Lasan suelta una corrida épica lefando hasta las cortinas del hotel | The Male Muse
Me hizo disfrutar de su corrida casi como si fuera la mía propia. Lasan me miró con sus ojazos. Estaban cargados de lujuria y placer. Estaba dentró de una bañera que habíamos colocado en el salón. Un lugar cómodo y a la vez morboso. Un instante después cerró los ojos, echó la cabeza hacia atrás, apretó los dientes, me juró que estaba a punto de correrse y empezó a soltar trallazos.
La leche salió disparada con fuerza dibujando líneas perfectas y blancas por todo su torso. Sus cojones sin duda estaban bien cargados. Creo que fue al segundo o tercer lefazo que arrancó con más potencia todavía y el esperma salió disparado más allá de su cabeza, contra las cortinas que tenía justo detrás. El sonido de la leche impactando contra la tela fue música para mis oídos. Una guarrada mayúscula.
Se soltó la polla, que ahora morcillona cayó hacia el frente entre sus piernas, larguísima, como una banana morenota. La leche surcaba el torso de ese cuerpazo atlético de color caoba, con pegotes blancos por encima de su ombligo, en el pecho, en su hombro. Vestigios de una corrida intensa y placentera. Todavía respiraba agitado pero de forma algo más relajada, congratulándose con el pedazo pajote que acababa de sacarse de la manga.
Me levanté. Seguía exhausto, con la boca entreabierta, exhalando suspiros de gusto. Se la cerré con un beso. Miré las cortinas. Efectivamente había lanzado tan fuerte que las había ensuciado y algunos pegotes las recorrían cayendo hacia abajo. Agarré la tela, acerqué la cara, saque la lengua y recogí su leche con la punta. Recogí la lengua y se me estremeció el cuerpo al sentir ese sabor saladito y amargo de su semen.
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fotografías por @The_Male_Muse













