La partida de póker parece infinita. Zack Mackay ofrece a los chicos unas birras que ellos aceptan de buen grado. Justo en el momento en el que las deposita en las mesas, delante de cada uno, parace que todo está llegando a su fin, pero no sabe por qué se empeñan en seguir apostando todo lo que tienen. El novio de Zack, su macho, o más bien, según dirían los del barrio, el empotrador que le deja bien servido, es un negrazo que la tiene enorme. No le gusta perder y está a punto de arriesgar su anillo de compromiso.
Antes de que lo haga, Zack le frena. Siempre le protege y esta vez no va a ser diferente. Se quita la ropa, se queda desnudo a cuatro patas sobre la mesa y ofrece su culo al ganador. Confía en su chico y se alegra cuando deposita la jugada encima de su trasero. La mejor mano. Hasta que Chuck Conrad se levanta y enseña otra mucho mejor.
Ese chulazo que tiene un cuerpo musculado, todo un armario empotrado, lo coge en volandas y se lo lleva a la trastienda para beneficiárselo. En la trastienda hay una camita bien guapa. Zack cae desnudo encima de ella y entonces se enamora de ese leñador. Está tremendo, fuerte cachas, con unos biceps de lujo y esa barba que le hace un poco más animal. Hay otra cosa que le causa impresión y es que justo por el lateral de los pantalones, cayendo por la pernera, se le dibuja un buen pijote, mejor incluso que el de su macho negro.
Se le acelera el corazón mientras Chuck se levanta la camiseta de tirantes blanca y muestra su torso varonil, cuando se lleva las dos manos al botón de los pantalones para desabrochárselo y se saca la cigala. Es larguísima, grandiosa, muy gorda y venosa. Por un momento, cuando Zack se la agarra con la mano y la conduce hacia el interior de su boca, teme que ni siquiera le quepa dentro de lo gruesa que es.
Pero no, el hecho de estar acostumbrado a penes grandes, hace que enseguida le sea relativamente fácil tragarse ese, solo que este le hace abrir la boquita un poco más de la cuenta. Madre mía, qué facilidad tiene también el tio para cogerle la cabeza a dos manos y hacerle tragar rabo hasta las bolas, qué fuerza. Le palmea la cara con toda la polla ensalivada y el soniquete del golpeteo resuena por toda la estancia.
Le devora la polla, le encanta que la tenga tan grande. Al principio si la dejaba suelta caía colgando hacia abajo por su propio peso, ahora la suelta y se mantiene firme apuntando hacia su cara. Deja que Chuck vea su culito respingón y alucinante, redondo y suave, hace que desee poseerlo, lo menea y enseguida llama su atención, porque las manos de Chuck le arrean unos buenos cachetes encima.
Se la deja bien chupada, bien mamada. Es tan grande como esperaba de un tiarrón así de grandote, pero más voluminosa de lo que imaginaba. A menudo espera cosas grandes de los tios con los que se acuesta. Este va sobrado. Se alegra de haber puesto en juego su culito. Le gusta y disfruta dejando que los amigos de su chico pasen un buen rato follándoselo.
Se da la vuelta y le regala a Chuck el culo que tan merecidamente se ha ganado. Chuck se frota las manos. En su respiración agitada y su voz profunda de macho, se denota que está entusiasmado por meterla en un agujero que en principio no está ni de coña preparado para encajar algo tan grande como su enorme pollón. Pero ese culo se lo ha follado un buen negrazo con una buena cacharra, así que la sorpresa es mayúscula cuando Chuck comprueba que se la traga enterita.
Le mete el pene apretadísimo y sin condón hasta el fondo y se lo empieza a follar a pelo. Que Zack culee hacia atrás exigiendo que le meta más trozo de rabo es una buena señal de lo tragoncete que es el cabrón. Chuck se pone cachondo y se abalanza encima de su espalda. A Zack se le abre el culito más todavía al sentir ese abrazo de oso, al sentir el torso caliente y fornido de ese macho sobre él, protegiéndole, las tetillas duras y prominentes rozándole las paletillas de la espalda.
