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Tom Of Finland: Service Station: DeAngelo Jackson se lo monta a lo grande con los chulazos de la gasolinera Matthew Camp, Ricky Roman y River Wilson sin condones | MEN

El morbo y el pecado están en los ojos del que mira. Entre que estaba cachondísimo como una perra y que los hombres de uniforme eran para él como un fetiche, DeAngelo Jackson creyó ver por el retrovisor al chico de la gasolinera bajándose la cremallera del mono y mostrando su fornido torso. Pero no podía ser, hacía frío, casi estaba nevando. Pestañeó unas cuantas veces y volvió a mirar. Era cierto, Matthew Camp lo estaba mirando, se había bajado ya la cremallera hasta la cintura y se había separado la parte superior del mono de trabajo. Se estaba dando gustillo en los pezones con los dedos índice y el pulgar de sus manos.

DeAngelo se sacó la polla por la cremallera y comenzó a masturbarse, nervioso, mientras hacía un gesto a ese machote sacando la mano por la ventanilla para que se acercase. El cabrón primero metió la cabeza para pegarle un morreo, pero después metió medio cuerpo entero para poder chuparle la polla. A DeAngelo cada vez se estaba hinchando más y lo más probable es que terminara echando toda la gasolina en la boca de ese empleado, pero no quería hacerlo tan rápido, porque estaba disfrutando con su mano izquierda palpando el enorme y apetitoso culazo.

Se lo volvió a agarrar, esta vez a dos manos, cuando se puso de pie, con la pija por fuera. La tenía larga y muy gorda. Además de guapo, atractivo y fotachón, tenía una buena minga. Con el frío que hacía fuera, DeAngelo se calentó la boca con su rabo antes de que Matthew le invitara a pasar al taller.

No estaban solos, Ricky Roman y River Wilson, que también trabajaban en la gasolinera, habían parado para hacer un descanso. Otros lo aprovechaban para comerse un bocata, pero a estos les iba más comer polla. El guaperas de Ricky tenía la cremallera bajada hasta por debajo de la entrepierna y River tenía su polla bien guapa en una mano, masturbándosela todo lo larga que era.

Se le olvidó enseguida para qué había parado a repostar, porque después de ver el panorama que se presentaba, iba a estar allí todo el tiempo que fuera necesario. Besó y desnudó el cuerpo de adonis de Matthew hasta acabar en cuclillas comiéndole la polla. Era un gustazo mirar de reojo y ver a su compi de color River degustar la polla erecta, blanca y deliciosa de Ricky, con unos buenos tropezones venosos y unos huevazos que no paraba de hacer bailar entre su lengua y sus labios.

Le tenía a punto de nieve a ese chaval que desde luego podía presumir de pija. Cuando más la chupaba, más crecía. Cuando DeAngelo se levantó para quitarse los pantalones, Matthew se agachó a comerle la polla. Entre uno y otro se encargaron de dejar a Ricky y DeAngelo espalda contra espalda posando sus culos sobre la mesa metálica de trabajo.

DeAngelo podía notar la suave presión de los labios de Matthew sobre su rabo negro, también los pelos de su barba y su bigote, cuando se la sacaba de la boca y se la restregaba por la cara, esnifando el olor de su miembro. Miró hacia atrás y vio que ahora a su espalda estaba River sentado. Se morrearon mientras los otros dos blanquitos les chupaban las pijas.

La música sonaba en la radio y se mezclaba con el soniquete de las mamadas. El hambre de polla en los cuatro machos estaba empezando a crear leche en su pelotas. Luces fluorescentes, olor a grasa y combustible, todo sucio, cuatro hombres resguardados del frío, compartiendo el calor de sus cuerpos, la dureza de sus enormes pollas, sin reglas, cogiendo lo que a cada uno le apatecía.

Para qué conformarse con estar por parejas si podían aspirar a mucho más. Matthew rompió el nido de tortolitos. Se subió a la mesa dejando que DeAngelo le chupara la polla. Al bajar la mirada vio a Ricky inclinado, mamando el rabo de DeAngelo y River a su vez acicalando su blanquito y redondo culo. Todo parecía indicar que el chavalín iba a recibir un buen churro en breve.

