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Channing Flynn regala su precioso culazo a Dio Ferrero para que lo haga suyo y se lo folle a pelo | MEN

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Llegar a casa con Channing Flynn, era el mejor momento para Dio Ferrero al final de un largo día. Le gustaba la forma en la que se dejaba dominar, cuando lo estampaba contra el armario ropero junto a la cama y le comía la boca. Se deshacía entre sus manos. Y quién le iba a juzgar por ello, si mucha culpa la tenía Dio, que siempre se le ponía tan dura tan rápido que un momento estaba dentro de los pantalones y al segundo siguiente ya la tenía por fuera, elevándose por encima de la cintura, sacando el periscopio.

Entre tanto amor y un masaje, todo empezaba a estar apretado dentro de los pantalones. Dio se los quitó a Channing. Si había algo que conseguía relajarle al instante después de un día duro en el trabajo, era poder ver y tocar con sus propias manos ese pedazo de culo de piel más blanquita que el resto de su cuerpo, cachas, redondito. Al elevar un poco las caderas para poder sacarle los pantalones, Dio se fijó en la empalmada que llevaba Channing. Con esa pollaza toda dura, larga y grande, además de ese culazo, no le extrañaba que lo tuviera todo tan apretado.

A él también empezaba a incomodarle la erección contenida, por mucho que la pirula se le estuviera escapando por encima de la cintura. Se desnudó completamente desnudo, descubriendo su jodido pollón enorme, duro y gordo. Lo que comenzó con un masaje con manos y codo, acabó con otro mucho más íntimo. Dio ya tenía los morros en la raja de ese culete, dándose al vicio. Le encantaba tener a Channing con las piernas ligeramente abiertas, poder verle las pelotas entre los muslos.

Qué bien se le abría y qué perrete se ponía cuando se ponía encima de él en posición de flexiones, restregándole toda la polla bien dura entre las nalgas. Era casi magia lo que conseguía con su varita, pero por mucha magia que fuera, nunca era suficiente para abrir un ojete apretado, así que Channing se giró ciento ochenta grados para chupar con su boca ese grueso pollón.

Le gustaba agarrarla por la base, darse de pollazos en la cara para sentir su fuerza, que Dio le diera tortazos en las mejillas, el gusto de jalarse una polla de las grandes. Le dejó encima la saliva suficiente como para aguantar un buen rato, se dio de nuevo la vuelta y le regaló el culo para que se lo follara a pelo. Entró enterita, de una sola tacada, todo ese largo y robusto pene dentro de él, sin condón, calentito.

Channing intentó mantener el culo en todo lo alto. Estaba de bruces bocabajo contra las sábanas, pero el culo siempre arriba. Y Dio no se lo ponía nada fácil, porque cada vez le daba más duro y más fuerte, encima de él, dominándolo, poniéndole bien tierno cuando le comía la oreja. Podía sentir su aliento en la nuca, el vicio escapando por su boca. Le encantaba ponerle así de perraco, que lo diera todo por ese culo.

Nadie le cocinaba el ojete como Dio. Se dio la vuelta, rodillas al pecho, abierto de piernas para su macho, culo al borde de la cama. Sintió cómo toda esa verga se iba hundiendo de nuevo dentro de su agujero, mientras Dio se lo abría más, si eso era posible, con las guarradas que decía. Le encantaba comentar la jugada, sentirse poderoso, preguntarle a Channing si le gustaba su jodida pollaza. Claro que le gustaba.

Lo que pasa es que a Channing también le gustaba jugar, ponerle a un tio las cosas difíciles, ver cómo esos fornicadores se convertían en perros persiguiendo un culo que follarse. Channing se fue al respaldo del sillón, levantó una pierna para dejar el culo abierto y al momento ya tenía a Dio detrás, doblando las rodillas para encontrar la postura exacta que le permitiera meterla.

El cabrón estaba ya sudando. Gemía como un guarro al meterla. Exhausto, se lanzó bocarriba en la cama, rabo en mano, meneándosela. Si lo que pretendía era tomarse un respiro, Channing no se lo iba a dar. Aprovechó la situación para subirse a la cama, hacer una sentadilla sobre las caderas de Dio y enchufarse su pollón a pelo sentándose encima.

A cabalgar se ha dicho. Channing se dejó la polla al viento, toda dura, meciéndose entre sus piernas, chocando contra sus perfectos abdominales bien marcados. Todo esto tragando rabo. Demasiado para cualquier tio. Se había envalentonado y ahora tendría que pagar las consecuencias. Un pajote con la mano derecha le dejó el puño mojado en leche y un sonrojamiento de gusto marcado por encima de sus mejillas.

¿Qué lugar elegiría hoy Dio para arrojar su esperma? Tenía mucho y bueno donde elegir. La carita, los pectorales, el abdómen. No, hoy ninguno de esos sitios, hoy como casi siempre tocaba el culo. Hizo ponerse a Channing a cuatro. Le gustaba esa postura porque dejaba a la vista el trasero del chico en toda su voluminosidad. Se puso al lado cascándosela efusivamente mientras le metía un dedo por el ojete.

Con tanta batida y tanto meneo de huevos, era cuestión de tiempo que la leche saliera sola. Se puso de pie sobre la cama soltando unos gritos y gemidos tremendos mientras se corría y soltaba su leche por todas partes. Parecía Tarzán encaramado al árbol más alto de la selva, proclamando a los cuatro vientos que aquel lugar era suyo y de nadie más. Pues tuyo sea.

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