Le encanta que ejerza de macho empotrador, que le dé por culo, que se sienta llevando el control. Zack cae derrumbado sobre la cama, bocabajo, le sigue el peso del cuerpo de Chuck encima de él, deslizando su tremenda polla por el interior de su agujero, rebozándose encima de su cuerpo hacia arriba y hacia abajo, metiéndosela, escuchando sus gemidos embriagadores en la oreja. se está deshaciendo de puro placer metiéndosela por el ojete.
Una mano fuerte y caliente en su barbilla. Chuck le gira la cabeza y se lo come a besos. Zack prueba sus labios, su lengua, se pone cachondo al sentir los pelos de su barba y su bigote en el rostro. Ese tio se merece una buena cabalgada. Zack se sienta sobre sus piernas, coloca los pies en sus muslos, cerca de cada rodilla y empieza a montarle saltando encima, pajeando esa pollaza.
Se da la vuelta y sigue cabalgando como un potrillo salvaje. Esta vez, antes de conducirla hacia su culo, sostiene la verga con la mano y sopesa su volúmen, su tamaño, se autoinflige unos pollazos en el ojete y entonces la mete dentro al resguardo, al calorcito. Salta encima hasta sentarse sobre los cojones y deja a Chuck bien satisfecho. Con un alarde de fuerza inconmensurable, Chuck lo levanta en brazos en volandas y se lo lleva de nuevo a la cama, lo deja bocarriba y le mete la última follada.
Nunca una jugada de póker le salió tan bien. Con una mano abre de piernas al chico, con la otra se coge el pene, se lo menea y escupe encima para dejarlo lubricado, esparce la saliva por todo le rabo, se mete un segundo escupitajo en la palma de la mano conduciéndola al culo de Zack para dejarle la entrada bien húmeda y le mete la polla bien dura.
Zack se hace una paja observando atentamente cada movimiento de ese macho penetrando su cuerpo. Le flipa todo de él. Su cara varonil, su vello corporal, su deslumbrante torso fornido. Sin poder contenerse, un flujo d eplacer le invade desde la nuca hasta la espalda recorriendo todo su cuerpo y un chorrazo sale pitando por su polla depositándose en el muslo. Le siguen otros cuantos de menor intensidad.
El misterio ahora es dónde se correrá Chuck, porque cuando ofreció su culo a cambio no puso reglas. Le ve muy capaz de que le deje una preñada, cosa que le encantaría, porque no quiere interrumpir ese momento personal de placer en el que no para de metérsela. Cada vez gime más alto, casi gruñe, la mete a toda hostia. No frena, no para, siempre dentro de él. Le empitona el culo con el rabo, hasta el fondo, se queda dentro, parado unos segundos en que Chuck cierra los ojos y gime en alto. Joder, le está bombeando toda la leche dentro.
Vuelve a ponerse en marcha, se lo folla como un animal y el semen empieza a salir por el ojete encharcándole toda la polla. La saca del agujero. Zack se fija en ese impresionante pollón colgando y chorreando leche. Follado y preñado por una bestia sobrehumana, se agarra los cachetes del culo con las manos. Su ojete todavía palpita, se cierra y se abre acompasado y cada vez que lo hace suelta un flujo de esperma. Con la yema de los deditos se lo palpa para comprobar que es real, que ese tio le ha soltado su semilla dentro.
Minutos más tarde, con la mente fría, pensando en cómo su novio pudo arriesgar la alianza de matrimonio, Zack regresa junto a Chuck a la mesa de apuestas. Ahora es él el que se saca el anillo del dedo, cubierto de la lefa de otro hombre, y lo planta frente a su novio. Triunfal, se larga de allí con su nuevo protector, el que ha sido capaz de abrirle la mente y de hacerle cosas inimaginables en la cama.









