Sir Peter y Marcelo Caiazzo meten doble rabo sin condón en el culazo del excitado y hambriento Serg Shepard | MEN
The Bachelor Weekend Part 4
La última fiesta de solteros en el chalet fue tal y como estaba prevista, todo un despiporre. Con la música a todo trapo y bajo la luz ténue, los chicos fueron perdiendo no solo la vergüenza, sino la ropa. Miraditas, besos, manos traviesas que iban al pan y al pandero, camisas abiertas que mostraban unos musculados torsos hechos para satisfacer necesidades urgentes.
A medida que pasaban las horas, la previsión de que al día siguiente todo acabara, fue como un detonador para ellos y poco a poco se fueron escapando por parejitas a las habitaciones para disfrutar de un último asalto. Los últimos tres que quedaron en pista fueron Sir Peter, Marcelo Caiazzo y Serg Shepard, completamente desnudos. Sir Peter y Marcelo bailaban cerca de Serg, empalmados, rozando con sus enormes pollas las caderas, el culete y el frontal del chico, poniéndole cachondísimo. Él les miraba a los ojos, luego a esos descomunales rabos, se los cogía con las manos, los masturbaba a la vez sintiendo su pálpito, su dureza, su calor, su impresionante tamaño.
Tenía el ojete del culo abierto no, lo siguiente. Necesitaba que esos dos tios se lo follaran a pelo a la de ya. Había amanecido. Salieron junto a la piscina. Serg se arrodilló en el sofá sentado sobre sus talones con Sir Peter y Marcelo a cada lado. Tras recibir un morreo de ambos, más con la intención de sudarle los labios para empezar a chupar que por cariño, se inclinó y empezó a mamar a lo grande.
Grande porque esas colas eran mastodónticas. La de Marcelo era puto larga y gruesa. Era la primera vez que Serg se la chupaba a otro tio que le llevaba tanta diferencia de edad y eso le ponía. La de Sir Peter fue… otra historia. Jamás había chupado un pene semejante, tan gigantón y grueso. Ya tenía ganas de zamparse una de esas que apenas te cabían en la boca, que te obligaban a abrirla a tope y ni con eso era suficiente del todo.
Luego estaban sus cuerpazos, una alegría para la vista. Madre mía el de Sir Peter, una puta gozada, uno de esos tiarrones bien armados con los que entra ganas de despertarse y de acostarse, de todo. Estaba fuerte, cañón, musculoso, con un torso plano de vicio y encima el cabrón iba por ahí con esa pedazo de polla colgando. Marcelo estaba bien cachas y luciendo un moreno que contrastaba con su atractiva barba canosa. Todo sumaba y el ojete de Serg se iba expandiendo sin fronteras.
Ahí estaban sus dos agujeros principales para servir. La boca fue para Sir Peter y su culito redondete y blanco para Marcelo, que fue el primero en clavársela. Al sentir todo ese rabo penetrándole el culo sin condón, Serg empezó a gemir de dolor y gusto sin poder gritar como quería, pues tenía la polla de Sir Peter metida en la boca. Qué gustazo le dio tener sus dos agujeros así de bien cubiertos por hombres que sabían cómo hacerlo.
Le entró un hambre descomunal de rabo. Estaba completamente salido. Se tragó la polla de Sir Peter con todas las de ganar. Sus babas ya resbalaban por el tronco del pene, por la parte que no alcanzaba a chupar de lo grande que la tenía ese cabrón. Se le hincharon las venas de la frente y se le puso la cara roja por el esfuerzo que bien valía la pena. Al darse cuanta del hambre que tenía Serg, Sir Peter le pasó una pierna por la nuca apretando con ella con fuerza hacia abajo para ayudarle y obligarle a tragar más.
Por detrás Marcelo le trató con cuidado hasta que dejó de hacerlo y le ensartó el culo como un pincho moruno. Durante un breve intervalo, Marcelo y Sir Peter se tumbaron en el sofá y Serg se puso a cuatro mirando en dirección contraria a ellos para chuparles las pollas. Era obligado tenerlas preparadas. Cambiaron de lado y puso el culo a disposición de Sir Peter. No iba a engañarse, Serg era consciente de que su ojete se había tragado grandes cosas, pero era la primera vez que le iban a taladrar con una de gran calibre como esa, así que no las tenía todas consigo.
Fue sentir la cabeza de su pirulón toda calentita en el agujero y se le abrió el apetito. Entró de lujo y volvió a gemir, esta vez exhalando sus gemidos apagados con la polla de Marcelo en la boca. Sir Peter se subió al sofá, arropó el culazo de Serg entre sus grandes y fuertes muslos y lo protegió como mejor sabía, a pollazos, metiéndole toda la barra a pelo y encasquetándole los cojones en la raja. La imagen desde atrás con Sir Peter azotando ese culo una y otra vez era hipnótica.
