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Tom Of Finland: 1957: Kurtis Wolfe y Matthew Camp meten doble rabo sin condón a Theo Brady en la orilla del lago | MEN

Año 1957. El joven finlandés Theo Brady salió de casa, como cada mañana de sábado, con la cámara de fotos al cuello para capturar fotografías de las aves del pueblo. Mientras salía por la puerta, su madre le gritó desde la cocina si había cogido el sandwich que le había preparado. Por supuesto que lo había hecho, aunque no le dio tiempo a responder. El alba era el mejor momento del día para conseguir las mejores instantáneas.

Chaqueta beige, pantalones azules, cinturón de cuero, camisa de leñador y camiseta blanca, esa que se había puesto de moda, que tan bien le senataba a cualquier hombre, sobre todo a jovencitos de su edad, con edad de merecer. Se internó en el bosque y lo que en principio se iba a convertir en un prolífico día consiguiendo fotos de aves, terminó convirtiéndose en una sesión de fotos a un pescador que estaba en la orilla del lago.

Al principio, así de espaldas, no le llamó la atención, pero fue quitarse la camisa y a Theo comenzaron a entrarle calores. Kurtis Wolfe estaba fornido, marcando unos biceps y unos pectorales de infarto bajo esa camiseta blanca de tirantes ajustada. Theo llevaba demasiadas cosas a cuestas y la polla empezaba a apretarle soberanamente bajo la bragueta.

Soltó la cámara y la bolsa con el bocata en el suelo, se desabrochó la cremallera y se sacó esa pedazo de polla con la que sus colegas alucinaban, grande, inmensa, majestuosa, con un cipote bien gordo, una raja bien marcada, completamente descapullada. Pasaron apenas unos segundos y al subir de nuevo la vista, el pescador le estaba mirando.

Theo, sonrojado, guardó enseguida su chorra otra vez en los pantalones como buenamente pudo, cosa que no fue fácil por el tamaño que había adquirido. Esperó de aquel maromo que le echara a patadas o algo parecido, lo que no esperaba era que el cabrón se quitara la camiseta y mostrase su estupendo torso peludo y musculado, como los de esos tiarrones que Theo había podido ver en las revistas guarras que su padre tenía escondidas bajo la cama, empotradores con la polla bien peluda que se follaban a saco unos coños igual de peludos.

Mira que estaba a varios metros, pero Theo pudo esnifar el olor a macho que desprendía. Se acercó a Kurtis, le lamió los pezones dejando que su cara resbalase por esos pechotes peludos de hombretón y se puso de rodillas para chuparle la polla. Era larguísima, gorda, como esperaba de un santo varón como ese. Morcillona, la apretó entre sus labios cabeceando de adelante hacia atrás, comiendo pija como un condenado.

Condenados iban a estar los dos como les pillasen. Las pisadas de un guarda sonaron en la distancia. Otra vez a esconder las vergüenzas. Si algo odiaba Theo de ese puto pueblo de mierda era la poca libertad que tenía, lo cual le hacía desear incluso más aquello que estaba prohibido. Theo se retiró a las profundidades del bosque. Kurtis siguió a su pesca y allí no había pasado nada.

Aún con nervios, mientras se alejaba lo suficiente para no ser visto, Theo se fue relamiendo el sabor a hombre que ese macho le había dejado hundiéndole la polla en la boca. Se giró espectante. A Kusrtis no le había dado tiempo a ponerse la camiseta y estar semidesnudo en un sitio público era motivo de delito. El jefazo Matthew Camp se acercó a él con la porra y en lugar de arrestarle, le dio la vuelta, le bajó los pantalones y le hizo enseñar su espectacular culazo.

Joder con el pueblo. Mira que Theo sabía que había más chicos como él, pero encontrar a un macizo de la poli al que parecía que le iban las escapadas hacia lo oculto y lo prohibido, se la puso mazo dura. Esos dos tenían pinta de habérselo montado más veces, como si Kurtis supiera lo que debía hacer en cada momento para contentar a ese maromo. Después de disfrutar metiendo los morros en la raja de su potente culo, Matthew se puso de pie y le enganchó por detrás a pollazos.

Con el poco pulso que le quedaba, Theo tomó unas cuantas instantáneas de esos dos pájaros retozando desnudos sobre la hierba alta. Siempre detrás del objetivo, Theo se puso tan cachondo que dio un paso al frente. Fue recibido de buen grado. El poli le cogió y le obligó a sentarse encima de las piernas de Kurtis, que a su vez estaba sentado en el tocón de un árbol.

Por primera vez Theo sintió cómo su cuerpo era invadido por el miembro viril y erecto de otro hombre. Meneó el culo hacia adelante y hacia atrás notando cómo esa polla dura penetraba dentro de él. El guarda se tumbó en la hierba. Theo pinchó el culo encima de su verga. El cabrón, sin gafas, sin su uniforme de cuero, con barbita, ojazos, estaba tremendo. Kurtis se acercó por detrás y le encasquetó una segunda polla.

Emparedado por dos machos, se sintió como el relleno del sandwich que llevaba en la bolsa. Saltó sobre los dos rabos mientras su enorme minga golpeaba el vientre del poli. Lo prohibido acababa de convertirse en la realidad de una fantasía.

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