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Noche de Chicas (Girls Night) 1: William Seed pone a comer rabo y penetra el culazo de Beaux Banks a lo bestia | MEN

Estos chicos no se comen ni una rosca y mira que son guapos, pero sus artes de seducción dejan mucho que desear, creyendo que pueden conquistar a una chica con piropos propios de un albañil en el andamio. Beaux Banks y sus dos colegas desean con tanta fuerza saber cómo deben conquistar a una chica, que de su fuerza nace el hada que será capaz de conceder todos sus deseos.

Como si de un cuento de Navidad se tratara, el hada les concede algo que sólo está al alcance de muy pocos. Esa noche intercambiará sus mentes por las de tres chicas de cualquier lugar de la ciudad que justo en ese momento estén a punto de ser seducidas por un hombre. Justo en el momento en el que vayan a recibir el primer beso tras ser conquistadas, regresarán a su forma corporal, así los chicos podrán saber qué métodos practican otros hombres para seducir a las mujeres.

Beaux es el primero en viajar con la mente. El maromo que le ha tocado es todo un dandy, William Seed, un gigoló de pura cepa guapísimo, cachas, buenorro y con una incipiente barbita cubriendo su cara que le hace parecer un lobo empotrador. Siendo un tio como él, no se le escapa el hecho de que el tiarrón está deseando mojar el churro, se lo nota a la legua, pero descubre que aún así trata a la chica con bonitas palabras, le regala detalles y en lugar de bajarse los pantalones y enchufarle la polla, que es lo que le apetecería, se contiene y se lanza como un cachorrito a dar un pico sensiblero y romántico.

Le nota acercarse demasiado, está buenísimo, cierra los ojos para recibir su amor y zasca! Recupera su forma masculina provocando el rechazo de Will, que no entiende nada de lo que está pasando. Agazapada en un rincón, el hada se lo pasa bomba. William ya tiene la tienda de campaña montada en la entrepierna y Beaux está igual de cachondo, así que ya que necesitan rebajarse las pollas, por qué no convertir esa noche de chicas en una de chicos.

En cuando Beaux empieza a magrear el paquetón de Will, este se da cuenta de que el chaval sabe lo que se hace. Están solos en la habitación, sus amiguetes ahí abajo en la fiesta no tienen por qué enterarse de nada y al fin y al cabo no va a bajar con esa trempera. El chavalito que tiene enfrente tiene una cara guapa, ojos bonitos y está deseando comerle el rabo. Por qué no darle ese gusto y así él se alivia las ganas.

Hace con él lo que nunca antes se ha atrevido a hacer con una tia por miedo a que fuese demasiado bruto. Le ve con tanta hambre de polla que se tumba en la cama, le coge de las rodillas con las manos en plan carretilla en dirección contraria a la suya y con esos dos pilares le sostiene mientras su polla y la boca del chaval forman el tercer pilar.

El cabrón va sin frenos, tiene la suerte de verle la jeta y la barbilla, la forma en la que su gorda butifarra le entra enterita por la boca hasta atragantarle y lo mejor es que el tio parece disfrutarlo. Hasta retira de vez en cuando las manos que lo apoyan sobre la cama, entonces su cabeza cae empalada encima de la polla tiesa y se la come hasta los mismísimos huevos.

Will cree que no puede más. El soniquete de su rabo atravesando la garganta del chaval le lleva al límite. Las babas de ese tio le resbalan por todo el tronco del rabo, le encharcan los huevos, se le meten por la raja del culo. Está a punto de darle biberón, colega.

Entonces se lo piensa mejor y recobra el aliento. Le sienta sobre su polla, lo coge en volandas y lo atraviesa con el pollón follándoselo con la rapidez propia de un conejo, a la fuerza bruta, quinientos pollazos por minuto por lo menos. Le pone de rodillas para el festín final. Deja que maneje su rabo a su antojo, que se lo pajee a su ritmo y que rabie esperando su leche. No se hace de rogar mucho. Los ojitos del chaval, su carita guapa, se lo ha ganado a pulso. Enseguida le da todo el amor de su minga.

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