El presidente Joel Someone da de comer rabo a un granuja hasta llenarle la boca de lefa | Missionary Boys

El presidente Joel Someone y Joey Doves ya sospechaban que algo estaba pasando en la academia cuando todos se iban a dormir por las noches. Los granujas Jones y Clarke se saltaban las normas y organizaban a sus espaldas unos rituales de follada bastante estudiados, en los que se llevaban a un chico al recibidor con una venda puesta en los ojos y examinaban su cuerpo con las manos y con los rabos follándose a pelo.

Dios sabe cuántos días y a cuantos chavales habrían pervertidos. En la comunidad estaban escandalizados por su comportamiento, así que llamaron a la cúpula de la academia para darles un severo castigo que sirviese de ejemplo para futuras actitudes del personal. Joel se llevó a su perro de guardia Joey para aunar fuerzas, pero ni aún así los cabrones reconocían que habían hecho algo mal. Que se habían divertido follando estaba fuera de toda duda, pero es que no estaban arrepentidos lo más mínimo por su comportamiento.

Rubio y moreno, llevaron a los zipi y zape al lugar de los hechos, de rodillas y con vendas impidiendo su visión. ¿Les gustaría que les hicieran a ellos lo mismo que hacían cada noche con esos chicos? Joel metió sus dedacos dentro de la boca del rubio hasta la garganta. Esperaba escuchar unas arcadas, pero el cabrón tenía unas buenas tragaderas. Al moreno le magreó un poco el cuerpo y sintió cómo se estremecía entre sus manos. Joder, pero si hasta a él se la estaban poniendo dura. Esos chavalotes eran puro sexo andante, no era de extrañar que necesitaran desfogar sus huevos todos los días con juegos cada vez más exhibicionistas y prohibidos.

Por un momento Joel tuvo que agarrarse el paquete, para acomodar la creciente polla dentro de sus calzones. Él era el jefe, así que decidió el mejor castigo, uno que también fuese placentero para todos. Joey dudó de que esa fuera la mejor solución cuando vio a Joel desnudándose. Pensó que primero podían probar con unos azotes, dejando que uno viese cómo pegaban al otro.

Joel se puso al rubio sobre las pantorrillas, le bajó los calzones y le metió una buena tunda en el trasero. Mientras lo hacía, Joey tenía la moreno cogido por los pelos de la cabeza, para que no la agachase y pudiese ver de cerca qué es lo que les pasa a los chicos malos. El presidente se había traído consigo un eficaz juguete de tortura, un dildo de cristal. Al rubio no le cabía por el ojete ni la primera bola pequeña de lo cerrado que lo tenía, más que un pistacho.

Joey se animó con el moreno, lo puso también inclinado sobre sus pantorrillas y a falta de dildo empezó a acariciarle el suave agujerito con la yema de sus dedos. El presidente y su perro guardían se estaban empezando a poner cariñosos con esos culitos tiernos. Podrían ser sus hijos por la edad y eso les hacía ponerse aún más cachondos. En un pasado ellos habían tenido los culitos así de suaves, con unos agujeros inmaculados.

El presidente pasó a la acción. Se puso en pie, se bajó los calzones y puso a comer polla al rubio, un rabo descomunal, larguísimo y grueso que obligaba al rubiales a abrir la boca a tope y a sacársela de vez en cuando para respirar. Igual que hizo con los dedos, hizo con la polla. Le cogió de la cabeza con la mano por detrás y le obligó a tragar a fondo. Esta vez sí que salieron arcadas y eso que aún le quedaban unos cinco centímetros de mango que se había dejado sin probar.

El guardián siguió sentado, metiendo el mismo dildo de cristal por le culo al moreno, escondiendo una tienda de campaña que por el momento no quería que nadie descubriese, haciendo que mirase cómo su colega de hazañas se comía una polla gigante. Joel siguió dándole rabo y no paró hasta descargar todo el esperma de sus grandes bolas colgantes dentro de su boca. Cuando sacó el rabo, ya estaba blandito otra vez.

El rubio, ya sin polla que chupar, se encontró con que tenía que lidiar con un buen enjuague bucal de lefa. Con los ojos aún vendados, entrecerraba la boca nervioso, sin saber si escupirla o tragar. Sólo sabía que al juntar los labios, sus dientes se hundían en la lefa y que si llegaba a cerrar la boca del todo, se desperdiciaría todo el semen sobre su barbilla cayendo sobre su cuerpo. ¿Qué hostias hacía ahora? Tragase o escupiera, su cuerpo quedaría mancillado por el castigo del pecado.

VER AHORA DISCIPLINARY ACTION EN MISSIONARYBOYS.COM

VER AHORA DISCIPLINARY ACTION EN MISSIONARYBOYS.COM

Mostrar más
Botón volver arriba