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Follando por primera vez a pelo Lucio Saints regresa penetrando el culazo de Malek Tobias y metiéndole una ducha de lefa caliente | Kristen Bjorn

Se habían puesto a compartir piso juntos los dos hombres más cachondos del Universo. A Lucio Saints se le ponía dura con los modelos de las revistas que salían anunciando coches y perfumes. Era habitual encontrársele en gayumbos por la casa, normalmente blancos y de algodón, que hacían destacar su enorme huevera redondita. Cuando empalmaba, la durísima polla parecía a punto de reventar la tela. Se le empinaba hacia la izquierda dejando la forma de un buen montículo.

A Malek Tobias le bastaba con ver un plátano en el frigo para pensar en pollas. Le gustaba despellejarlos con mucho arte y buscaba a su compi de piso antes de metérselo en la boca y chuparlo como si fuese un rabo gordo. Menos mal que se tenían el uno al otro para compensar los momentos en que no tenían un rabo que mamar o un agujero donde meterla, porque entre los dos se compenetraban a la perfección.

Se pegaron un morreo con sabor a plátano y Lucio le ofreció comerse el que andaba buscando de verdad. Se agarró la polla por encima de la tela y se la zarandeó en plan macho, ofreciéndosela a Malek, que no tardó en agacharse y dejar los calzones pringados con sus babas. Lucio se puso en pie y le dio de comer toda su recta, larguísima, gorda y morenota pollaza.

Era gigantesca, encapuchada, con una piel muy dura pero a la vez suave que animaba a tragar cada vez un poquito más y por la que daba gusto deslizar los labios. Malek le metió una agarrada por los huevacos de grandes proporciones y tragó como un puto cerdo. Lento pero seguro, se la metía para adentro a boca llena y miraba hacia arriba con ojos de cachorrito suplicando comida. Pues ahí la tenía, toda la comida en el plato.

Agarró fuerte el rabo por la base con una mano y la deslizó de tal forma que arrastró la máxima cantidad de piel posible hacia el cipote. Metió la lengua dentro y empezó a trazar círculos con ella dentro del pellejo. Después repetía la acción contraria para dejar al descubierto el cabezón y le plantaba encima los labios probando su exquisita suavidad. Él sí sabía cómo disfrutar de una polla en todo su esplendor.

Lucio no podía con esa carita suplicante de guaperas rubio de ojos azules, era como si su lado más salvaje le impidiera ver cómo un hombre así imploraba rabo, así que se metió su cabeza entre las piernas y le folló la boca con su enorme rabo metiéndoselo hasta la garganta. Le dio lubricante desde arriba con un par de salivazos. Necesitaba por todos los medios ver esa cara sucia y sufriendo por amor.

Así estaba mejor, con los morros envueltos en babas de tanto tragar polla, algunas lágrimas por pretender tragársela hasta los huevos y el sudor en la frente. Guapo, mamón y nalgón que había salido el tio. Menudo culazo tenía, algo peludito, grandote para cachear y con un agujero a simple vista flexible para tragar las mejores pollas.

Lucio le puso de rodillas, acaparó el culazo entre sus muslos y tenía tantas ganas de penetrarlo que hasta se olvidó por primera vez de ponerse el condón. Le molaba ver cómo se abría un culo a su paso y su técnica era infalible. Metía toda la trompa de una estacada y la sacaba fuera, así una y otra vez, dejando que el ojete se acostumbrase al tamaño pero no demasiado, creando un agujero suplicante, de los que pillan el ritmo y se cierran en banda cuando les sacas el rabo y se abren un poquito esperando recibir la siguiente tanda.

Después de ese delicioso jugueteo tan efectivo, se enganchaba a su culo y ya no salía, metiéndole tralla de arriba a abajo y haciendo un buen hueco por detrás. Joder, y todo esto por insinuarse a su compi por comer un puto plátano. Qué delicia. Los dos eran tan cerdos que cualquier mecha, por corta que fuera, les incendiaba y les conducía siempre a lo mismo, a follar como cosacos.

Le plantó boca arriba en el sofá, le estiró las piernas hacia arriba y se las juntó para que el culete estuviera más cerradito y le diera más placer en el rabo al meterla. El cabrón estaba tan metido en la follada, que él mismo se desplegaba los cachetes del culo para que entrase mejor. Lucio probó a sacarla y lo que vio casi le hace preñarle. El pedazo agujero que le había dejado en el ojete era simplemente alucinante y vio cómo el contorno del ojal palpitaba como un corazón, se cerraba y abría pidiendo más polla, más amor. Lucio tuvo que concentrarse para no dejarle el amor dentro.

No era un combate de lucha libre pero lo parecía. Lucio inclinó su cuerpo para dejarlo en paralelo al de Malek, le cogió con las manos por detrás de la cabeza acercándolo a su cara y los dos se quedaron frente a frente, mirándose a los ojos, gozando de sus gemidos, sabiendo que uno estaba dentro del otro, llevando al límite el significado de la palabra camaradería.

Malek tumbó la parte alta de la espalda en el suelo y dejó el culo en alto en el borde del sofá para que Lucio se lo taladrara desde arriba. Le estaba dejando el ojete como una rosa. En esa postura, Malek se cascó un cinco contra uno y el semen empezó a salir despedido de su rabo como una regadera, escupiendo lefa por todo su cuerpo y su cara.

Lucio no aguantó mucho más viendo ese espectáculo. Pensó que al sacar la polla se correría hasta sin manos, a punto estuvo, pero como no llegaba ese punto de felicidad, se la pajeó un poco y su lefa salió despedida con un primer chorrazo espeso y largo que subió hacia arriba y cayó con todo su peso sobre la cara y el cuerpo de Malek, que en cuanto se recuperó del primer lefazo en la jeta, abrió los ojos y pudo admirar la cantidad de semen que seguía saliendo despedido de esa enorme polla inseminadora.

Casi un minuto de intensa corrida, de felicidad invadiéndole el cuerpo, Lucio coló el rabo mojado dentro del culo de Malek, que descansaba en el suelo entre un charco de lefa y con una mano recogía un montón de leche que se había quedado depositada en la raja del culo y sobre su cuerpo. De nuevo Lucio se inclinó y se acercó a su boca para volver a probar de ella el sabor a plátano, pero esta vez a plátano y leche.

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