Kane Fox pone culo para que Leo Levine se lo folle a pelo en mitad de clase y su carita guapa para que se le corra encima | MEN
Campus Cock Part 1
Señor director, no puedo más con esta clase, son todos unos pervertidos, unos cerdos y se la pasan todo el día pensando en el sexo. Con estas palabras se dirigió la señorita Dropcum, que por lo general solía tener un caracter afable y bastante paciencia, al mandamás del instituto. El director, que comprendía a la chavalada pues él había pasado por la misma fase a su edad, le restó importancia. Pintadas de pollas grandes y huevos en las paredes, alguna pajilla en el baño o por debajo de la mesa y cascársela sin poder de dejar de mirar el culazo de la profe o el profe buenorros. Quién no había caído en la tentación alguna vez, cosas de la edad, de estar creciendo y convirtiéndose en un hombre.
La señorita salió de allí enfurruñada. Jamás comprendería a los hombres y menos a esos jovencitos que a sus ojos eran poco menos que alienígenas pensando en guarradas inimaginables. La última fue un cachivache en forma de pelota de rugby que se iban pasando unos a otros, que se abría por un lado y por ahí metían la polla para cascársela. Lo que más la ruborizó fue saber que se corrían dentro y luego se lo pasaban a otro para que hiciera lo mismo, compartiendo hueco y dejando que la lefa de los anteriores recubriera sus penes mientras se lo masturbaban. La indecencia en persona. Ni se imaginaba la cabrona lo suavecita que entraba cuando te tocaba de los últimos.
Leo Levine y Kane Fox siempre se las ingeniaban para ser los primeros, por lo que el castigo recaía en los últimos cuando les pillaban, así que cuando la profe se los llevaba al despacho del director, ellos aprovechaban esos inestimables minutos a solas en clase entre los pupitres para intimar con el otro secreto del aparatito y es que solo ellos dos sabían que se destapaba por ambos extremos, pudiendo meterla cada uno por un lado.
Los dos habían congeniado desde el primer día como si fueran hermanos. Estaban buenorros, eran un par de guaperas y encima la tenían larga. Pusieron la pelota entre los dos y cada uno la penetró por un extremo hasta que se tocaron sus glandes justo en medio. Apenas les cabía la mitad del rabo si pretendían jugar juntos a ese excitante juego.
Les encantaba verse follar, sobre todo al principio, cuando metían el rabo largo y grueso en ese estrecho agujero. Les daba como un subidón y podían sentir cómo sus pelotas se recargaban de leche. Parecía que ese día el resto de compañeros de clase y la profe tardaban más de lo normal y las pollas de ellos ya se estaban acostumbrando a ese espacio estrecho, por lo que cada vez aguantaban mucho más metiéndola.
Era inevitable que dieran el siguiente paso. Se podía decir que ni Leo ni Kane eran cerrados de mente, sino todo lo contrario. Si una cosa les hacía disfrutar, se lanzaban sin pensarlo a pesar de los cánones establecidos por la sociedad y el qué dirán. Por eso, cuando Leo alzó la cara y se quedó mirando lo guapo que era Kane, cuando le cogió con la mano por debajo de la mandíbula y se acercó para besarlo, Kane no le rechazó e iniciaron un camino juntos que no sabían dónde les llevaría.
A Kane de momento a inclinarse sobre la mesa de la profesora, bajándose los pantalones y poniendo el culo a Leo para que se lo follara a pelo. Todo sucedió con total naturalidad. Tras besarse por primera vez, Kane lanzó una sonrisa tontorrona y le pidió a Leo que probara su culo a ver si le gustaba más que la pelotita de goma. Leo se puso detrás de él, se levantó la camiseta hasta el pecho mostrando su increíble y atlético torso marcando abdominales y conquistó el culito de Kane.
Algo le decía que la pelota iba a pasar a la historia, porque si tenía que elegir entre eso y un culito precioso, redondito y suave, se quedaba con lo segundo. Encima con textura, calentito, apretado y haciendo gozar a otro, dónde iba a parar. Le habían mandado a la escuela a aprender cosas y podía sentirse orgulloso de los conocimientos que estaba adquiriendo.
