Jon Ryder y Tripp Tallon sacan del armario a Dex Devall metiéndole una follada a pelo y preñándole el ojete peludo | Family Dick X Say Uncle
Morning Wood? You’re Ready to Take It Like a Man!
Con la taza de café en una mano, la preocupación acudió a la cara de Jon Ryder al hablar con su amigo Tripp Tallon acerca de los hijos de ambos. A la edad de Dex Devall, otros chicos habían tenido amigas especiales que habían llevado a casa, era ley de vida, pero con Dex eso no había sucedido. Sin duda había signos inequívocos por toda la casa de que estaba creciendo. Más de una vez había recibido una mala respuesta al entrar al baño cuando estaba ocupado, o en su habitación si la puerta estaba cerrada e intentaba abrirla y entre su ropa sucia se encontraban calcetines y calzoncillos que claramente había lefado, voluntaria e involuntariamente.
Que no hubiera llevado a ninguna chica a casa todavía, le hizo pensar si sería gay. Tripp comprendió su preocupación y le prometió que tendrían con él una conversación de hombre a hombre, que le ayudaría en cuando llegara del intituto. Sentaron a Dex en el sofá diciéndole que tenían que hablar de un tema serio. Y joder, cuando Tripp le dijo que tendrían una conversación, imaginó que le iba a quitar el marrón de tener que preguntar a su hijo si le iban los chicos, no que se levantara, se sacara el rabo por la bragueta y le preguntara si le gustaba lo que veía.
Joder macho, es que hasta un tio que no fuera gay, al ver levantarse a ese tiarrón corpulento de casi dos metros y sacarse esa chorra larga y gruesa colgando junto a los huevos, se habría vuelto gay en ese mismo momento. No le bastó con preguntar si lo que veía le gustaba, se aseguró de ello cogiendo la mano de Dex y conduciéndola hacia su rabo. En cuanto el chico le tocó la polla masajeándola por debajo, tuvo claro que le iban los rabos, pero también tuvo claro que a su padre también, porque nada más ver a su hijo sobando la polla de otro, apretó las piernas hacia adentro intentando esconder la erección que acababa de tener.
No era así precisamente como se imaginaba tener la primera conversación sobre sexo con su hijo. Tripp desveló su secreto, animando a Dex a tocársela a su padre, revelándole que se le había puesto bien dura. «¿Me dejas papá?«, preguntó Dex. Consciente de que no debía hacerlo, pero con ganas de que sucediera, Jon retiró sus brazos y dejó que su hijo colocarla la palma de la mano sobre su paquete, deslizándola por toda la erección. Qué gustito le dio eso.
Dex tenía ahora una mano recogiendo el pollón de Tripp y con la otra estaba acariciando por encima la empalmada de papi. La de pajas que se habría cascado por las noches pensando en Tripp, ese tiarrón que parecía un semental en el campo de rugby, altísimo, como un armario empotrado de fuerte. Imaginaba siempre cómo la tendría de grande con esa pintaca de empotrador que tenía. Ahora se la estaba acariciando y la realidad era mucho mejor de lo que él pensaba.
Se levantó y se puso frente a él. Le sacaba más de una cabeza de altura, por lo que al bajarse los pantalones y enseñarle la suya, larga y bonita, con una buena mata de pelos negros en la base, no llegaban a tocarse. Dex se puso de puntillas, agarró la suya y la de Tripp y las juntó para que se conocieran. Entonces se dio cuenta de la diferencia de tamaños, que aunque la suya era agraciada, la de Tripp le ganaba en todo, en longitud y sobre todo en grosor.
Menudo pollón y qué buenos cojones, cómo le colgaban. A Dex le encantó sentir el roce caliente y rugoso de esas pelotas en los nudillos de los dedos. Miró a papá. En el fondo eran iguales, los dos unos guarros, unos salidos, unos pajilleros. Se la acababa de sacar de la bragueta toda dura y se la estaba pelando mirándoles desde el sofá. Se puso de pie al lado de su chico, le agarró una mano y la condujo hacia su miembro para que se la tocara. Dex le miró a los ojos y vio en él no a su hijo, sino al auténtico granuja y cerdaco que llevaba dentro.
Se sentaron en el sofá, los tres desnudos de cintura para abajo. Dex se inclinó hacia la izquierda y se la empezó a chupar a Tripp. La seguía teniendo morcillona y algo blandita, pero cada vez más dura. Dex no quería ni pensar qué tamaño podría a llegar a tener esa cacharra, pero como siguiera creciendo no le iba a caber en la puta boca. Ya sin estar dura le costaba y le obligaba a abrirla a tope para mamar.
En el fondo Jon era como un chaval más. Su aspecto de daddy joven le hacía amigable para los jovencitos y con su hijo la relación no había sido muy diferente a la de dos colegas. No escondía que había tenido escarceos con chicos y que fuera del territorio sentimental, siempre podía volver a las andadas. Qué coño, le interesaban los rabos, siempre le habían gustado.
