Nicolas y Juanjo hacen match en las duchas, se comen las pollas, se follan sin condones y se echan la leche encima | Latin Leche X Say Uncle
You Have a Nice Body, But Do You Know How to Use It, Papi?
A esas horas en el gym, Juanjo solía estar solo cuando pasaba a las duchas, o mejor dicho, la ducha. Sí, porque de las cuatro que estaban en fila a lo largo, sólo funcionaba la primera, la que quedaba justo al lado del urinario. ¿Qué significaba eso? Que como entrara otro a ducharse tenía dos opciones, o esperar su turno y salir a hacer unas cuantas series más de ejercicios para seguir sudando y no quedarse frío o elegir la opción más adecuada, compartir el chorro de agua.
Eso fue precisamente lo que terminó haciendo Nicolas. Entró mirándose al espejo, atusándose el pelito, admirando lo que estaba consiguiendo con su musculatura, qué coño, recreándose directamente la vista con su propio cuerpo y haciendo una de las cosas que más le gustaban del gym, observar los cuerpos desnudos de otros hombres.
El de Juanjo llamó su atención al instante. Nic solía mirar por el rabillo del ojo, pero cuando un tio estaba bueno, no tenía vergüenza y miraba directamente, paseando la vista por todas las partes quele molaban. Juanjo estaba riquísimo con ese pelazo corto, una cara atractiva y varonil, un torso musculadito al que se le marcaban los abdominales, el pechote bien peludo y esa línea de vello que le bajaba hasta el ombligo, perdiéndose luego en un abundante bosque de pelazos negros que no impedían ver el tronco que le colgaba entre las piernas, bien guapo.
Después de preguntarle si el agua estaba demasiado caliente, algo innecesario pues ya se veía que estaba todo lleno de vapor, se quitó la toalla y pasó a las duchas. Esa era una de las mejores partes de las duchas del gym, que eran tan estrechas que al final, inevitablemente, como uno tuviera que entrar o salir, o lo hacía de espaldas mirando hacia la pared y rozaba su culo con el del otro tio si este estaba mirando hacia la ducha o si lo hacías de frente acababas rozando el culo del otro tio con tu minga.
Seamos sinceros, a no ser que estuvieras solo, al final ahí acababas rozándote todo con todos. Justo al pasar por detrás, Juanjo se echó un poco hacia adelante para dejarle hueco. Eso no iba a impedir que le rozara, pero a Nic le apeteció, por lo que sea, rozar ese culazo que tenía Juanjo con el rabo y lo hizo a lo grande, recreándose al pasar por detrás de él, toma ahí todo el rabo dándole un buen repaso al culo pasando por su nalga izquierda, luego su raja y luego la derecha.
Se quedó bien a gusto el cabrón y luego se pegó a Juanjo buscando el chorro de ducha. Juanjo parecía incómodo con la situación. Se separaba para dejarle espacio y no paraban de lanzarse miraditas. Juanjo parecía darse cuenta de que ese tio iba buscando algo más, así que se retiró hacia el espejo toalla en mano, secándose y arreglándose el flequillo. Nic lamentó haberle incomodado si es que había sido así, pero no pensaba dejar escapar la oportunidad de intimar con un tiarrón así de buenorro.
A bocachanclas no le ganaba nadie, pero era una estrategia que siempre le había funcionado. Se acercó a Juanjo y empezó a preguntarle si nunca había pensado trabajar en una agencia de modelos, porque tenía cuerpo para ello. Juanjo le respondió por deferencia. Nic acompañó las palabras con gestos, alargando el brazo, dándole la vueltecita para verle el culo, tocándo sus pectorales y luego… luego le plantó la mano por debajo de la picha y los huevos y se los sostuvo haciéndolos rebotar.
«Por favor que no se me asuste, que no se largue«, pensó para sus adentros Nic cuando se atrevió a hacer eso. Por las reacciones que había tenido Juanjo en las duchas, eso habría sido lo esperado, pero Nic se sorprendió cuando a Juanjo pareció gustarle el contacto de esa mano amiga, el tio le pasó una mano por la espalda como si fueran colegas de toda la vida y cruzó el brazo derecho para tocarle también la colita a él.
