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Dick Dawson se folla a Dakota Payne sin condón en el retrete de la gasolinera y deja que el chaval se corra en su cara | Falcon Studios

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Trabajando de sol a sol en una gasolinera perdida en kilómetros a la redonda, un chaval joven como Dakota Payne tenía que aliviarse de alguna manera. Empezó a coger la costumbre de su compi de curro, que se ponía malo cada vez que unas tias con buenas domingas paraban para echar fuel a sus carros. El cabrón se iba a los baños públicos y se la cascaba. Volvía descargadito, con carita de ángel sonriente, volviéndose la gorra del revés.

A Dakota le iban los rabos y pasaba cada chulazo por allí, que más de uno tenía un polvazo que lo flipas. Sí, empezó a pajearse haciendo turnos con su compi cada vez que les apetecía, pero con el paso del tiempo, lo que necesitaba era la realidad de una polla caliente en su boca y dentro de su culo. Comenzó por llevarse a algunos tios a la trastienda del almacén. Por las noches era más fácil y se metía en los coches de los clientes o lo hacían al lado del surtidor, pero a la mayoría terminaba llevándoselos a los baños, un lugar que a Dakota le ponía cachondo.

Poco a poco, Dakota convirtió la gasolinera en un famoso lugar de cruising y en el glory hole más sonado de todo el condado. Le bastó hacer unos agujeros grandes en cada retrete. El jefe pasaba tan de higos a peras por allí que cuando lo hacía ni le daba por entrar en los baños para ver en qué estado estaban. Una de las primeras veces en el glory, Dakota la recordaría para siempre. Recordó el flechazo que sintió al ver a ese daddy. Dick Dawson salió del coche con esa apariencia de daddy juvenil, super atractivo, con camisa de leñador sin mangas, abierta, mostrando un torso musculoso, marcando abdominales. A Dakota le dejó loquísimo.

Enseguida fue a atenderle. El hombre le pagó por adelantado porque tenía que ir a echar una meada. En ese momento, Dakota alzó la mano para que su compañero le sustituyera y se coló en los baños junto a Dick. Mearon juntos uno al ladito del otro y durante ese tiempo no dejó de mirarle de arriba a abajo. Lejos de asustarse, el daddy se sintió cómodo con la situación y se giró un poco para que pudiera verle bien el rabo. Dakota le hizo un gesto para qe pasaran a los retretes.

Él se sentó en el wáter mirando hacia el agujero. Lo que vio aparecer por él le dejó salivando como una perra. Un enorme pollón bien duro, larguísimo, de más de veinte centímetros, ni demasiado grueso ni demasiado fino, lo que podría llamarse una polla perfecta, apuntando hacia arriba y ligeramente curvada hasta la izquierda. Al agarrársela con la mano, el cabrón empezó a culear, metiendo y sacando la polla por el agujero, haciéndose una autopaja.

Dakota aprovechaba los momentos en que se quedaba quieto para agarrársela y masturbársela mientras le practicaba una buena mamada. Dick no paraba de soltar guarradas por su boca. La sacó del hueco y fue al retrete donde estaba el chavalín. Hacia atrás, la gorrita siempre hacia atrás. Dakota se había convertido en todo un experto en encuentros sexuales con hombres y sabía lo mucho que le ponía a un daddy ver de rodillas a un chaval guaperas con la gorrita hacia atrás, como si acabara de pillarlo haciendo auto stop o en mitad de un descampado de cruising.

Le metió la minga hasta la garganta. Menos mal que Dakota tenía tragaderas para comerse eso y mucho más. Volvió al retrete, esta vez para abrirse de piernas. El daddy se agachó, se dio un festín con su culazo y también con su rabo. El tio la chupaba de puta madre y ver su cara de machote apropiándose de su minga casi le saca la leche. Volvió a devorarle el ojete, con la nariz masajeándole los cojones, que por suerte Dakota los tenía muy colgantes.

Dick se puso de rodillas y le metió toda la polla dentro sin condón. Para Dick, ese chaval era un caramelito en dulce, para Dakota era una locura. Se enamoró de ese daddy buenorro y no dejó de mirarle a los ojos mientras se la metía duro por el culo. Podía sentir todo su amor metiéndose dentro de él. Cuando le sacó la polla del culo por primera vez, Dakota se miró el vientre, con rastros de precum que le habían salido del rabo sin darse apenas cuenta.

Ese puto cabrón ya estaba sudando. Ocupó su lugar sentado en el retrete, con la minga bien tiesa y Dakota hizo algo que le encantaba, comerle la polla a un tio sentado en el wáter. Dick robó la gorrita al chaval y se la puso, porque ahora eran dos colegas que podían compartirlo todo, auqnue se hubieran conocido hacía cinco minutos. Dakota se puso de pie, Dick le comió el pollón y le invitó a sentarse sobre las piernas de papá.

Se empaló en su larguísima verga, saltando con ganas, clavándose toda esa grandiosa polla mientras se daba el gusto de frotar su rabo y sus huevos por encima del musculoso y fornido torso de ese campeón. En un arrebato de locura, Dick se levantó metiéndole pollazos a diestro y siniestro. Dakota tuvo que agarrarse bien con manos y pies a las paredes del retrete para no caerse de machaque que le estaba pegando.

Sin lubricante a mano ni tiempo para ir a por algo que se pareciera, Dick bajaba a lamerle el ojete, humedeciéndoselo para poder seguir metiéndole la polla con esa energía. Salieron del retrete hacia los meaderos y allí le dio por culo, agarrándole de las caderas, de los brazos, taladrándole el agujero a pollazos.Como no podía ser de otra forma, le preñó el culazo y después bajó para abrirle los cachetes y admirar cómo salía el semen por su agujero.

Dakota estaba tan al límite que le juró que iba a correrse de gusto. Al anunciarlo, Dick se puso en cuclillas haciendo que el chaval se diera media vuelta y se dedicó a chuparle la verga y los huevos, a abrir la boquita y sacar la lengua. Además de daddy buenorro, atractivo, pollón y empotrador, resultó ser un cerdaco. Dakota se pajeó sobre su jeta y le salió un chorrazo de lefa flipante que en un abrir y cerrar de ojos había pintado de blanco toda la cara de ese cabrón, desde la gomina en el pelo, pasando por la frente, la ceja izquierda, el bigote, la mejilla y la barba.

Dick se pasó la mano por la cara recogiendo algo de lefa, se la llevó a la boca y se levantó para morrear a Dakota, que sintió a ese daddy más salido que antes, gimiendo dentro de su boca, compartiendo ambos el semen de su polla. Si ya era atractivo, ahora con su leche encima era para morirse de gusto. El tio siguió recogiendo lefa de su cara con el pulgar del dedo, llevándola a su boca y reteniéndola ahí para compartirla con el chaval. Así el trabajo de sol a sol en la gasolinera se hacía mucho más placentero.

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