Leo Levine se folla a pelo el culazo de Jake Preston y se corre en su cara guapa después de que él Kyle Fletcher y Troye Dean lefen su birrete antes de las fotos del anuario | MEN
Aura Moggers
La graduación significaba para Jake Preston, Leo Levine, Kyle Fletcher y Troye Dean algo más que un simple fin de curso. Significaba el paso de la adolescencia a la madurez. Una madurez que ellos querían contemplar como más libertad para hacer las cosas, más fiestas, más desenfreno, alcohol y sexo sin límites. Y para qué coño iban a empezar después de la fiesta si ya en el mismo estudio donde iban a hacerse las fotos del anuario podían comenzar a hacer valer sus derechos como hombres y dejar su impronta.
No más pajas por debajo de las mesas en plena clase, ni a escondidas en los baños. A partir de ahora irían a lo grande y lo harían donde quisieran. El fotógrafo tardaría en llegar un par de horas, así que mientras Jake se iba a echar un pis, Leo, Kyle y Troye aprovecharon para sacarse sus lustrosas vergas de las braguetas de los pantalones, se las menearon y en apenas un par de minutos las tenían con los huevos bien cargados a reventar corriéndose en su birrete.
Al ponérselo, Jake sintió el esperma resbaladizo escurriéndose por su cabello, mojándole el cuello y chorreándole por la frente. Sin saber muy bien qué era ese líquido, se limpió el sudor de semen con la mano y se lo llevó a la boca para acabar probando la lefa de esos tres pedazo de guarros. Y sabía perfectamente que era semen porque a ver qué tio no había probado alguna vez aunque fuera de su propia leche, por simple y sana curiosidad.
El sabor era inconfundible, saladito y amargo. A Jake le echaba tanto para atrás como le gustaba. No sabía explicar muy bien por qué lo rechazaba y a la vez lo amaba. Los otros tres se echaron a reir, pero tras esas risas sus pollas seguían erectas por debajo de las togas y los pantalones, al ver a otro tio chupar de su semen, algo que quieras que no, te otorgaba una especie de poder y supremacía sobre el otro, aparte de ponerte cachondo perdido. Era algo así como si un perro orinase en un árbol, marca de territorio.
Al que más le gustó la escena fue a Leo, que demudó la sonrisa de su rostro en otra de auténtico deseo. Se acercó a Jake, le recogió el semen de la cara y llevó los dedos a su boca, interesándose por la forma en que esos labios preciosos chupaban sus falanges y las dejaban limpitas. Recogió más lefa y esta vez le metió un par de dedos hasta el fondo, hasta sentir el calor de su garganta.
Se le estaba poniendo durísima. Kyle y Troye sabía cuándo sobraban. Se retiraron y les dejaron a solas. Leo se retiró la toga. Por debajo apenas llevaba puestos los pantalones y una camiseta de tirantes blanca que marcaba su perfecta musculatura. Se desabrochó los pantalones y enseñó a Jake cómo la tenía, bien marcada hacia la izquierda bajo los gayumbos. La sacó lentamente, dejando que la goma de los calzones tirase de la polla hacia abajo, hasta que le escapó de un brinco y se quedó meneádnose completamente empinada, larguísima, dando bandazos de lado a lado como un plátano y con una buena colgadura de cojones.
Frente a él, Jake hizo lo propio, solo que la suya todavía estaba blandita. La tenía también extremadamente larga para su edad. Leo se acercó un paso hacia él, se la cogió con la mano, unió la polla dura a la suya dándoles cariño mutuamente y le robó un beso. Se desnudaron uno frente al otro. El cuerpo de Leo era puro deseo. Uno de los chicos más guapos del instituo que además estaba buenísimo, con su piel bronceada y atlético, marcando pectorales, six-pack que dejaban la boca abierta y unos fuertes biceps recorridos por una vena tocha.