Volvieron a las andadas. Marcelo se la volvió a enchufar por detrás, solo que esta vez se inclinó hacia adelante. Serg pudo sentir el calor y la fuerza de ese torso imponente en su espalda, la mirada de ese tio con su cara cerca de la suya, viendo cómo se comía la polla de Sir Peter. Entonces a Serg se le ocurrió una cerdada propia de alguien que está dispuesto a probar todo. Se sacó la polla de Sir Peter de la boca, con todas sus babas colgando y se la cedió a Marcelo para que se la chupara.
Joder, joder, joder… ver a ese tio de barba cana comiendo un rabo tan grande le puso perraco. Además tan cerca, que podía escuchar el fru fru de sus laboios sobre la piel, oler el aroma a polla mojada de saliva, escuchar su respiración por la nariz. Se le excitaron todos los sentidos por partida doble.
Le pusieron a cuatro. Sir Peter jugó con su culito escupiéndole enmla entrada, masajeándosela con la yema de los dedos, metiéndole los dedos. Por si todavía no estaba lo suficientemente abierto. Le estaba preparando para que Marcelo se subiera al sofá y le hiciera suyo. En cuanto Marcelo la sacó del agujero, Sir Peter se lo rellenó de nuevo y, con el chaval en brazos, se tumbó en el sofá dejando a Serg sobre sus piernas cabalgando de espaldas.
Marcelo no podía esperar su turno. Se aceró a Serg que en ese momento estaba siendo follado por Sir Peter. Serg estaba abierto de piernas. Marcelo se hizo un hueco como buenamente pudo. Serg vio lo que estaba a punto de suceder y le entró tanto miedo como lujuria. Si una ya entraba justa, no quiso imaginar las dos a la vez. Pero cuanto más se acercaba Marcelo con el rabo en la mano apuntando hacia su culo, más dilataba.
Hostia puta. Era la primera vez que se la metían a dobles y qué dolor y qué gusto daba a partes iguales, como si le estuvieran destrozando el ojete. Marcelo llevaba el ritmo impulsando su chota dentro del culo, haciéndola resbalar por encima de la de Sir Peter, las dos juntitas, apretadas. Serg quería seguir, quería a los dos dentro de él, pero fueron Sir Peter y Marcelo los que le dieron un descanso tumbándose uno al lado del otro en el sofá. Marcelo se subió a él y dándoles la espalda, saltó de uno a otro pajeándoles las pollas con el culo, dejando que se pusieran cachondones admirando ese culete subiendo y bajando, tragándose sus pollas.
Después de eso, aprovechando que Serg se puso de pie calmando el dolor de su culo pero todavía con ganas de que lo destrozaran vivo, Sir Peter y Marcelo prepararon la despedida juntando sus muslos, sus culos y sus rabos de tal forma que Serg solo tuviera que subirse al sofá, hacer una sentadilla y tragarse por el ojete de nuevo las dos pollas juntas.
Antes de hacerlo, Serg las engrasó bien con sus babas. Ahora era él quien tenía el poder de tragarse cuanto quisiera, sin límites. Era le peso de su cuerpo el que empujaba hacia abajo y decidía. Se sentó a tope, hasta calzarlas todo lo que pudo dentro de su ano. Le dio tanto gusto que se corrió encima. La lechecita blanca empezó a salir de su pija como lava, resbalando entre los dedos de su puño. Qué gusto le daba.
Salieron de su interior. A Serg se le quedó una extraña sensación de necesidad en el ojete, como si este tuviera voz propia y le pidiera más, pero pronto se le pasó cuando vio donde esos dos querían correrse. Les tenía uno a cada lado, pajeándose con fervor apuntando hacia su jeta. Marcelo profirió un profundo gemido de gusto y acto seguido disparó una salva con un lechazo cargado que salió despedido por encima de su cara, el resto con menos potencia, mojándole la mejilla, cayendo sobre su pecho y su hombro.
Sacó la lengua chupándole la lefa que le quedó entre los dedos y en la punta la polla. El saborcito salado y amargo le hizo cerrar la boca para saborearla. No le dio apenas tiempo, porque Sir Peter estaba aflojando tinta encima de él. Menuda calidad de semen, del bueno. Le salió por la tremenda raja de la punta del rabo en cantidades ingentes, resbalando por el cipote, por el frenillo hasta caer encima de los morros de Serg, que instintivamente abrió la boca para dejársela llenar de leche.
Acabó con la boca, los morros, la mandíbula, el cuello y los hombros llenitos de lefa y esos dos no paraban de aporrearle la cara con sus enormes pollas recién corridas. Al saberse tan sucio, Serg zorreó con ellas sacando la lengua, pasándola de una a otra, lamiendo las sobras. Cogió una con la mano sobándola para recoger la leche que tenía encima y se metió los dedos en la boca. Hizo lo mismo con la otra. Se quedó mirándolas a un palmo sobre su jeta. Todavía estaban duras y calientes, rebotando arriba y abajo, soltando la última carga.
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