Küper empotra el virginal culazo de Sean Ford a pelo con su gorda polla | Cocky Boys

Sean Ford se sentó encima de Küper dándole la espalda y se metió su polla por el culo sin condón. Era gordísima, enorme y entraba super ajustada, lo que le obligó a hacer ciertos movimientos de amor con el culo para encajarla en su suave, blanquito y, en apariencia, virginal ojete. Mientras pajeaba la polla lo mejor que podía, se animaba con los arrumacos que ese galán le daba, con su guapa carita pegada a la suya, mirándole a los ojos fijamente.

Lo de Sean era pasión, por los chicos malotes, por los que iban con el pelito engominado o revuelto, por los guaperas que más ligaban, con sus caritas perfectas de facciones angulosas. Había soñado tantas veces con convertirse en la putita de uno de ellos y entonces llegó Küper para amarle con su enorme polla, para cogerle con sus grandes manos por el cuello, para gemirle cara a cara.

Si alguna vez se había preguntado Sean si su polla permanecería erecta cuando le metieran un buen trabuco por le culo, allí tenía la respuesta. Su rabo bailongo y empalmado no dejaba de zarandearse hacia un lado y hacia otro saltando sobre ese rabo. Küper se echó un poco hacia atrás alejándose de él y entonces le entró un trozo más de polla. Ya casi la tenía toda dentro.

Pero Sean no quería ser quien llevase la voz cantante. Quería que Küper lo amase por detrás como sólo un hombre puede hacer. Y lo hizo. Sintió su cuerpo caliente rozando su espalda, la majestuosa polla penetrándole el trasero, la boca y la lengua del machote susurrándole incomprensibles guarradas al oído, su mano agarrando su cuello para que no escapara del hechizo.

De repente le puso una mano en la parte baja de la espalda, le obligó a estirar el torso y le metió el trabuco a toda hostia. No dejaba de penetrarlo. Su culo se había enamorado perdidamente de esa polla.No quería que saliera de su interior y Küper tampoco quería salir. De tanto roce surgió el cariño y Küper se dejó la corrida dentro, metiéndole una abundante preñada.

Seguro que de haber estado delante de sus amigotes, nunca lo habría hecho, pero como estaban a solas, le dedicó todos los honores. Sean se tumbó en la hamaca del jardín para hacerse una paja y Küper se sentó enfrente haciéndole unos buenos trabajos manuales, metiéndole los dedacos por el ojal hasta que Sean soltó una abundante fuente de esperma.

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