Matthew Attard luce cuerpazo, larga polla y unos buenos cojones colgantes y se vicia con un fleshjack | Bentley Race

Es hetero, pero Matthew Attard siente la imperiosa necesidad de ver cómo los chicos se quedan con la boca abierta al ver su musculoso cuerpazo. Esconde la parte baja de su rostro bajo una máscara negra, de rodillas sobre mi sofá, mirando fíjamente a la cámara mientras se levanta la camiseta por un costado y va enseñándome unos abdominales bien marcados que me despiertan todos los sentidos y también hacen despertar de su letargo eso que tengo colgando entre las piernas.

Me flipa la forma en la que las mangas cortas se ciñen a sus fuertes biceps y también ese recorrido peludo que nave por debajo de su ombligo y que se oculta bajo unos calzones de color azul claro. Gatea de rodillas sobre el sofá y me da la espalda, se baja los gayumbos y destapa su impresionante culazo. Por un momento pienso en las afortunadas chicas que lleguen con él a la cama, en lo bien que deben sentirse posando las manos sobre esas nalgas masculinas mientras son folladas.

No puedo resistirme, acudo con la cámara a su lado y admiro su escultural cuerpo, descubriendo que esos pelitos que nacían del ombligo, van creciendo en espesura a medida que se acercan a la base de su polla, una que por cierto es tan larga que, a pesar de haberse bajado los calzones, todavía está metida en el paquete. Me lo llevo a la camita y allí, todavía algo vergonzoso, juega a esconderme sus atributos agarrándoselos con una mano que no logra abarcar todo, porque puedo ver parte de un huevo.

Le insto a quitar la manita y ante mi cara de asombro se viene arriba y gana más confianza. La tiene muy larga, venosa, descapullada y me impresiona la forma en la que le cuelgan ese par de cojones. Este es de los que te azotan y te hacen abrir ojete a base de cascarte los huevos en la raja del culo una y otra vez. Cuando se sienta en el sofá, me fijo en sus cojones reposando sobre el cojín y en su polla erecta mirando hacia arriba y hacia el frente, ligeramente curvada hacia la izquierda.

Le presto algo de lubricante y un fleshjack. Da gusto ver cómo le entra apretadísima y al meterla a fondo sale el cipote por el otro extremo. En una de esas se corre y me deja el juguete lleno de su rica leche. Se lo quito haciéndole ver que más tarde lo voy a lavar con agua, pero entre tú y yo, sabes que al final voy a acabar degustando los lefotes pringosos con mi lengua.

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