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Bastian Moreyra y Luke Gaudi se pajean y follan a pelo dentro del coche | Dick Rides

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Eran sus primeras carreras como taxista, pero Luke Gaudi se estaba acostumbrando a la zona y a sus clientes. Desde hacía unos días, venía notando que se producían muchas solicitudes para una zona en concreto en la que siempre se montaban chicos, hasta que descubrió que era una zona de cruising, cuando en plena explanada, vio a un tio chupársela a otro de rodillas. Qué cojones, se le puso bien dura, acercó el coche lo máximo que pudo sin llamar la atención y se cascó una paja mirándoles.

Desde entonces había montado en la parte de atrás de su carro a montones de chicos. Algunos sin camiseta, otros con los pantalones y la remera con chorretes de lefa reseca. Como buenamente podía, se acomodaba la empalmada bajo los calzones y seguía conduciendo. Jamás se había atrevido a pedir nada a ninguno de esos chicos y tampoco a internarse en la zona buscando tema, hasta que apareció el chico adecuado.

Bastian Moreyra era todo un adonis que enseguida le entró por los ojos. Sonrisa bonita, guapísimo, ojazos, muy moreno, con las cejas bien marcadas, bigotito y perilla con pelusa. Parecía lucir buena musculatura bajo la camiseta blanca que llevaba puesta y estaba tatuado. Fue el chaval el que le preopuso jugar un poco a cambio de que le diera cinco estrellas para mejorar su negocio. Luke sonrió. Ese chico no se andaba con rodeos.

Aparcó en una zona a salvo de miradas y tráfico. Bastian se cambió al asiento del copiloto y empezaron a jugar. Dios, el corazón latiéndole a mil por hora de los putos nervios de tener a ese guaperas en el asiento de al lado, tan guapo. Le puso la mano en el muslo, deseando tirar para arriba. Bastian se giró y le metió un buen morreo con lengua que lo dejó expuesto.

Ese intercambio de babas, de gustosidad, de roce de bigotitios peludos, le puso cachondo y le hizo comprender que no había nada comparable a hacerlo con otro tio. Era lo puto mejor. Licencia para tocar, para hacer cualquier guarrada que se tuviera en mente. Le levantó la camiseta para ver sus abdominales, le metió la mano por debajo de los pantaloncitos cortos, descubriendo que no llevaba calzones y le tocó la cola. Cogió la mano del chaval y le hizo tocársela también.

Ya la tenía casi durita. Se la sacó, larga como una longaniza, con el capullo cubierto. Tras un beso que Bastian aprovechó para mojar sus labios, se inclinó sobre el asiento para chupársela. Le puso como una moto, la polla más dura que una roca, toda tiesa, Bastian mamando entre él y el volante, succionándosela bien entre los labios. Además de estar buenorro, tenía buena boca el cabrón.

Se la tragó hasta las pelotas. Luke le dio unos cachetazos con la mano en los mofletes, empujando hacia arriba con el culete, penetrando su boca. Ahí parados en el coche, arropados bajo un árbol, escuchando el apacible sonido de la naturaleza, el soniquete de los labios de ese tio comiéndole la tranca. Luke creyó que no iba a aguantar mucho tiempo sin pringarle la jeta, pero entonces Bastian se incorporó en su asiento, se bajó los pantalones y en cuando Luke vio su picha no pudo resistirse.

Se inclinó y le devolvió la mamada. Le gustó que la tuviera morcillona, todavía blandita. Le iba a hacer un buen trabajo hasta dejársela dura. Empezó a ponerse gordita, con un deslumbrante cipote, toda venosa. Se la zampó y Bastian le cogió de la cabeza alzando el culo del asiento, follándole la boquita. Qué buiena estaba esa polla. En un alarde de locura, se la paseó por toda la cara sintiendo la erección y lo caliente que estaba en la frente, en la nariz, en las mejillas. Le cogió las pelotas, bien grandes, y se las sobó entre los labios.

Entre mamada y mamada, se besaron y pajearon juntos. Si Bastian decía que salieran del coche, Luke salía. El chico se bajó los pantalones cortos por debajo del culete, se metió a cuatro patas en el coche y dejó su pandero justo al lado de la puerta del copiloto para que Luke lo penetrara. Era realmente precioso y redondito. Luke empujó su polla recta por la base con el pulgar, obligándola a enderezarse hacia el frente, apuntando hacia ese culazo. Joder qué justita entró y qué gusto le daba ver cómo entraba y salía por el agujero, toda desnuda, a pelo.

A falta de lubricante, apoyado en el techo del coche, soltó unos gapos desde arriba que cayeron directos a su polla. Era flipante lo bien que entraba y lo bien que conjuntaban su polla y ese trasero. A saber cuántos se lo habían follado antes de montarse. La idea de que le hubieran preñado y estar follando sobre la corrida de otros tios, le puso más cachondo todavía.

Bastian recibió un pollazo tras otro ahí metido en el carro. Luke le preguntó si le gustaba. Como para no gustarle. Miró hacia atrás respondiéndole, aunque no hacía falta y se fijó en el torso del taxista que estaba cañón. Con las camisetas puestas no había podido apreciarlo, pero ahora sí se fijó y se abrió más para él al ver sus pectorales, los tiesos pezones de sus tetillas, esa frondosa línea de pelo que nacía en ellos y bajaba hacia abajo toda recta, hasta su sexo.

¿Cuánto le había durado el último? Apenas dos minutos. Luke le estaba durando la hostia, el tio tenía aguante. Luke metió la cabeza dentro del coche y se dejó caer sobre la espalda de Bastian. Quería ver de cerca esa cara tan guapa mientras se metía dentro de él, sentir su aliento, sus gemidos en la boca, compartir la excitación. Quería ver a dese chaval cabalgando sobre sus piernas.

Se sentó en la parte de atrás, puso recta la polla y Bastian enseguida supo lo que tocaba. La engulló con su culazo y empezó a saltar dando la espalda a Luke, echándose hacia atrás, abrazando la cabeza del taxista con su brazo izquierdo. Hicieron de nuevo lo mismo, solo que esta vez enfrentándose al placer, frente a frente, sin apenas espacio.

Luke sentía que se le iba a salir la leche por momentos. Es apostura era bestial. Tuvo que poner las manos en el techo para controlarse, incluso apartar un rato la vista de lo que estaba sucediendo en la parte trasera del coche. Ese chaval tan guapo moldeando su pollón duro con el agujero del culo, el rabo y las pelotas rozando su abdómen, los dos desnudos, más calientes que el palo de un churrero, un calor que se incrementaba por momentos debido a que estaban dentro del coche.

Qué bueno estaba el chaval. Luke se vio con fuerzas para tomar la iniciativa y meterle una buena follada. Levantó el culete del asiento y le metió una buena tunda desde abajo, obligando a Bastian a apoyarse en los cabeceros de los asientos de delante. Acabaron el juego con una paja entre colegas en los asientos de atrás, comiéndose las bocas mientras lo hacían.

La paja de Luke salió sola. Un buen disparo al pecho y una hilera de leche espesa mojando los pelitos de su torso desde arriba hasta los pelos de la polla. Cómo se la gozó, con la polla bien dura en la mano, sin dejar de menearla y sacar hasta la última gota. Un pajote de los buenos, de los que te dejan temblando. Bastian se inclinó para chuparle la pija corrida y, con los labios suaves, subió a besar a Luke, haciéndole probar su propia leche. Bastian le prometió cinco estrellas por el buen servicio. Luke le pidió dejar también un comentario.

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