Dakota Lovell seduce a Ian Holms y consigue que le perfore el culito a pelo con su durísimo pollón | Dad Creep
Pick me up with your Dick
En un bloque de celdas, como reza el frontal de su camiseta, tan corta que casi se le puede ver el ombligo, ahí es donde a Dakota Lovell le gustaría estar, rodeado de un montón de hombres necesitados de un agujero que follarse, todos luchando por hacerse un hueco con el rabo dentro de su agujero y los demás mirando, pajeándose, dándole de comer polla o palmeándole el culo, el cuerpo y la cara con sus grandes mazas.
Cada día tiene que aguantar llegar a casa y ver al chulazo del nuevo novio de su madre, Ian Holms, tan buenorro, un daddy joven y tremendamente follable. Siempre va por la casa en calzoncillos y eso le encanta. El tio es guapísimo, la barba le sienta de puta madre y está algo cachas, con unas buenas piernacas llenas de pelos, al igual que su torso. Joder, qué puta envidia le da de que su madre pueda disfrutar de ese chorvo cuando se le antoje.
Suele estar tumbado en el sofá hasta que encuentre un nuevo trabajo. Del último le echaron por pillarle haciéndose una paja en un lugar común de la oficina. Ahora está comiendo palomitas y tiene el cuenco justo encima del paquete, que por cierto es voluminoso y tiene muy buena pinta. A Dakota le encanta mandarle a que le traiga algo cuando está de pie, porque le gusta verle pasear en gayumbos, con el cimbrel golpeando el frontal, imaginando cómo puede tenerla de grande.
De momento lo que sabe que tiene grandes son los pies. Ian no suele hacerle caso, pasa de él como de comer mierda, pero por lo menos hoy, al ver que ha llegado abatido de a escuela, le deja darle un masaje. No es la primra vez que se lo ha preguntado cuando mamá no está en casa, pero por intentarlo que no quede. Sabe que un tio hetero muy necesitado, es capaz de hacer cualquier cosa si nadie se entera, lo sabe porque ha visto muchas pelis y la vida real no puede ser diferente.
Lo hace con palabras que ningún hombre puede rechazar. «¿No te apetece meterla dentro de mi culito virgen, ser el primero?«. Ian deja de masticar. A ver, no puede negar que se le ha puesto algo durita al escuchar eso. Si por algo le conocen es por ser el tio más sexual del vecindario. Que se lo pregunten a la vecina, que cada noche tiene en su casa un recital de gemidos y soniquetes de de los muelles de la cama, una orquesta entera metida en su casa.
Ian suspira, pero con su respuesta deja caer que le gustaría meterla dentro de su agujero, pero hay un gran impedimento. «Ya te lo he dicho muchas veces, no podemos hacer eso porque estoy con tu madre, dentro de poco seré tu padrastro«, le responde, no sin gran pesar, porque nada le agradaría más que dejar de ver la peli y trincarse un buen culito apretado.
Sienta a Dakota a su lado y su presencia se la pone dura. Es tan bonito, le mira con esos ojitos, con tantas ganas de hacerlo con un hombre, que al final cede. Y cede porque ya se le ha puesto del todo dura. Se baja los calzones y se queda completamente desnudo frente a Dakota, que flipa al verle el culazo por primera vez y descubrir que ese cabrón tiene una buena maza entre las piernas, bien larga y gorda, duirísima.
Ian toma asiento de nuevo en el sofá, ocupando la mayor parte de él con las piernas abiertas, su pene duro descansando sobre su estómago. Separa un brazo del cuerpo y lo pasa por encima del reposacabezas, animando a Dakota a chupársela. Dakota se la coge con la mano. Está calentita y muy suave. Es enorme. Se la pajea y mira su forma, su tamaño, luego mira a la cara a Ian, que cierra los ojos, echa la cabeza hacia atrás y se excita gimiendo.
A continuación siente la mano de Ian traspasando la goma de sus pantaloncitos cortos, sobándole el culo. Le dice que se la chupe y se la chupa. La excitación de tenerla caliente entre sus labios le hace volverse loco. Se baja los pantalones para que Ian se sobrepase con él y le haga lo que quiera. Le encanta darle placer, escuchar sus profundos gemidos en esa voz de macho. Dakota también gime, como una putita, cuando Ian cuela un dedo por la raja de su tierno culito y lo frota una y otra vez contra el ojete.
