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Manuel Rios devuelve a Jack Harrer la follada sin condón y se corre en su cara | Bel Ami Online

Por si no os lo habíamos contado, si pretendes estar tranquilo en los sofás de los estudios de Bel Ami, que sepas que es imposible y ya como te eches la siesta sin los pantalones puestos, tú puedes estar muy cómodo, pero lo mínimo que puede ocurrir es que te metan una buena polla por el culo para despertarte. Vamos, que hay todo menos calma, todos con las hormonas revolucionadas.

Parece que Jack Harrer no ha aprendido, encima el tio va y se tumba a dormir la mona desnudo de cintura para abajo. Manuel Rios que pasaba por allí, no puede resistirse a ese culito suave y con un agujero super apretado, el gozo para su gorda polla que está rabiando por devolverle la gran follada que le metió el otro día.

Otra vez los dos desnudos a punto de pillar la cama. En cuanto se dejan libres los rabos, las manos van al pan y la intención de Jack es volver a quedarse otro ratito haciéndose una paja mutua, pero la de Manuel es la de penetrarle el culo cuanto antes. Le acaricia la entrada del ojete con el cipote, le mete el cabezón a pelo y se lo deja un ratito dejando que se acostumbre. Después de tantas pollas que le han metido, algunas gigantes, de todas formas Jack sigue sin acostumbrarse. Le chifla sentir una buena herramienta penetrando el interior de su cuerpo.

Entre follada y follada, todavía les ha quedado hambre de rabo. Jack se pone de pie sobre la cama como un rey y Manuel reza sobre su polla todo lo que sabe. Y ojo, que lo de rezar no va con segundas, es que lo hace. Rabo y huevos bien relamidos, pone a Jack de lado y le parte el culo en dos. Será un tio pollón, pero es delgadito y manejable, el chico perfecto para alguien más cachas como Manu.

Ese machote ya se encarga de todo, de follar y pajearle la polla mientras se la mete. Jack sólo tiene que relajarse y disfrutar, hasta que le empieza a sonreir la fortuna por la punta de la polla y su cuerpo termina bañado en leche. Sólo hay una zona a la que no ha llegado la lefa, así que necesita remediarlo.

Dicen que de todo se aprende y Jack es una auténtica esponja. Él también aprende a rezar comiéndose un rabo. A cambio recibe como penitencia el mejor de los castigos divinos, unos buenos manguerazos de leche caliente sobre su jeta y su boca, tan abundantes que le obligan a cerrar los ojos si no quiere quedarse ciego.

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