[MEN] Johnny Rapid se folla a Darius Ferdynand y Gabriel Cross en «Gay Of Thrones, Part 6»

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Bien es conocido por todos que, para gustos sexuales, el rey de los siete reinos Joffrey Baratheon no es lo que podría decirse una persona común. Más dado a mirar sin tocarse, como animador sentado en una silla de su habitación y disfrutando mientras los demás lo hacen, por su cama han pasado centenares de putas, algunas de las que nunca llegaron a salir con vida de allí, atravesadas con flechas de ballesta por el culo. Pero bien imaginan todos también que las tendencias maníacas sexuales de Joffrey no tienen tanto que ver con sus gustos como con su sentido del ridículo. Tiene miedo de que cualquiera que pase por su cama, sobre todo las putas que tantas pollas tan grandes y gordas han visto con sus ojos por todo el reino, se rían de él al ver un rabo normal y corriente. Y que alguien se mofe de él eso sí que no puede evitar frenar su ira.

Entre tanta ropa y tanta armadura, Joffrey en realidad nunca ha visto rabos de otros hombres, apenas sí había visto la pilila de su hermanito Tommen, pero esa no contaba, ni siquiera en sus viajes por las llanuras y las montañas, cuando los guardias paraban para mear porque lo hacían de espaldas. Temía ordenar a alguno de ellos que se quitara la ropa, obligarle a que se la machacase hasta ponérsela dura para así comparar el tamaño, pero entonces tendría que haber sesgado otra vida para que no se fuese de la lengua y que su simple curiosidad por el tamaño se hubiera convertido en un rumor que no era cierto.

Por eso lo hizo con la mayor precaución, acusando a los dos tios que tenían más fama de puteros en el reino y ordenando llevarlos hasta su habitación, a los preferidos por ellas, a los que las habladurías por las tabernas decían que eran los más atractivos, con un buen culazo y una buena polla entre las piernas, uno de ellos, aseguraban, con el rabo casi tan largo como el de un caballo. Se los iba a follar. Aparte de saciar sus ansias de ver el tamaño más grande que se gastaba entre sus tierras, iba a perforarles el culo, conseguiría que su fama de dotados quedase por los suelos, cuando una vez se la hubiera metido a los dos por el culo, se extendiese el rumor de que no eran tan sementales como decían. Hasta tal punto llegaba la ira del rey Joffrey.

Les colmó de frutos metiéndoselos él mismo por la boca, bocas que se habían saciado de montones de coños por todo el reino. Una fina tela le separaba de esos cuerpos que habían gozado igualmente montones de putas y de nuevo se sentó a mirar dejando que esos dos chicos le ofreciesen un buen espectáculo. Quería comprobar cuánto había de verdad sobre las habladurías por las tabernas acerca de ellos dos, decían que uno tenía la mejor polla y el otro además de rabo, tenía el culo más irresistible, uno al que ni el más rudo de los caballeros podría resistirse a meter la polla dentro.

Primero quería ver esa polla de caballo y dejó que Gabriel desnudara a Darius. La ira le recorrió por dentro cuando comprobó que en verdad aquello que aquel chico tenía entre las piernas superaba su imaginación. Un pollón largo que cilimbreaba al viento, gordo y tan apetitoso como la más larga de sus frutas, incluso algo endurecido, casi a punto de levantarse y empinarse como una espada en alto. La impaciencia le pudo y pidió a Darius desnudar a Gabriel para ver su culo. Lo que vio lo dejó realmente impresionado, ese otro chico no sólo tenía otra polla de potro colgando entre sus piernas bien larga y gorda, sino que su culo provocó algo que ni la más bella de las putas le había provocado nunca, que la polla se le hinchase bajo las vestiduras obligándole a tocarse para calmarla.

Aquella nueva experiencia lo excitó hasta límites que nunca había cruzado. Casi por instinto, cosas que nunca antes había visto, como la polla tiesa de un hombre en la boca de otro, los labios deslizándose por encima dejando un restro de saliva a su paso, le provocaron una reacción de deseo que se resistió a sentir, incluso cuando los dos chicos se acercaron a él para compartir ese juego. El deseo le pudo más y con miedo se levantó la capa, bajo la cual hizo acto de presencia su varita mágica. Se sorprendió al no ver el rechazo y la mofa que otras putas le hicieron sentir. Al contrario, los dos sirvientes se agacharon con cara de vicio y muchas ganas a comerle el nabo, pasándoselo el uno al otro como si compartiesen la mejor cerveza entre colegas mientras la que disfrutaba de pleno de aquella camaradería era su propia polla.