Se desnudaron por completo en mitad de clase quedándose en pelotas y, sabiendo que no les quedaba mucho tiempo antes de que volvieran los demás, exploraron el terreno entre los dos haciendo lo que se les pasaba por la cabeza. Kane, que tenía otro cuerpazo, se tumbó bocarriba sobre la mesa de la profe. Leo no pudo evitar fijarse en lo bueno que estaba su compi, en lo bien que le quedaban los pelazos negros de la polla y los de los sobacos al alzar el brazo cuando fue a cogerle la polla para chupársela.
Era la primera vez que Kane posaba los labios sobre su pito y le encantó. Ya jamás podría mirarle a la cara sin imaginar cómo le chupaba la polla. Una vez se pasaban ciertos límites, había que lidiar con las penitencias y la de Leo sería andar todo el día empalmado en clase. Le folló la boquita y luego hizo lo mismo con su culo abriéndolo de piernas sobre la mesa.
Con esos cuerpazos atléticos y esas caritas guapas, bien podían estar todo el día fornicando sin descanso. Se molaban un huevo y parte del otro. Kane se dejó llevar. Se llevó los brazos por detrás de la cabeza y se abrió bien de piernas para disfrutar del espectáculo. Estaba viendo a su amigo Leo desde otra perspectiva. Hasta ahora sabía lo perro, juguetón y malote que podía llegar a ser, pero así follando y concentrado en meterla, le puso cachondísimo descubrir su faceta de machote empotrador. Tenía muy buen movimiento arreando.
Todos los de clase sin excepción se pasaban los castigos por el forro de las pelotas. El preferido de la señorita Dropcum era uno muy antiguo, el de sentar al alumno castigado en una silla junto a su mesa sosteniendo dos lotes de libros, uno en cada mano, con los brazos haciendo balanza. Leo sentó su culo en esa misma silla, Kane le dio la espalda, hizo una sentadilla sobre sus piernas y se empaló en su rabo cabalgándolo, dejándose el cimbrel suelto, colgando, dando unos buenos bandazos de arriba a abajo, de lado a lado, haciendo molinillos, sorteando el interior de sus muslos de lo larga que la tenía.
Sí, la tenía tan larga que se le metía entre las piernas y llegaba a azotarle las pelotas a Leo al saltar. Kane pasó un brazo por detrás del cuello de Leo permitiendo que este pudiera ver cómo le rebotaba. La risita nerviosa y granuja de Leo dejaba claro lo mucho que le gustaba ver un buen meneo de polla. Como a todos, a poco que tuvieras una sana curiosidad o que realmente te tiraran los rabos.
Acabaron en el estrecho espacio que separaba la mesa de la profe de la de la primera fila de alumnos. Leo se quedó de pie, apoyando las manos por detrás en la mesa de la señorita, con el rabo bien duro apuntando hacia arriba. Kane se metió como pudo en el mismo espacio entre las mesas, condujo la polla de Leo hacia el interior de su culo y entre los dos ayudaron a que fluyera el contacto, Leo empujando de vez en cuando y Kane meneando el culete hacia adelante y hacia atrás tragando polla.
Se hizo una paja cubriendo el suelo bajo la mesa del alumnado con su semen. Raudo se dio la vuelta, se agachó y dejó que Leo descargara encima de él toda la corrida. Una muy abundante que le dejó los morros llenos de lefa, la nariz, las mejillas. Y cuando creía que Leo ya se había sacado hasta la última gota, le sorprendió soltando dos lefazos cargados que le dejaron la gomina en el pelo, con el flequillo con dos buenos pegotes encima.
Leo miró hacia abajo y alucinó con lo guapa que le había dejado la cara con su esperma encima. Ahora sí que no iba a poder dejar de empalmar tol puto día cada vez que le mirara la jeta. Se fijó en el colgajo en la barbilla, que se resistía a caer de lo pegajoso que estaba. A esa hora todos estaban en las clases y los del equipo de fútbol entrenando. Pasillos despejados y vestuarios libres. Una duchita y como si nada hubiera pasado, no para los demás.