Era la primera vez que veía a Dex empalmado y tan cerca. Ya que estaban, se tomó la licencia de alargar el brazo y tocársela, de masturbarle. Aprovechó para comparar sus penes dirigiendo la mirada al de él y al suyo. Eran parecidos, el de Dex quizó aun poco más grueso. Notó que al tocársela los dedos se le mojaron de una sustancia pegajosa bien conocida. Su pequeño Dex estaba sacando precum.
Mientras tanto Dex seguía despachando el pollón de Tripp. Menuda tranca bien grande y gorda se estaba metiendo entre pecho y espalda. Se la tenía cogida por la base y de tan gorda que era no se le llegaban a juntar ni las puntas de los dedos. Llegó el momento. Dex cambió de lado. Los segundos que Dex tardó en pasarse la lengua por los labios para lubricárselos, le parcieron infinitos. Luego sintió su mano y sus labios suaves acariciándole la polla. Afrontó la primera mamada de su hijo con los ojos en blanco, sintiendo que se corría.
Escuchaba sus sonidos guturales tragando rabo, la saliva a mares escapando por su boca. Tripp y él se pusieron de pie. Le dejaron en medio de los dos, de rodillas, comiéndoles las pollas. Cada vez que Jon bajaba la mirada, a veces veía a su hijo y la retiraba, pensando en qué coño estaba haciendo, pero otras veces le veía disfrutando tanto, que se alegraba de hacerlo feliz. Sí, se le veía feliz, estaba abriendo la boca, dejándose llevar por las sensaciones que le provocaba que dos tios le estuvieran azotando la cara con sus trancas.
«Uf, me lo quiero follar, tio«, soltó Tripp con los morros hacia afuera, puro vicio, mirando a Jon, intentando obtener su beneplácito. Al pillarle descolocado con esa petición, Tripp volvió a intentarlo, esta vez preguntando al interesado, pues ya era mayor de edad. «¿Quieres que te folle, niño?«. A Jon le sorprendió la rapidez con la que Dex asintió varias veces, como si lo estuviera deseando. Le vio desnudarse por completo, dar la espalda a Tripp y ponerle su culo a tiro.
Y qué culito señor, la cosa más bonita del mundo. Jon ya se lo había visto muchas veces al entrar al baño a mear, cuando Dex se estaba duchando. Delgado, perfecto para las manos de un hombre, blanco, redondito, peludete. «No le hagas daño«, le hizo prometer Jon a Tripp. Pero mientras le rogaba, Tripp acababa de metérsela a Dex sin usar condón y ya se lo estaba gozando. Jon buscó la mirada de su hijo que en ese momento se la estaba chupando, para ver si le dolía. Parecía que no.
Tripp y Jon había compartido muchas fiestas y noches, pero nunca cama. Decían que empotraba de lujo y que era un cerdo. Con la polla cada vez más dura, no tuvo reparos en decir en alto lo apretado que estaba el ojete del chico. Le enfilaba el agujero peludo y le metía unas buenas estocadas hasta las pelotas. Jon se fijó en cómo Tripp iba evolucionando en la follada. De ser un tipo respetable, se convirtió en un hombre salvaje. Se desabrochó los botones de la camisa. Tenía calor. Cada vez iba más a saco, la metía más rápido y más duro.
Gritó con todas sus fuerzas empotrando al chaval. Jon sabía lo que significaba eso y por mucho que lo supiera no iba a frenarlo. En el fondo su mente guarra y cerda quería eso, que Tripp disfrutara del culo de su hijo, que lo preñara, que vertiera todo su semen dentro de él. Al sacar la polla del culo, Dex soltó una pedorreta acompañada de un montón de leche saliendo de su ojete, colgando de los pelos y cayendo al suelo.
«Parece que sí, que a este le van los rabos«, sentenció Tripp palmeando el culo del chaval con la polla bien mojada. A Jon le hizo gracia. Como si hiciera falta verbalizarlo con lo que acababa de ocurrir. A Jon siempre le había dado mucho morbo follarse el culo de un tio cuando otro acababa de dejar su semen dentro. Con una sonrisa en la cara, se desabrochó también los botones de la camisa y se preparó para rematar a su zagal.
Dex axcababa de ponerse en el sofá con las piernas abiertas, mirando directamente a su padre. Jon lo tomó como un reto. Jamás había visto a Dex en esa tesitura, pidiendo más rabo. Ahora tenía que dar el do de pecho, superar sus expectativas, dejar por todo lo alto el apellido de la familia. Dex estaba tan rico así abierto de par en par, con sus piernas peludas de adolescente, la polla y los huevos entre ellas. Se la metió a pelo y le dio caña.
Agradeció que Dex no se le quedara mirando. Tenía entretenimiento. Tripp acababa de ponerle la polla en la boca y aunque ahora no la tuviera dura, era tan jodidamente morcillona que daba gusto chuparla. Jon se estaba excitando mucho. Varias veces retiró la mirada y subió la cabeza. No se aguantó las ganas. Él también dejó fluir su semen dentro de Dex. En el momento de hacerlo, Jon no pensó en Dex como en su hijo, sino en un joven guaperas bien cerdo que quería rabo. Eso le eximía de todo pecado.
Nota: Las imágenes, el vídeo y el texto reflejan una obra de ficción. Los actores no tienen ninguna relación de parentesco real.
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