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Dos folladores venezolanos con rabos XL para un culito peruano cachondo de talla S | Bravo Fucker

En la fiesta latina, a Leo Sander se le acercaron dos maromos venezolanos que estaban super calientes. Con la tontería del baile y la cantidad de gente que había en la pista, se le arrimaron hasta meterle en un sandwich entre los dos como una loncha. Podía notar sus rabos duros bajo los vaqueros y no disimulaban rebozando las cebolletas por toda la parte baja de su cuerpo.

Empezaron a comerle la oreja y a susurrarle al oído que se fueran a los baños. Le habían puesto ya tan cachondo, que la idea de comerse dos pollas encerrado en un retrete le pareció de lo más cerdo y brillante. Los cabrones no llevaban ni calzones puestos, tenían los rabos sueltos por debajo de los calzones. Estaba claro que esa noche habían salido directos a cazar un culito. Tremendas pollazas tenían los dos, a cada cual más gorda y larga y con unos cipotes tan grandes que ya le llenaban la boca.

Les mamó las pijas con tantas ganas que llamó la atención del encargado que justo estaba echando una meada por allí, así que tuvieron que salir escopetados para continuar la mamada en otro lugar. Faysul y Robert tenían las escopetas tan caregadas que le propusieron hacerlo entre unos árboles cercanos, pero Leo les convenció para ir a su casa y además de mamada ofrecerles su culo para que se lo follaran. La idea les puso a mil.

Allí le tocó empezar de nuevo, pero no tuvo que levantarles nada, ya iban ellos con la tienda de campaña bien montada. Saboreó la picha del que vestía más pijito, toda morenota y gorda y de esa pasó a la del malote que vestía más informal, un pollote largo y duro que se le antojó tragar hasta los topes de lo rico que estaba. Mientras les chupaba las pollas, parecían tranquilitos, pero en cuanto cogieron confianza, la cosa se desmadró hasta el punto en que Leo se convirtió en una puta que se dejaba hacer por todos sus putos agujeros.

Se notaba que esos dos ya tenían experiencia cazando y follando en tándem. Ya se veía venir desde el bailecito. Uno miraba por el otro para asegurarse de que tenía bien cogida a la putita para que su colega se la metiera hasta las trancas por el ojete sin que pudiera hacer nada por escapar al reventón de polla que se le estaba metiendo por detrás.

El momento mágico llegó cuando simularon de nuevgo el bailecito, pero esta vez los tres desnudos, el roce de esas pollas duras, enormes y calientes rebozándose carne con carne. Le cogieron en volandas metiéndole entre los dos. Leo pudo sentir el roce de los dos rabos acariciándole toda la parte baja. Primero se clavó en la polla de uno. Le subían y bajaban. Después se sentó sobre la polla del otro. Se apretaron cuerpo con cuerpo contra él para evitar que cayera. Mientras uno se la metía, podía sentir el cipote de otra polla acariciándole el cachete del culo, esperando su turno para colarse por el hueco.

Le dieron una follada inolvidable, salvaje y loca que no olvidaría. Le abrieron el culo de par en par, hicieron de su ojete un recipiente donde descargar pollazos, le escupieron, le pisaron la cabeza mientras se lo follaban. Eran dos putos animales. Ni habiéndose corrido dejaron de divertirse con sus potentes y grandes rabos, depositando sus gordos cipotes sobre cada ojo del chaval dejándole ciego y pegándole unos hostiazos de polla super calentitos.

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