Damien Stone se obsesiona con su vecino Blaze Burton y termina metiéndole rabo | The Package | MEN

Obsesión era como se podría calificar lo que Damien Stone sentía por su vecino Blaze Burton. Y es que el cabronazo estaba buenísimo, con su cuerpazo atlético, su cara guapa, su barbita, todo en él se la ponía durísima. La cosa comenzó suave, como intentar salir de casa a la misma hora para coincidir en el ascensor y tener el mayor rato de intimidad y cercanía que podía conseguir

Poco a poco la obsesión fue a más. Hizo lo posible por descubrir a qué gimnasio iba y a qué horas. Hacía la tabla de ejercicios pero mirando de reojo a Blaze para ver el momento en que se metía en los vestuarios y seguirle. Intentaba disimular una vez dentro de los baños, cuando se desnudaba en la taquilla, aunque resultó ser de los que se ducha en casa, lástima que no le pudo ver en bolas. Es más, hasta descubrió a qué hotel iba en vacaciones para reservar habitación y poder estar a su lado.

Blaze apenas le había saludado unas cuantas veces. Podía haberse declarado de muchas formas, pero se le ocurrió una tan original como alocada: meterse desnudo en una caja grande y llamar a su puerta a primera hora de la mañana dejando una nota bien clara: “Olvídate de la caja de tu novia. Esta es la única que necesitas“. Por un agujerito, Damien se estaba poniendo las botas. Blaze estaba justo como había imaginado, con el torso desnudo y los pantalones vaqueros a medio poner por las prisas de abrir la puerta.

Lo que no se esperaba era ver que Blaze seguía una rutina guapa por las mañanas, masturbándose la polla en el sofá. Se puso tan cachondo observando a su chico soñado con el rabo pajeado en la mano, que metió la lengua por el agujero de la caja imaginando que le chupaba la minga. Una lengua tan larga no pasó desapercibida para Blaze, que enfadado, destapó la caja.

Fue fácil convencerle, siempre lo es cuando un tio está cachondo haciéndose una gayola y más si se te ofrecen a mamártela. El susto hizo que a Blaze se le rebajase un poco la empalmada, pero Damien lo dio todo para volver a ponerla recta y dura como antes. Sus habilidades como lingüista hicieron que Blaze le pusiera el culito para que se lo comiera también. Con lo que no contaba tampoco Damien era con que él iba a terminar siendo el que le petase el trasero.

Blaze resultó ser más gamberrillo follando de lo que esperaba. Atrás quedaba el tio serio y correcto. Se convirtió en un granujilla al que se le ponían los ojos en blanco al sentarse sobre una polla y que gemía como un condenado sin pensar en las paredes y los vecinos, dejándose llevar por el gustazo que sentía a cada momento mientras le atravesaban el ojal con una buena herramienta.

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