Frank Box lleva al límite a Viktor Rom bombeándole el pollón a pelo con su culazo de futbolista y dejándose preñar | Fucker Mate
Pool & Foock
Aquella piscina, con sus aguas azul cristalino, parecía un oásis en mitad de la ciudad, rodeada por cientos de edificios de gran altura. Puede que en todos esos edificios se viviera ahora mismo un ritmo frenético, pero en ese paraíso sólo existían la calma, el silencio, la puta vida. Los hombres de negocios como Viktor Rom solían acudir a allí después de un duro día o en sus días libres, mientras que los trabajadores de ese lugar como Frank Box, se debían a las necesidades de los clientes, si bien a veces, cuando tenían tiempo para haraganear, se propasaban en sus atenciones.
Pijitos acudían a montones y Frank se había dejado follar por muchos, pero no acostumbraba a ver por allí a machos tan potentes, que marcaran tan bien culo y paquete hasta el punto de que no había espacio para nada más dentro de esos bañadores tan ajustados. ¿Que cómo les conquistaba Frank a todos y se llevaba a quien quería a la cama? Pues no había más que verlo. Con su sonrisa, su atractiva cara, su barbita, su cuerpecito y sobre todo por el frontal que marcaba en el bañador, donde se adivinaba un buen pollón, de esos tan largos que, colocado hacia abajo, se acomodan por debajo de los huevos y tiran de la tela hacia abajo.
Ahí estaba, entregándose de nuevo a otro hombre, esta vez uno fornido y muy vicioso, sintiendo el calor de sus fuertes brazos abrazándole, la humedad de sus labios, el calor de su aliento, el deleite de su lengua metiéndose dentro de su boca. Viktor estaba desnudo frente a él, acababa de bajarse el bañador y se lo había sacado ya por los pies lanzándolo hacia un lado de la habitación. Frank le tocó la polla, se la palmeó, hacía mucho que no veía una tan grande.
Se agachó y se la comió con ganas. Dios, qué puto gorda que la tenía y qué grande, cómo le rellenaba toda la boca y más adentro. Le hizo una estupenda mamada masajeando ese cimbrelazo con sus labios, dejándola completamente dura como una roca, tragando hasta las pelotas, saboreando el precum que le salía de la raja del cipotón y que dejaba ese pepino preparado para una más que segura penetración sin necesidad de otro tipo de lubricante.
Cuánto le gustaban las pollas a Frank, no podía evitarlo y más si eran como esa, tan jodidamente grandes. Volvió a metérsela en la boca, sacó la lengua chupando las bolas a Viktor con toda la tranca dentro. Lo lanzó contra la cama para que se sentara en ella, se metió entre sus piernas y le devoró la pija y las pelotas. A sabiendas de que ese tipo de tiarrones podían aguantar lo indecible, Frank decidió llevarlo al límite usando su boca.
Nada ponía más cachondo a un tio que ponerlo contra la espada y la pared, desarmarlo por completo, llevarlo al borde de la corrida. Frank lo intentó, cogió las manos de Viktor con las suyas, le apartó los brazos del cuerpo hacia un lado y los apretó contra el colchón sin dejar de mamarle la polla. A ver cuánto aguantaba sin poder hacer nada, viendo cómo la cabecita de Frank subía y bajaba succionando su miembro.
Joder, cómo le gustó a Frank cuando Viktor intentó zafarse de su agarre y se lo impidió. Le gustaba tener le control de vez en cuando. Quiso mantenerlo un poco más. Antes de subirse a la cama, contempló esa majestuosa pollaza morenota, plantó un pie a cada lado de las caderas de Viktor e hizo una sentadilla sobre sus piernas, clavándose su polla dentro y sin condón.
Se la bombeó con el culo, sintiendo lo gorda que era, lo dura que estaba. Viktor miró hacia abajo, vio la pichaza de Frank, la que imaginaba bajo el bañador, tan larga como esperaba, con unos buenos cojones colgando, toda esa dote magnífica rozándole el vientre mientras se lo follaba, la pija saltando cuando le metía un buen zambombazo.
Qué perro, qué cerdaco, qué vicio tenía encima. Lo cogió en volandas atrapando su culo con las manos y se lo folló de pie, impulsándolo hacia arriba y dejando caer el peso de su cuerpo penetrándolo. Frank le rodeó las caderas con las piernas, entregándose a él por completo. Era su hombre, estaba encantado con lo que le estaba haciendo y le iba a dar todo.
Se tumbó en la cama y se abrió de piernas para él. Viktor le comió el ojete antes de follárselo al misionero. Luego le puso a cuatro y casi se derrite al ver el culete de ese cabrón, una auténtica maravilla, simplemente perfecto, de esos que se te va la vista en las duchas de los vestuarios y luego no haces más que pensar en ellos en tus momentos íntimos. Encima a Frank le colgaban entre las piernas una larguísima pija y los cojones. El pack completo.
Le metió la polla gorda, que ya entraba como la seda, y le dio por culo. Le volteó de nuevo y se lo folló bocarriba. Qué cara de malote y de vicioso, cómo apretaba los dientes cada vez que sentía dentro el gran falo, pero qué bien se la tragaba, enterita. Frank volvió a cabalgar sobre su macho, desplegando todo el potencial de su culo de futbolista para desvalijarle la polla.
Frank no paró, se inclinó sobre Viktor, le agarró la cara con las manos para que lo mirara fijamente y siguió bombeando ese rabo hasta el final de sus consecuencias. Ante la imposibilidad de hacer nada al respecto, Viktor hizo lo que cualquier hombre hubiera hecho en su lugar, preñar a ese hijo puta. Con el ojete del culo dolorido y super abierto, Frank se levantó y se puso de pie sobre la cama, su largo rabo colgando y meciéndose entre sus piernas.
Dobló ligeramente las rodillas y dejó salir el semen de Viktor de su ojete, luego se tumbó abierto de piernas frente a Viktor para que este viera de primera mano el pedazo de agujero que le había hecho y lo bien alimentado que lo había dejado. Viktor dio un repaso al contorno del agujero con su cipote, negando con la cabeza, flipando con ese chaval. Estaba por meterle otra antes de irse a casa.