El rato de timidez inicial duró apenas unos segundos. Nic le robó un beso y acabaron morreándose con los cuerpos bien pegados, como si se hubieran estado deseando siempre. De nuevo Nic sorprendido para bien cuando Juanjo tomó el control, se inclinó para comerle los pezones y le estampó contra la pared de atrás. Parecía que había despertado a la fiera.
La cosa se estaba poniendo dura por ahí abajo. Los dos lo notaron. Retiraron sus cuerpos un momento para ver cómo las tenían y se masturbaron cogiendo la del otro. Nic ya estaba empalmadísimo, Juanjo lo vio y se agachó para comérsela. Ver a Juanjo mamársela y luego levantándose de nuevo para besarle con la misma boca que le había comido la polla, le puso cachondísimo. Nic se agachó y le devolvió el favor.
Lo que se encontró fue un pedazo de pollón bien gordo y grande que apenas le cabía en la boca, pero se lo mamó como un pro. Los dos estaban a tope y Juanjo abrió la competición por ver quién la chupaba mejor agachándose de nuevo y colocando la cabeza de la forma que fuera necesaria para acabar teniendo toda la polla entera de Nic dentro de la boca, dejándola pasar por su garganta. Nic estaba seguro de que había atravesado un camino apretado, más allá de su campanilla, porque teniéndola tan larga, dura y venosa, era imposible que un tio se la hubiera metido así dentro hasta los huevos y no haberlo hecho.
¿Y si? Fue la pregunta que se hizo Nic en su cabeza. Él solía tener el control, él solía ser el fornicador, el activo, pero algo le decía que las cosas podían cambiar ese día. Se dio la vuelta mirando hacia la pared, alzando los brazos poniéndolos en ella en alto, como si acabara de entrar la pasma y le estuvieran cacheando. Sintió el apetito de Juanjo por su culo, el hambre con el que se lo comía, cómo le desplegaba las nalgas con las dos manos para devorarle la raja.
Por si acababa sucediendo lo inevitable, Nic se giró, se agachó y le mamó bien la polla. Ahora la tenía incluso más dura, más grande, más gorda, con un pedazo de cipote flipante bien descapullado. Lo intentó también, meterla por su garganta, pero era demasiado gruesa. Al menos sintió los pelazos de la base acariciándole el bigote, metiéndose por sus fosas nasales con el rabo rellenándole bien la boquita.
Fue esa una de las pocas veces en las que Nic pensó que la rutina o era tan mala, porque estuvieron un buen rato comiéndose las pollas por turnos, girándose mirando hacia la pared y abriendo la raja del otro para comérsela y entre medias de todo eso, unos buenos morreos antes del intercambio. Se gustaban, les gustaban sus caras, sus cuerpos, sus rabos, estaban deseando hacerlo, lo estaban haciendo.
Puede que todo ese tiempo lo necesitaran para descubrir quién iba a follarse a quien primero. Al final el que ha nacido para empotrar lo sabe y Nic sabía que se lamentaría de por vida si no volvía a tener a ese tio en esa situación y no le follaba el culo, porque lo tenía despampanante. Redondito, blanco, masculino, musculoso. Era tan acariciable que podía correrse sólo con rozarlo con la mano. Le dio la vuelta y le puso mirando contra las duchas. Juanjo echó el trasero hacia atrás, lo cual dejó poco espacio a Nic para maniobrar en un lugar tan estrecho. Palmeó las nalgas con su rabo bien duro, le agarró bien por las caderas y por fin le penetró sin condón.
Se quedó unos segundos con las caderas pegadas a su culazo, toda la polla dentro, un mar de sensaciones agradables. Empezó a darle por detrás a buen ritmo. Ay cómo gemía el cabrón, entreabriendo esa boquita guapa rodeada por los pelazos de ese bigote y esa barbita rubia. Por supuesto no se estuvo quieto. Comenzó a meter culeadas hacia atrás a lo bestia, tragando rabo. Nic no podía quitar la vista de ese maravilloso culo bombeándole. Era una delicia.
