No hay agujeros prohibidos 1: Bo Sinn mete su gigantesca polla por el culo a Jax Damon sin condón | BROMO

Sueños de un boxeador bajo el techado de un puente. Jax Damon sigue siempre la misma rutina diaria, movido tan solo por tres cosas en la vida: el hambre, el sexo y la esperanza de convertirse algún día en un campeón. Sin nada que llevarse a la boca desde que despierta, su vida se convierte en una cacería constante que sólo frena brevemente cuando logra tener el estómago lleno, hasta que vuelve a tener hambre.

Por suerte, algo no le ha abandonado. Sigue estando bueno, muy bueno. A menudo acuden a él en la noche mujeres, no de las jóvencitas, sino maduritas más allá de los cuarenta. Buscan desenfreno, lujuria, algo prohibido en plena calle y Jax sabe darles lo que piden. Ha aprendido de uno de los grandes, ha aprendido que no hay agujeros prohibidos, que todo hueco puede ser penetrado si así lo desea.

Aprovecha la caída de la tarde para visitar a su ídolo Bo Sinn del que ha aprendido todas esas cosas. Boxeador y penetrador profesional. Fan de él y de su larga y gigantesca polla. Se queda viendo cómo da golpes al saco y espera justo al momento en que empieza a quitarse las vendas de los puños antes de ir a las duchas. Bo también espera que el chico no falle a su cita, porque no hay nada que le guste más que, recién sudado y relajado tras un combate, un tio le coma toda la polla.

Jax se acerca al ring, se pone de rodillas, le baja los pantalones y comienza a adorar con manos y boca esa polla a la que tanto aprecia, demasiado grande, enorme, como para acapararla entera. El rabo también le aprecia a él y han aprendido con el tiempo a ser grandes amigos. Un último combate antes de irse a la ducha. Jax se abre de piernas y deja que Bo le penetre hasta el fondo con su inmensa picha completamente a pelo.

Es enorme, grandiosa, le llena por dentro. Antes de irse, Bo le permite hacer unos juegos sólo permitidos entre chicos. Eleva una pierna dejando que Jax admire de un solo vistazo su culo, sus pelotas y su magnánima polla dura y por unos minutos se lo deja todo a su antojo para que coma y chupe lo que desee. Cuando se ha alimentado bien, se sube en lo alto del ring y desde allí arriba se hace de rogar para que le meta una lluvia de lefa blanca y calentita. Siempre mendigando a los demás, pero siempre consiguiendo lo que se propone. Y algún día llegará a ser un campeón.

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