Sin tiempo para quitarse los calzones, con la cola colgando por un lado como si se la acabara de sacar para mear, el jovencito Jake se agachó para comérsela. Al ver la carita guapa de Jake ahí abajo mamándosela, Leo sintió un flujo de semen invadiendo de nuevo sus huevos. Ese chavalín rubiales de pelo corto y ojos azules era demasiado bello como para contener la felicidad que sentía al verle de rodillas. Y encima tenía el caldo de tres tios pringándole el pelo y el cuello, cada vez más reseco.
La cosa podía haber terminado en una mamada, correrse en su cara y adiós muy buenas, siguiente paso largarse al baño, hacerse las fotos y esperar a la fiesta, pero Leo no era de dejar las cosas a medias y no iba a escapar del estudio sin follarse el mejor culo del insti. Y no es que él lo dijera, es que en los premios de la semana anterior, así se decidió de forma unánime por todos los chicos y chicas que votaron.
La verdad es que Leo nunca se lo había visto, ni siquiera ne los vestuarios porque cada uno practicaba un deporte distinto en diferentes jornadas, pero ganas de verlo no le faltaban. Al verle con los calzones abiertos por la parte de atrás, elevando una pierna sobre el taburete, abriendo raja, con las dos tiras bien ajustadas a esas nalgas redonditas, blancas y perfectas, un culito de apariencia virginal, contrastanto con esos muslazos fuertes que ya aventuraban el hombre que llegaría a ser mañana, peluditos, se le puso la pija más tiesa todavía y sintió un cariño por ese chaval fuera de toda órbita.
Tenía muchas ganas de penetrarle, pero no le hubiera gustado hacerle daño y ser rechazado, así que se agachó, se lo trabajó y para cuando se puso en pie y condujo su pene hacia el interior de la raja, este entró perfectamente y de una sola vez. Sin condón, al desnudo. Parecían el uno hecho para el otro. Encajaban perfectamente. Le arreaba por detrás cada vez más fuerte, observando cómo sus preciosas nalgas se mecían como flanes.
Sintiendo que de seguir así la leche se le iba a escapar de un momento a otro, Leo cambió de postura y se dirigió hacia el banco cercano junto a los paneles de corcho de anuncios del instituto, se sentó y Jake fue detrás de él como un perrito faldero, dándole la espalda, sentándose sobre sus piernas, clavándose la polla y comenzando a pajeársela a buen ritmo con el culo.
Regresaron a la butaca. Allí le abrió de piernas fijándose en su cuerpecito fibrado de tez blanquecina, en lo guapo que era, en lo bueno que estaba así abierto, con unos buenos muslos ya bien peluditos, con el rabo y los huevos bailándole entre las piernas. Le metió el rabo a pelo y dio buena cuenta de ese chaval antes de devolverlo al banco junto a los anuncios y rematarle dándole por culo.
El primero en romper agua fue Jake. Eso de sentirse atrapado entre la espada y la pared, de tener a ese guaperas forzándole el ojete por detrás, le puso cachondo y acabó pelándosela y dejándose la leche en la banqueta. A pesar de haberse corrido apenas unos minutos antes sobre el birrete junto a sus compañeros, Leo tenía leche y juventud para dar y tomar.
Salió del interior de Jake y puso todo su cuerpo atlético y musculado al servicio de los dioses, se agarró la polla con una mano y pensó que no iba a parar hasta aliviarse. Un gustazo enrome le recorrió todo el cuerpo, dejándole los ojos en blanco, las piernas temblando y sintiendo que las fuerzas se le iban por la polla. Al soltar los lefazos, la cara de Jake estaba justo debajo. Acababa de correrse en toda su cara, dejándole las mejillas y los morros llenos de lefa, el semen colgando se su barbilla. El pequeño y guapo cabrón se relamía, sacando la lengua, esperando a que Leo le azotara con ella encima, toda sudada.
Había sucedido todo de casualidad, pero era algo ineludible. En algún momento el chico más guapo y la chica más guapa del instituto llegarían a bailar en la fiesta de fin de curso. Pues en algún momento también el chico más atractivo y cachas y el más guapo y nalgón, habrían tenido que conocerse íntimamente. Y así sucedió, en un estudio improvisado en mitad de instituto para las fotos del anuario.