Junto al espejo había un banco. Se sentaron juntos y se dieron el lote. Nic no esperaba engancharse tanto de ese tio. Cada vez le parecía más atractivo y el que fuera tan decidido le gustó aún más, tanto como su pedazo de polla, que seguía ahí larga, enorme, gordísima. Nic se inclinó hacia su lado y le hizo una buena mamada. La mano de Juanjo apretándole el cogote, obligándole a tragar hasta las pelotas.
A tomar por culo. Sin pensárselo dos veces, Nic se entregó a ese tiarrón. Se levantó del banco, le dio la espalda, se escupió en la mano llevándola hacia la raja del culo para engrasárselo y, subiendo un pie al asiento para quedarse abierto de piernas, hizo una sentadilla y se metió todo ese pirulón a pelo por el ojete. Uff, qué buena. La sintió bien adentro al sentarse sobre ella y empalarse.
La postura le permitía cabalgar viendo la cara a ese machote. Qué rico estaba y ahora además le tenía dentro. No le iba a poner las cosas fáciles. Le dejó poco espacio entre el asiento y su culo, pero se manejó bien. Regresaron a las duchas donde dieron rienda suelta a su versatilidad e, igual que estuvieron comiéndose las pollas por turnos, decidieron hacer lo mismo follándose. Nic creía ser el mejor en eso, pero descubrió que había tios ante los que tená que rendirse. Juanjo no solo follaba, Juanjo te hacía el amor, te hacía desear tenerle dentro. Era su cara atractiva, los pelitos de su bigote y su barba, la pasión que ponía, la forma que tenía de darte por detrás, plantarte la mano en la cabeza para que no escaparas, acercar su boca a la oreja y susurrarte en ella sus gemidos de gusto.
En cuestión de tiempo, fue Nic el que pasó más rato con el rabo de Juanjo dentro de él. Nic no recordaba con ningún otro tio que antes hubiera sido así. Él siempre daba y remataba primero. Pero ahora era Juanjo el que le tenía enganchado, el que se estaba desquitando ahí de pie en mitad de las duchas. Sacó el rabo del culo, se lo pajeó y la leche empezó a brotar de su grueso pollón saliendo por la raja del capullo a borbotones, resbalando por el cipote, por el tronco de su pene, por el puño con el que la tenía bien agarrada. De tanto meneo, el puño acabó empapando las nalgas de Nic con toda esa lefa.
Y Nic no podía hacer otra cosa que disfrutar, pues sabía bien el gustazo que daba someter a un tio para luego lefarle el pandero dejándole tu marca, señalado como una putilla. Juanjo volvió a meterle el rabo corrido y siguió penetrándolo hasta que la picha se le quedó floja. Ahora él era la putilla, pero seguía prendado de la cara de ese tio y hubiera sido pecado no hacer lo que iba a hacer. Se incorporó y le pidió que pusiera la boca. Juanjo se agachó sin remilgos y se quedó mirando hacia arriba, abriendo la boca y sacando la lengua.
Nic no podía creer que fuera a correrse en esa carita que tanto le había molado. Verla ahí abajo toda para él le llenó los cojones de leche, pero lo que terminó por encender la llama de sus pelotas fue la miradita que le lanzó Juanjo desde abajo. Ayyy, toma cabrón. Le salió toda la leche y se la dejó sobre la lengua, empapó con ella su bigotito. Juanjo lo recogía todo y se lo chupaba.
Le encantó cuando se puso de pie de nuevo, porque el tio se limpió la boca con la mano como el que acaba de mancharse la boca de nata, pasándose el dorso de la mano por ella. También le gustó que, con todo su semen en ella, se atreviera a regalarle un último morreo, dándole a probar de su propio esperma. En las taquillas, Juanjo le pidió el número de teléfono por eso de la agencia de modelos. Nic no le contó la verdad en ese momento, le dijo que se veían fuera y se lo daba. Si hubiera tenido una agencia de modelos, Juanjo estaría el primero de su lista, desde luego. Le miró a la cara y luego a su polla borracha ahí toda gorda colgando corrida entre sus piernas. La tenía enorme. Menudo chulazo había pillado en las duchas del gym. Ni en sus mejores sueños.
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