Salir a la máquina de condones no era una buena idea, aunque estuviera en la esquina, pero esos tres lo tenían todo bajo control. River cogió la garrafita de aceite, le puso una pajita en la boca y se la metió a Ricky por el culo, engrasando bien antes de meterle toda la polla sin condón. DeAngelo estaba sentado en la mesa y Ricky se abrazó a él por la espalda, calentándole la oreja con unos profundos gemidos de la intensa follada.

Matthew empujó a DeAngelo tirándolo bocarriba sobre la mesa, pidió a su colega de curro el aceite, le engrasó la raja del culete y le metió toda la gruesa porra blanca a pelo por el culo. Los gemidos se intensificaban y se imponían a la música de la radio. DeAngelo inclinó su polla hacia adelante, haciendo que rozase la panza de Matthew mientras este se lo follada. Giró la cabeza y vio a River a cuatro patas a su lado, con los ojos en blanco, disfrutando del placer de la larguísima picha del guaperas blanquito penetrando su ano.

Un rato más tarde, los dos negros estaban enfrentados, echándose el aliento, mirándose, besándose, con los culos follados a pelo por dos blanquitos mucho más pollones que ellos que les tenían dominados. Ricky abandonó el culo de River y pasó por debajo de la mesa para chuparle la polla a DeAngelo, que se las vio canutas para no correrse con tanto placer por delante y por detrás.

La hora de poner la mesa perdida había llegado. Formando un cuadrilátero de esquinas blancas y negras, los cuatro caballeros se la pelaron. Miraditas sensuales y directas, otras indirectas y lascivas posándose en los atributos masculinos, en las manos pajeadoras, en sus cuerpos, ojos que se cerraban de gusto. Tenían las pollas grasientas de meterlas por unos culos aceitosos y al hacer resbalar la mano por ellas con rapidez, el sonido del fru fru y del refrote cada vez les ponía más cachondos.

El más jovencito fue el primero en aliviarse. Unos chorretes cortos, espesos y muy blancos salieron de su larga polla y embadurnaron la mesa de lefa calentita y grumosa a la altura de su cipote. Se la apretujó de atrás hacia adelante para sacarse las últimas gotas y se la sacudió como si acabara de mear, delante de todos. Matthew escuchó un gemido fuerte a su derecha. River fue le siguiente en desalojar sus pelotas, mojándose el puño de leche.

Ahora DeAngelo y Matthew volvían a estar a solas. DeAngelo se tumbó en la mesa, llevándose la lefa de Ricky con el codo izquierdo mientras se la pajeaba duro, haciendo resbalar su pie izquierdo por encima de la leche de River al otro lado. Matthew estaba de pie a su lado, sobando sus pelotas, su entrepierna, dándole gustito para que se corriera. Y lo hizo, con unos chorrazos largos sobre su cuerpo morenote que dejaron a Matthew sorprendido por la potencia.

Entonces Matthew se inclinó para mamarle la polla recién corrida, lo que le provocó un rebrote de placer inmenso. Tras apurarle el rabo, le fue lamiento el cuerpo, recogiendo sus mecos con la lengua para después darle un beso con lengua, dulce y blanco. Delicioso. Al despegar sus labios, unas finas hileras de semen todavía les unieron un imperceptible segundo.

Tanto Ricky como River todavía estaban allí de pie, pelándosela bien a gusto, con una segunda erección provocada por esa cerdada. Matthew puso de rodillas a DeAngelo. Había ido allí a llenar el depósito y no se iba a ir sin él cargado. Le folló la boca sin descanso, sin dejar que saliera a respirar aire fresco ni un solo segundo. Cuando Matthew sacó la manguera de su boca, todas las babas y la lefa contenidas salieron de ella. Matthew bajó de nuevo a saborear esos labios rociados con su propio semen.

Si algo caracterizaba a esos mozos era el servicio de limpieza. Tumbaron a DeAngelo sobre la mesa y le dejaron bien limpito. Unos buenos cerdacos de puertas para adentro y unos señores de puertas para afuera. Cogieron los monos y salieron fuera a seguir dando servicio a los conductores. Ni siquiera se limpiaron las pollas, que dejaron unos buenos posos, unos charcos mojados en sus uniformes cuando se las guardaron dentro.

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