Le hacían sentirse especial, nunca antes nadie lo había hecho en su intimidad. Por fin su polla era el centro de atención, incluso cuando Darius preparaba, lubricaba y abría el culo de Gabriel para su entrada, Gabriel se volvía hacia atrás y alargaba el brazo para cogérsela y hacerle una pajilla suave con la mano. Jugó con ellos dándoles órdenes y cumpliendo todos sus deseos. Nunca se le había puesto tan dura y grande, ni cuando clavó la cabeza del rey de Invernalia en una estaca.

Meterla en el culo de un hombre era diferente a meterla en el coño de una de sus putas, ese agujero era mucho más estrechito, podía sentir el roce de cada centímetro de su polla, desde el cipote abriéndose paso hacia el interior hasta cada uno de los poros de su rabo deslizándose por esa cavidad, con su polla atrapada entre dos globazos pomposos y blanquecinos. Se folló a Gabriel con fuerza, sabiendo que le estaba quitando el honor. Cuando saliera de aquella habitación, ya no volvería a ser más uno de los machos inmaculados al que todas las mujeres querían, ahora que un similar había depositado su hombría en su interior. Pero lo que más le sorprendía a Joffrey no era eso, sino que parecía que a aquel chico no le importaba perder su honor con su polla dentro, lo cual le halagaba a la par que le hacía recapacitar sobre si debía lanzar después el rumor que acabase con su reputación. ¿No sería quizá mejor no sacar a la luz lo sucedido en esa habitación y poder gozar de ellos cuando quisiera?

Aunque tenía sus serias dudas sobre si lo había desvirgado por primera vez, ahora le tocaba desvirgar al otro. Darius tomó asiento y se fue clavando la polla poco a poco dentro de su culo, dejando caer el peso de su precioso y musculado cuerpo, comenzando por el cipote, que enseguida desapareció por detrás ensombrecido por el tamaño de sus pelotas y continuando por toda la barra hasta dejar sus huevos rozando con los de su señor.

Joffrey lo puso un poco de lado mientras saltaba, tenía que ver con sus propios ojos cómo la polla más grande de sus tierras se contoneaba toda elegante y pesada ante sus embestidas. Solo así comprendió que las habladurías de las tabernas tenían fundamento. Qué chica o chico podrían reistirse ante la visión de semejante rabo colgando, duro como la roca de Casterly, haciendo molinos de viento en el aire. Después de aquello seguramente se le antojase imponer normas en Desembarco del Rey haciendo que todos los recién entrados en la edad adulta tuvieran que pasar por su polla follándoselos a todos.

Los dos zagales parecía que conociesen su habitación mejor que él, le condujeron a la cama y Gabriel se abrió completamente de piernas para que se la metiese. Fue sentir el contacto de su cipote arramplando con su tierno agujero hacia dentro y el potrillo abrió más las piernas y el culo por inercia. Para que los gemidos de Gabriel follado no salieran tras las puertas de esa habitación, Darius enseguida le posó la polla sobre los labios cubriéndole la boca entera para que se callase.

Cuando terminó con Gabriel, Darius le regaló todo su pandero encorvando la espalda, curvándola hacia arriba. Joffrey se encargó de empalarlo de arriba a abajo mientras Gabriel sostenía las piernas abiertas para que no se cayese de su posición. Y así, mientras el rey Joffrey lo penetraba a fondo, Darius se cascó una paja que terminó con la leche cayendo sobre su suave y musculoso cuerpo, con goterones blancos surcando sus abdominales y pectorales. Su corrida animó a Gabriel, que se la machacó sobre su cuepro hasta añadir más leche a la que ya tenía encima.

Igual que al principio, los dos se pusieron de rodillas, esta vez para recibir el bautizo de semen. De nuevo a dos cabezas se pasaron la polla del rey de uno a otro comiéndole hasta los huevos, hasta que se la cargaron tanto que Joffrey terminó echando lefa como un cerdo, con su polla corriéndose, llevándola rápidamente de una a otra carita para llenarles los morros con su dulce leche. Lo que ni cientos de putas habían conseguido desde que su padre llevó a la primera para hacerle perder la virginidad, aquellos dos lo habían logrado, hacerle sentir un auténtico hombre. Y así, siendo un hombre, es como cruzó la puerta al otro mundo.

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