El guapísimo eslovaco Glenn Isner se hace un pajote en plena sesión de fotos | Bel Ami Online
Por él esperarías sentado horas en el banco de los vestuarios, hasta que acabase el partido, hasta que el capitán del equipo Glenn Isner hiciera su entrada triunfal por la puerta, todo sudado y se fuera despojando de la camiseta, dejando a la vista su musculoso y definido torso, sus pantalones y después sus calzoncillos.
Se agacharía para quitárselos y podrías admirar su portentoso y gran culazo peludo. Entre sus fuertes piernas un par de huevacos bien agarrados y algo colgando, algo muy largo. Se daría la vuelta dispuesto a entrar en las duchas y entonces observarías todo su conjunto con una guinda final, un pollón colgante destacando ahí en medio, largo y gordísimo, adecuado al tamaño de su dueño, con un buen capuchón de piel recubriendo el cipotorro.
Como buen fan del capitán, podrías llegar a hacerte una paja pensando cada vez en una parte de su cuerpo. Dos cosas te vuelven loco. Su polla en erección, kilométrica, exageradamente larga, como un chorizo embutido. Piensas que serías feliz toda tu vida agarrándola por la base y dándote de hostias con ella, porque las palizas de rabos así de grandes es lo que te mola.
Y a pesar de estar tan bueno, se sonroja al desnudarse, el tiarrón guapo, rubiales de ojos azules y una sonrisa que es capaz de hacer que la lefa se te salga por el rabo sin que te lo toques siquiera. Te encantan esos pelazos rubios que le nacen en la base de la polla o los más pequeñitos rodeando los pezones. Tu misión sería ponerle cachondo lamiéndolos, para que su gigantesco pollón adquiera su tamaño máximo.
Fan de él y de su largo rabo al que le cuesta desprenderse de la capucha, ni pajeándolo. A veces piensas que esa pequeña operación podría sacar a la bestia que lleva dentro, pero lo piensas mejor y te gusta así, preciosa como un plátano con su cáscara puesta, porque cuando se corre, se le queda el semen retenido en el cuenco de piel que rodea el cipote y a ti te encanta beber leche.









