El super dotado brasileño Raphael Moretti se folla sin condón y mete una preñada al culazo fleshjack humano del italiano Alex Roman | Tim Tales

Este verano, el chavalito italiano Alex Roman se había propuesto batir su record de comedura de pollas brasileñas del año pasado. Paseando por la playa era mucho más fácil identificar qué tio tenía buen rabo. Bastaba con fijarse en sus paquetes. Si llevaban speedos estaba fácil la cosa, si no, se detenía a mirar un poco más, haciendo con que paraba a tomar el sol y viéndoles pasar, identificando la cantidad de rabo que podía haber debajo de las bermudas mientras andaban.

Tratándose de brasileños había un pequeñísimo margen de que cometiera un error y se encontrara con una picha del montón. Con la mayoría le bastaba con fijarse en su constitución física y nunca se equivocaba, es más, a veces como le ocurrió con Raphael Moretti, hasta le sorprendían.

Su pasión por las pollas grandes de brasileños comenzó de adolescente, cuando todavía se hacía pajillas no hace mucho. Estaba un día en una playa murciana cuando vio pasar por delante un enorme condón flotando. Su amigo que estaba allí le dijo algo que se le quedó grabado para siempre. Le dijo que ese condón venía de la playa de otro país llamado Brasil, donde todos los tios la tenían enorme, gigante como una estaca. Esa misma mañana, después de comer, Alex se cascó una paja pensando en rabos grandes y hermosos rebozándose contra su cara.

Ahora ya no era un enano, era un hombrecito con derecho a comer pollas y había descubierto la verdad que había tras las palabras de su colega de antaño. Tenía una de esas enormes y gigantescas pollas en la mano, un enorme palo gordo, larguísimo y duro como una roca en vertical. Se estaba poniendo las botas rechupeteando el cipote, intentando tragar más de lo que podía, llenándose la boca de placer a cada bocado.

Los chavales de su instituto llamaban a Alex el fleshjack humano. Bueno, eso decían los que le habían probado en los baños o las duchas de los vestuarios. Desde que se corrió el rumor, pocos tios le faltaron por ventilarse en la escuela. Todos coincidían en que meterle la polla por el culo sin condón era un puto vicio, que una vez dentro de él, te la dejaba bien apretadita y que las texturas de las paredes de su orificio eran iguales o mejores que las de unos de esos fleshjack transparentes. Debido a eso, rara era la vez que no se vaciaban los huevos dentro de él.

Después estaba la forma en la que se movía su precioso culo, rebotando consistente a cada pollazo, como si sus nalgas fueran la extensión de un fleshjack más completo. El gigantesco pollón de veinte centímetros de carne de Raphael entró sin despeinarse. Toda su larguísima polla penetrando directa hasta el fondo. Desde el primer contacto le metió una alucinante follada, culeando con rabia, sacando y metiendo el rabo entero.

Cuando Alex se acostumbraba al tamaño de una gran verga, ya no la soltaba. Una de sus especialidades era masturbarlas con el culo. Se ponía encima del tio sentado sobre sus piernas, se clavaba el rabo y pegaba saltos amplios y contundentes sobre el rabo que enfilaba su culo sin respiro. Cuando terminaba, se tumbaba y lucía su rosetón desplegándose las nalgas con las manos, haciendo que los tios desearan meterla una vez más y dejarle una preñada con la leche saliendo a borbotones y resbalando por sus pétalos.

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