Le relame la barra, que ya tiene el cipote a punto de nieve, cuela la cabeza entre sus piernas y le come los huevos. Piensa en lo que le molaría tener a tiro de vista a un tio hetero que se folla a un chico y se lo da. De espaldas a él, hace una sentadilla y sumerge su gran pollón, durísimo, dentro de su culo, sin condón. Eso quiere, que vea cómo su culito virgen se traga toda su polla.
Salta, cada vez con más gracia. Se echa hacia atrás y se la pajea con el culo. Para ser virgen, se sorprende de que le entre entera. Ian se cansa del jueguecito y entonces arremete desde abajo dándole una buena tunda de culeadas. Duele un poco y Dakota gime como escucha gemir a su madre todos los días a todas horas cuando ese cabrón la pilla por banda. Y ahora comprende por qué le gusta tanto a su madre ese tiarrón y por qué le deja entrar dentro de su coño cada vez que él quiere.
Le hace levantarse, coloca un sofá de tal forma que Dakota pueda inclinarse sobre su respaldo, le hace abrirse de piernas un poco y se pone detrás. Su rabo está tan empinado que, para buscar el agujero del culo, tiene que ayudarse del pulgar para presionarlo hacia abajo y aún así le cuesta hacer que su polla obedezca esa simple orden, porque está durísima.
Le da por culo. Menuda porra. Dakota le anima, le pide que le rellene el culito. Dakota está dentro del equipo de animadoras y se le da muy bien. Ian le pide que le enseñe alguna postura de la que pueda disfrutar a solas con él, así que Dakota se la da, tumbado bocarriba con la espalda en el suelo y el culete hacia arriba para que se lo taladre. Ian se pone cómodo, situando el culito entre sus muslos, y le vuelve a costar dominar su polla dura para meterla.
Blandir un culito virgen, tan suavecito y blanco le pone cachondo y ya no puede parar. Dakota se fija en los úsculos de ese tio, en lo mucho que le pone. Guapo, atractivo, pollón, decidido, con esos pelazos recorriendo su torso, luciendo algunas canas en los que inundan sus pectorales. De repente ese cabrón la saca del agujero y empieza a decir que se corre.
Casi no puede verbalizarlo, porque su mente está atorada en lo que está sucediendo con su polla. Le flojean las piernas y sin querer da un pasi hacia adelante, lo que provoca que en lugar de empezar a soltar leche sobre el culo de Dakota, su lefa caiga directamente en la boca del chaval, en sus morros. Dakota abre la boca y recibe con gratitud algo que no esperaba.
Se relame y descubre lo mucho que le gusta el semen. Unos chorretes le salen por ambas comisuras de la boca. Unos segundos después, recuperado del corridón, Ian vuelve a meterle el rabo por el culo y lo goza, terminando de correrse ahí dentro. Ian mira a Dakota y no sabe si arrepentirse de lo que acaba de hacer o no. El hijo de su novia con toda su lefa en la cara.
Sea como sea, no va a dejar que ese chico sienta que lo dejan tirado una vez más. Le hace sentarse en el sofá abierto de piernas y mientras Dakota se hace una paja, Ian está a su lado, explorando el orificio de su culito con un dedo. Se fija en qjue el chaval ha salido muy bien dotado, con un pijote largo y bonito y unos buenos huevos de lo que cuelgan y le sugiere que si quiere tener éxito y poner a los tios a sus pies, enseñe todo eso mucho más en los vestuarios.
Dakota agradece el consejo con una sonrisa y se la sigue pelando. El dedito le da mucho gusto. Ojos en blanco. Mira a su hombre y le encanta lo que ve. Se corre encima con unos buenos chorrazos bien largos. Entonces ocurre algo con lo que ni siquiera había contado. Ian se inclina sobre él y le da un beso en la boca pringada de su propia lefa. Para Dakota ese tio acaba de convertirse en un Dios.



