Tendencia

Guillaume Wayne empotra sin condón el culazo de Ken Summers con su gorda y larga vara | Fucker Mate

Abrazados en el baño y con la música sonando de fondo recién levantados, Ken Summers y Guillaume Wayne recuerdan la noche anterior. La casualidad quiso que coincidieran en el mismo garito, que les entrasen ganas de desalojar las cañerías a la vez y que coincidieran en la misma fila de meaderos, uno al lado del otro al estar tan concurridas.

A pesar de lo mucho que le molaba ver rabos, por lo común Ken respetaba la intimidad de otros hombres y se resistía a mirar, pero esa vez no pudo contenerse. El tiarrón que tenía al lado era alto, la mar de atractivo, fortachón y cuando se sacó la minga por la bragueta, tan larga que parecía una manguera, no sólo tuvo que mirar a la fuerza, sino que además se vio obligado a contener un grito de sorpresa y admiración.

En cuanto Guillaume se dio cuenta de que le miraba demasiado tiempo la pija, le hizo un gesto con la cabeza y se lo llevó a los retretes públicos. Allí Ken dio buena cuenta de ese rabo y sólo diremos que cuando salió por la puerta del baño, fue directo a enjuagarse la boca. Los mecos campaban a placer por toda su linda cara.

Por la noche se lo hicieron en la habitación y se habían levantado con ganas. El abrazo hizo que estuvieran bien pegaditos y Ken ya podía notar otra vez esa manguera de lujo apretada y calentita contra su cadera. Cuando Guillaume se sentó en el sofá, al cabrón ya se le había escapado media picha por encima de la goma de los calzones. Así de bien dotado estaba el tio.

Esta vez no había prisas. Unos besitos, unos arrumacos, un lametón a la parte de rabo que sobresalía por fuera. Le bajó los gayumbos, le cogió la polla con la mano con cariño y se la esnifó antes de metérsela dentro de la boca. Lo mismo hizo con los calzones al quitárselos totalmente. Les dio la vuelta y se puso en las napias justo la parte de la huevera. Olor a macho.

Mientras olía la dote de hombre, miraba hacia el frente y lo que veía le encantaba. Un tio guapo y grandote con un pollón a medida y bien duro, acompañado de unos cojones igual de grandes y colgando que se tenía que comer sí o sí. Recordó lo que le había costado comerse una polla tan dura, pero después de dos encuentros, a la tercera le costó menos atragantarse con el rabo. Por lo menos consiguió rozarle el adbómen con la nariz, lo cual significaba que esa vez había llegado lejos.

Para amoldarse a la forma de la polla, que ya estaba hiper mega dura del copón, se dio la vuelta y ofreció a Guillaume su culito y su entrepierna para hacer un sesenta y nueve. Embadurnó la pija a gusto con sus babas dejándola bien lubricada porque estaba deseando que ese machote le cubriera el trasero con su polla y sus enormes bolas.

Haciendo gala de su flexibilidad, Ken remoloneó por el sofá como un gatito en celo, abriéndose de piernas y ofreciendo su culito a ese hombre que tan bien sabía comerse una raja. Guillaume tomó posición sentándose de nuevo en el sofá e invitó a Ken a sentarse sobre sus piernas. Ken le vio hacer ese gesto que le encantaba de los tios bien cerdos que prometían darte duro. Le vio lamerse los dedos de la mano y llevarse esa misma mano a su rabo para darse cera. Vamos, que se lo iba a follar a pelo.

Ken hizo una sentadilla. Fue agachándose hasta notar el cipote. Se lo colocó justo arropando la entrada de su ojete y empujó hacia abajo haciendo un movimiento sexy con el culete para que ese enorme pollón fuera entrando poco a poco. Un gemido suyo y un bufido de gustazo de Guillaume acompañaron a ese primer injerto de rabo.

A partir de ahí y a pesar de que le entraba super ajustada, Ken empezó a saltar y a pajear esa gran polla con su trasero. Cuando dejaba de entrar con holgura, Ken se la chupaba un rato y volvían a la carga. Estaba más que encantado de regalar su culo a hombres como ese, tan atléticos, varoniles y dotados. Le encantaba que le tratasen como a una putita, que lo agarraran del cuello, que le metieran los dedos por la boca como si fuera una segunda polla en su otro agujero.

Se dio la vuelta y dejó que apreciase su bonito y suave culo, que disfrutase de la visión de su gran verga colándose por un agujero estrecho. Ken se puso de pie, Guillaume fue detrás, le coló la polla dentro del culo y así fueron andando juntitos, metidos uno dentro del otro, dando media vuelta de regreso hacia el sofá.

Ken arqueó la espalda y se dejó cubrir por ese macho. Podía notar sus enormes bolas golpeándole la raja, su larga barrena insertándose dentro de su cuerpo y haciéndole perder el sentido. Echó una mano hacia atrás y se la colocó a palma abierta sobre el muslo. Ese culazo blanco y musculoso estaba a pleno rendimiento azotándole sin descanso.

Un receso para lubricar la polla a mamadas. Acabó abierto de piernas de par en par de nuevo sobre el sofá. Miró a Guillaume y le vio super concentrado en petarle el culo. De nada hubiera servido darle órdenes en ese momento, porque parecía que respondía a sus propias normas, a las de un hombre lobo en luna llena cuyo objetivo era asesinar un precioso culo con su gran polla. Una y otra y otra vez.

Por un momento Ken se dio cuenta de que le gustaba todo de ese hombre. Su gorda y larga polla, sus huevos grandes y colgantes cargados de leche, sus músculos, sus fuertes brazos, su atractiva cara, sus ojos, su sonrisa. Se agarró a esa visión general de tio bueno para ponerse cachondo perdido y así le salieron los chorros por la polla, corriéndose mientras se sentaba otra vez sobre las piernas de su hombretón con la pija clavada.

Ken se puso de rodillas con la cabeza mirando hacia arriba. Guillaume le agarró de los pelos y empezó a pajearse el rabo sobre su boca. No tardó en darle de comer lefa al pipiolo. La leche blanquita comenzó a brotar por su cipote y los lefazos empezaron a sobrevolar la cara del chaval mojándole la nariz y la boca. Ken lo recogió todo con los dedos y se lo llevó a la boca. No quería que se desperdiciara ni una sola gota de ese campeón. Con la boca llena de lefa y disfrutando del sabor a semen, Ken volvió a tumbarse y pidió a Guillaume que se lo volviera a follar. Estaba claro que estos dos no iban a salir de la habitación en mucho tiempo.

 VER AHORA A GUILLAUME Y KEN EN FUCKERMATE.COM

 

 VER AHORA A GUILLAUME Y KEN EN FUCKERMATE.COM

Cerrar