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Manuel Skye y GrgistheWerd se follan a pelo a Michael Del Ray y le joden la cara a lefazos | Missionary Boys

La orden hoy tiene una misión muy especial. Ha enviado a Manuel Skye y GrgistheWerd, dos de sus mejores hombres, para investigar por qué uno de los chicos misionarios está tan activo sexualmente en lugar de centrarse en sus estudios. No es que esté todo el día continuamente haciéndose pajas, es que Michael Del Ray le da a todo el muy cabrón. Pone el culo a cualquier tio que le mola en las duchas e incluso se escapa a la congregación de mujeres a ventilarse unos cuantos coños. Le da a la carne y al pescao.

Más tarde Manuel lo pondrá en su informe, pero cree saber el motivo por el que ese chico no puede parar. Lo dura que se le está poniendo la polla nada más verle es síntoma de que tiene algún atractivo especial. El chaval es alto, atractivo, fuerte y con buenos labios. Su mirada está como perdida, como si mirase a ninguna parte, quizá pensando ya en esos dos hombres de negro adueñándose de todos sus agujeros.

Entre los dos lo van desnudando para examinarlo concienzudamente. Se supone que sólo deben descubrir los motivos, pero sin querer poco a poco van cayendo en las tentaciones. Al verlo levantar los brazos para quitarse la camiseta blanca y ajustada, enseñando los sobacos peludos de macho y algunos pelos en el pecho, Werd no puede resistirse a tocar ese cuerpazo.

Manuel se encarga de bajarle los pantalones y descubre el gran secreto. Como buen catador de rabos que es, le basta con palpar un paquete para saber lo que hay dentro. Si una mano como la suya no logra abarcar semejante bulto, es que es de las buenas. A su compañero y le invita a tocar el percal. Entre los dos se miran mientras le magrean la polla y los huevos por debajo de los calzones blancos de algodón. Joder, con todo eso, como para no ser popular entre chicos y chicas.

Sí, lo pondrán en su informe, pero hay algo que no va a constar nunca, que se lo van a follar, y es que Manuel y Werd llevan ya muchas misiones a sus espaldas como para saber lo que les gusta a los dos. Ya están fuera del protocolo, dejan de ser hombres de la orden para convertirse en hombres de carne y hueso con sentimientos y es ahora Michael el que se dedica a desnudar a esos dos hombretones.

Al primero al que deja en gayumbos es a Werd. Descubre que el tio está fuertote, pero está deseando llegar a su paquete. Se quedan en calzones de igual a igual y le palpa por encima. Se muerde los labios al notar que tiene buen miembro. Mientras Michael va a por Manuel, Werd ha pasado a mayores. Ha metido la mano por debajo de los calzones y ahora está palpando rabo calentito y morcillón. Lo que ese chico tiene entre las piernas es una puta bestia insana.

El que mejor calza de los tres sin duda es Manuel. Lo mejor para el final. Cuando Michael le baja la cremallera y le abre las solapas de la parte superior de los pantalones, mira con vicio lo ajustaditos que le quedan los gayumbos. El contorno de su gigantesca pollaza se dibuja claramente desde el centro hasta la cadera. Por si queda alguna duda de si pudiera ser una ilusión, Manuel se da un repasito por encima con la mano para marcar el tronco.

En cuestión de segundos, Michael ya tiene la polla enganchada en su boca. La descapulla suavemente con los labios regocijándose en la fantasía. Werd también quiere lo suyo. Todavía no ha trempado del todo, pero su apetecible rabo todavía manejable, enmarcado por la pelambrera en la base y unos buenos cojonazos colgantes, hacen que el instinto mamador de Michael salga a la luz, necesitando chupar más y más hasta dejarla recta.

Pasa de la polla aún blandita a la enorme dureza de Manuel. Siente la irresistible llamada de metérsela hasta el fondo. Abre la boca a tope y se ahoga tragando rabo una y otra vez. Al verle hacer eso, Werd se pone cachondo, le agarra por la cabeza y le ayuda en la tarea. Cuando se la saca de la boca, una arcada contenida se dibuja en su rostro. El cabrón tiene la cara roja y se ha aguantado las lágrimas.

No van a explorar el motivo por el que hace felices a las chicas, que eso se ve a la legua. La dote que tiene entre las piernas no deja lugar a dudas. Lo que necesitan conocer a fondo es por qué es el culo preferido por los chicos en las duchas. Para descubrirlo, es necesario metérsela sin condón. Cuando Manuel se la cuela por detrás, cree tener una ligera percepción. Ese apretadito y acogedor ojete es perfecto para cobijar pollas.

Para él, hombre experto, el hecho de no estar jodiéndose un culo taladrándolo a toda hostia, significa ya algo distinto. Intenta discernir qué le gusta de meterla por ese agujero, pero no puede explicarlo porque son sensaciones. Exhala un gemido, echa la cabeza hacia atrás y para. Su polla está tan apretada ahí dentro que un sudor frío le ha recorrido todo el cuerpo de los pies a la cabeza. Está seguro de que algo de precum le ha salido de la polla, pero ahora debe concentrarse, no puede correrse y dejar preñado el culo por completo.

Para recuperarse le da la alternativa a su colega de curro. Ya tiene la mitad del camino hecho. El más grande ha hecho un buen agujero antes para que él pueda pasar y divertirse. A Werd no le importa ser un puto pajillero esperando su turno, mirando cómo Michael salta sobre la gorda chorra de Manuel que está sentado justo a su lado. Podía recrearse en el pollón penetrante o en sus gordísimos huevos, también en la larga picha de Michael rebotando sobre los curtidos abdominales de Manuel, pero lo que le gusta a Werd para masturbarse es ver a otros felices y la cara de Michael estaba rebosante de felicidad.

Por fin llegó su turno y fue precisamente saltando sobre su rabo cuando Michael se desalojó la leche de los huevos. Manuel le agarró la cabeza contra su ombligo para darle biberón y le obligó a presenciar los fuegos artificiales de cerca. Mientras tenía bien apretado al chaval por el cuello para que no se moviera, se pajeó el rabo y unos chorrazos de esperma caliente, espeso y blanco cortaron el viento.

Mira que Werd lo había visto veces, pero todavía no se había acostumbrado. Le gustaba tanto ver esas corridas tan lecheras que se olvidaba que la suya no se quedaba atrás. Se arrodilló en el sofá acercándose a la cara de Michael y, mientras Manuel todavía pegaba los últimos coletazos, empezó a lefar la cara y más allá, ante la mirada de alucine de Manuel, que veía cómo el cabrón expulsaba el semen de la polla y no sólo metía un facial a Michael, sino que le estaba lefando los brazos y las piernas a él. Michael seguía sonriendo y con la boca abierta, disfrutando de ese cruce de disparos sobre su cabeza. El secreto de por qué ese tio estaba todo el puto día follando había dejado de ser secreto.

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