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Telenovela. Capítulo Cuatro: Ken Summers conquista las pollas de los hermanastros Viktor Rom y Emir Boscatto y del Dr. Lucas Fox | MEN

Cuando el jovencito Ken Summers tenía catorce años, descubrió los grandes misterios que se encerraban tras una paja. No tardó en compartir esas impresiones con sus compañeros de escuela que, curiosamente, hacía poco habían descubierto lo mismo pero les daba vergüenza contarlo, mientras que los que aún no lo habían hecho, no duden en que lo experimentarían esa misma tarde tras dejar la mochila en la cama.

Cuando con su grupo de amigos pasó de ir a pubs de adolescentes a ir a los de adultos, descubrió en los baños la experiencia que cambiaría su vida. Eran altas horas de la madrugada, apenas quedaba nadie en el local, fue a los meaderos antes de emprender el viaje de regreso a casa cuando un hombretón que le sacaba unos veinte años, apuesto y con un cuerpazo, se puso a mear justo a su lado, se bajó la cremallera y, no sin esfuerzo, se sacó una polla increíblemente gorda.

Ken no pudo apartar la vista del pollón y del conjunto que formaba con todo ese hombre, mientras este se la zarandeaba después de echar la meada. El hombre se dio cuenta, miró hacia la puerta por si venía alguien, se llevó a Ken hacia un retrete, le puso la mano detrás de la cabeza y apretó hacia abajo para hacer que se agachase y se la empezase a comer. La vida de follacoños con la que Ken alardeaba frente a sus amigos, acababa de pasar a mejor vida.

El colegio público se convirtió para él en un club de citas. No había día en que se comiera el pollón de un profe bajo la mesa o se llevase al cuarto de herramientas al empleado de mantenimiento. Hasta algunos profesores empezaron a tener envidia, se chivaron a las autoridades y Ken terminó viviendo en la casa de un tutor que también acabó con la polla bien dura y pelada. No había hombre que a Ken se le resistiera.

Y aquí estamos amigos, en la gran mansión del placer… perdón, en la casa de Ken, con Viktor Rom, el hermanastro del tutor que trabaja para la seguridad, babeando ante este irresistible encanto, viendo su cuerpecito fibrado en camisa de tirantes blanca y desnudo empapado en el sudor del verano, perdiendo los huesos por el chaval y declarándose a él… hasta que llegó su tutor legal Emir Boscatto y encontró a su hermano sobre le chaval a punto de follárselo y le increpó que sedujese a un chico tan jovencito. Como sacado de una telenovela.

¿Recuerdan al doctor Lucas Fox? Sí, el mismo que por una casualidad del destino terminó tumbado en el suelo, desnudo, mientras otro hombre caía por accidente sobre su polla y se la cabalgaba antes de ser sorprendidos por la pareja de este último. Pues suerte que llegó, para confirmar que ni ese chaval era del equipo de los sub 20 y para que se descubriese que Ken era en realidad un especialista enamorando a los hombres.

Todos se confesaron y Ken terminó entre esos dos hombres, con el culo abierto a sabiendas de que esa sería la primera vez que se lo haría con dos hermanos, con esas dos cabezas masculinas apoderándose de su boca y de su cuello como animales deseando conquistar a su presa. Los dos se levantaron a la vez y para entonces ya tenían unos grandes bultos en los pantalones. Era parte de la magia que Ken provocaba en los hombres.

Sacó primero el de Viktor, un pollón gigantesco, morenote y gordo. Lo apretó entre sus labios y después fue a por el de Emir. Si de pequeño tenía varios sobres de cromos para abrir, no había visto todavía los de un sobre cuando ya iba a por el siguiente. Ahora intercambiaba los cromos por pollas. Los dos hermanos le azotaron con los grandes rabos en la cara mientras el impertinente Dr. Fox intentaba unirse a la fiesta. Al fin y al cabo, gracia a él estaban todos follando ahora, ¿no?

Mientras su tutor legal agradecía al doctor sus pesquisas agachándose y comiéndole la salchicha, Ken se puso las botas con la polla enorme de Viktor. Era tan gorda, tenía unos huevos colgando tan grandes y duros y le llenaba tan bien la boca que intentó tragar más de lo que debía y acabó llorando de amor. Desvistió a su macho que se puso de pie y por primera vez advirtió que no lo había visto todo en relación a los hombres. Pedazo rabo de toro, una verga destrozaculos de primer nivel.

Viktor hizo bajarse los pantalones a Ken y que se pusiera a cuatro patas en el sofá. Se pajeó la enorme y gorda verga con una mano mientras la otra la plantaba en el culito suave y precioso del chaval, sacando a pasear uno de sus dedacos por la raja y el ojete. Ahora comprendía por qué su hermano se pasaba tantas horas en casa. La de lefa que debía haber dejado sobre ese monumental trasero.

Los dos hermanos se pegaron una comilona de culos y a la par se pusieron de pie para follárselos. Ken y el doctor que de pequeño le daba un chupa chups antes de ponerle la inyección, los dos frente a frente mirándose a la cara, gimiendo como zorras, penetrados por un buen par de vergas.

Con tres hombres en su poder, a Ken se le destapó un abanico de posibilidades y su primer movimiento fue que Viktor se follase a su hermanastro. Cuando le estaba desvistiendo, ya había visto la cara de vicio de Emir observando la enorme polla de su hermanito, así que no le costó que arquease la espalda y se dejase dar por detrás con fuego de familia.

Pero Ken, aparte de juguetón, era de todo menos tonto. Les manipuló para acabar tendido, con esos tres hombres a su merced, uno dándole por el culo, el otro metiéndole la tranca por la boca y el tercero esperando su turno a pajas. Los dos hermanos le montaron como putos y a Ken se le fue la fuerza por la polla cabalgando sobre el machote de Emir.

Lo que más le gustaba a Ken después de una buena follada, era el momento feliz en el que los hombres le regaban con la leche de sus cargados cojones. Se puso de rodillas en medio de la la habitación con esos tres hombres pajeadores rodeándole con sus rabos duros. El doctor, al que le daba vergüenza correrse en su cara, prefirió correrse en su pechito, aunque Ken se las apañó para que, en uno de los últimos espasmos, algunos mecos cayesen en su viciosa lengua.

Su tutor legal le dejó una buena lechada por el cuerpo, el cuello y la cara. El muy cabrón se entregó a la causa, a fin de cuentas era el que tenía mayor responsabilidad… legal. Viktor llegó avisando sobre su cara y de su enorme verga brotó leche a punta pala, metiéndole una lluvia blanca de cojones, con un lefazo final espesito y jugoso, directo a la boca, que le supo a gloria bendita. Su médico ya era consciente de que Ken había dejado de ser aquel pqueñín inocente y dos hermanos reconciliados. Final feliz para una telenovela.

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