso hacia abajo y se la metió enterita por la boca, hasta los huevos, haciéndole llorar, con las pelotas apretadas contra su bigote, taponándole las napias.

Unos segundos para tomar un respiro, una mamada ligera para engrasar el rabo y ya estaba preparado para tragar de nuevo. Desconocía cuántas repeticiones de esas le obligaría a hacer, pero el entrenamiento le estaba encantando y eso que sólo era el principio. En la última hasta se agarró a sus muslos, haciendo elevaciones de piernas mientras se atragantaba con su puto y enérgico rabo.

Le encantaba la forma de esa polla, de una buena pieza, durísima, grandota, inclinándose ligeramente hacia la derecha. Miraba el cuerpazo de su entredor, su cara serie y concentrada y lo único que podía hacer era seguir de rodillas, con la boca abierta y la lengua por fuera, sediento de rabo, dejando que Salva le metiese la minga por la boca una y otra vez después de darle un repasito con la raja del cipote por los labios para humedecérselos.

Donde antes tenía puesta Drew la cabeza, la puso Salva y ahora fue Drew el que hizo una sentadilla para entregarle su culito. Salva le agarró de los dos cachetes del culo con las manos con fuerza, abriéndole la raja de par en par y le coló la lengua por el agujero llenándole de felicidad. La nuez de ese macho subía y bajaba por su garganta y esa lengua cabrona llena de fuerza sabía por dónde meterse.

Le provocó una buena erección comiéndole el culito y se lo dejó bien preparado para su entrada triunfal. Eran los gestos y las formas de Salva lo que también le ponían cachondo. Ver cómo se escupía en la mano y a continuación llevando esa misma mano a su polla para engrasarla, un acto tan natural e impulsivo que a Drew le excitaba.

Él estaba a cuatro patas mirando hacia atrás y le vio llegar empitonado, subiendo una pierna sobre la cama, inclinándose un poco para equilibrar el cuerpo con el empinamiento de su enorme polla y se la metió enterita por el culo, caliente y sin condón, hasta dejar sus muslazos pegados a sus nalgas. Salva alargó la mano para meterle un par de hostias amistosas en la cara y empezó a follárselo.

Menuda paliza le metió el cabrón. Comenzó la cosa con la polla saliéndose varias veces por el agujero, por lo dura y empinada que la tenía, pero después encontró la postura perfecta subiéndose a la cama y cobijando el culazo entre sus piernas y ahí es cuando empezó a comportarse como un auténtico animal, mordiéndose los labios con rabia, metiendo el rabo con una estocada fuerte e impulsiva, hasta aplastarse los huevos contra el ojete.

Cuando por fin se la sacó del culo después de montarle por detrás de esa forma tan demencial, el ojete de Drew se quedó palpitando, abriéndose y cerrándose un buen rato hasta que se calmó. Joder, le encantaban los tios que perdían el puto raciocinio en la cama y se comportaban como animales.

Drew tiró a Salva sobre la cama dejándole tumbado bocarriba y le enseñó lo mucho que había aprendido con él haciendo sentadillas, esta vez con el handicap de una barra larga y gorda inclinada metiéndose dentro de su culo. Drew se metió la polla a pelo por el culo y Salva le agarró por debajo de las nalgas, sosteniendo ese trasero tragón que subía y bajaba resbalando por su pene, haciéndole una buena paja.

Al rato Salva se puso cómodo a cuerpo de rey, liberando las manos y pasándolas detrás de su cabeza. Drew tenía a la vista todo lo que siempre había deseado, a ese macho atractivo, fornido y desnudo todo para él penetrándole, mirándole fijamente, pendiente de cada movimiento que hacía con su culo tragón, aprobando y asintiendo con la cabeza cuando lo hacía bien.

Además de entrenador, Salva era un buen bailarín y demostró una buena parte de sus cualidades como tal penetrando a Drew cuando lo tuvo tumbado sobre la cama. El movimiento de pelvis y de culo enfilando el pollón dentro del ojete fue espectacular y lo mejor es que Drew pudo verlo todo en primera fila. Menudo cuerpazo tenía le cabrón, sobre todo cuando pasó de modo bailarín a modo entrenador de nuevo, poniéndose en posición de flexiones taladrándole con fuerza desde arriba, dejando caer todo el peso de su cuerpo y su rabia sobre él.

La pollaza, bien dura, volvía a escaparse del agujero de vez en cuando por la energía con la que se lo estaba follando y las culeadas que le metía, pero sin manos Salva arrastraba el rabo por la raja del culo hasta tener de nuevo el agujero a tiro y se la volvía a meter hasta el fondo, apoyando toda la fuerza de sus brazos en las piernas abiertas de Drew.

Drew tenía ya el ojete como una rosa con ese tiarrón dándole mortero sin descanso. Estaba encantado abierto de piernas y completamente entregado a él, con su barra caliente y dura dentro de su cuerpo. Si ya se contentaba con alegrarse la vista en el gym con tios duros y guapos como ese fabricando músculo y desnudos en las duchas, ahora que tenía al alfa con la polla tiesa dentro de él, mucho más.

Se cascó una paja dejándose la leche en las sábanas y recién corrido pidió a Salva que se corriera en su boca. Parece que fueron palabras mágicas que surtieron un inesperado efecto en Salva, porque el entrenador por primera vez cometió un error de cálculo y según la sacaba del culo para dirigirse a su cara, el pollón salió rebotando del ojete expulsando una lluvia de lefa en el aire. Acababa de dejarlo preñado.

Como buenamente pudo, Salva se agarró la polla, que seguía disparando semen a punta pala, y le metió una buena ducha por todo el cuerpo hasta que por fin llegó a su jeta. Drew abrió bien la boquita y Salva, que tenía los huevos bien cargados, se dejó los restos, gimiendo como un animal desgañitándose, propinándole una traca final de varios chorrazos de lefa potentísimos directos hacia su garganta.

Salva cayó rendido sobre la cama, todavía convulsionándose por la intensidad de la corrida. Drew, que se había guardado en la recámara todo el semen que le había entrado por la boca, lo escupió todo de un salivazo pegajoso embadurnándole la verga, se la comió como si fuera un pepito de crema, jugueteando así un buen rato con la lefa, recogiéndola de nuevo entre sus labios y soltándola otra vez sobre la polla, feliz por la inesperada preñada que le había dejado el entrenador y por la ducha que le había metido por todo el cuerpo con esa mancuerna que sin duda era ya su preferida.

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