Antonio Miracle goza del pollón de Ansony sin condón al sol en la azotea | Tim Tales

No le importaba, al contrario, esperaba que detrás de las ventanas del edificio de enfrente, tras las persianas o las cortinas, hubiera un puto pajillero que estuviera cascándosela mirando lo que ocurría en la terraza de la azotea del edificio de enfrente. Antonio Miracle sacó a pasear sus habilidades chupando la enorme y gorda pollaza de Ansony.

Más larga que un día sin pan, se merendaba el cipote rosáceo y hacía resbalar sus ya suaves y mojados labios por el tronco morenote de esa gigantesca e interminable pija. Se la comía hasta que sentía el capullo en la mismísima garganta, pero ni por esas conseguía pasar más allá de la mitad, dejando el cincuenta por ciento de rabo seco y el otro tanto brillante lleno de babas.

Bajo el calor del solecito, fue un placer para Antonio arrodillarse en el sofá dando la espalda a Ansony y dejar que lo penetrara con la fuerza de toda su soberana polla. Cegado por la luz del sol, echó la vista atrás y se deleitó con las vistas de ese macho empotrador de cuerpo moreno y musculoso dándole bien por el culo. Le agarró la cabeza con la mano y le metió un morreo. Era su forma de agradecerle lo bien que se lo estaba follando.

Pero Ansony no quería halagos, así que después de comerle la boca, le zurció a pollazos, enchufándole a toda hostia la polla por el culo, metiéndosela todo lo larga que era de principio a fin en una traca que hizo que Antonio tuviera que volver a mirar hacia adelante, gimiendo de dolor y gusto.

Cuanto más se la metía, más se acostumbraba a tener ese bazuca dentro. Se imaginó a sí mismo en una jungla, perdido y sin nada más que hacer que buscar alimento y retozar. Entonces se encontraba con un indígena de esas tierras, atractivo y vergón, se la chupaba hasta ponérsela dura y se montaba sobre su polla, pajeándola con su culo hasta dejarla tiesa y a punto de nieve para soltar la carga de sus huevacos.

Tanto sol y tanta planta en la azotea le habían hecho revivir esa atmósfera de ensueño. regresó a la realidad y descubrió que estaba de pie, con una pierna en el borde del tejado, agarrado a la barandilla, con el culo partido en dos por culpa de esa mega polla y su propio rabo campaneando al libre albedrío entre sus piernas a cada pollazo que le metía por detrás.

A ese cabrón no se le agotaban las pilas, no. El que se corrió antes fue Antonio, labrándose una paja y dejándose los pegotes de lefa sobre su propio cuerpo. Se dio la vuelta y se puso a cuatro patas para que ese macho se descargase los cojones mirando su culo y sus espaldas de nadador. Sintió la polla saliendo de su interior, la brisa que dejaba un frescor el su ojete mojado y acto seguido escuchó unos gemidos apagados mientras un líquido espeso le rozaba las nalgas. De nuevo algo grande y gordo ocupando la línea de la raja de su precioso culo y otra vez el ojete relleno.

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