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Diego Sans deslecha la polla de Cade Maddox entre sus labios | Himeros TV

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En pelotas, con las manos atadas a la espalda, a Diego Sans le espera un divertido y sexi juego por delante, desnudar a Cade Maddox ayudándose tan solo por su boca y el resto de su cuerpo. Algo le dice a Diego que una vez lo tenga desnudo, va a intentar algo más con él, porque mira hacia abajo, hacia el paquete de Cade, se acerca, lo roza y nota que se le está poniendo durísima, pero de momento lo deja en sorpresa.

Fuera gafas de sol, cosa fácil. La camiseta se le atraganta. La sube de un lado, descubriendo sus impresionantes abdominales, pero cuando se dispone a subirla del otro, el lado contrario empieza a resbalar por su torso. Al final decide morder con rabia y subirla hasta sus pectorales. Los tiene tan curtidos y prominentes que servirán como punto de anclaje.

Cade le ayuda levantando los brazos, inclinándose para que le saque la camiseta por la cabeza. Mientras lo hace, Diego esnifa de lejos el olor a macho de sus sobacos peludetes. Le encanta ese olor a hombre, le embriaga poderosamente. Cada vez está más cerca del final. Se miran y se sonríen. Cade coge a Diego de la cabeza y le anima a agacharse. Le pega un buen bocado al paquete, dejando ver por dónde irá el juego cuando lo tenga completamente desnudo.

No le cuesta desabrochar el botón de los pantalones, tampoco la cremallera. Termina por detrás de Cade, bajándole los pantalones hasta las rodillas. Ya que está en esa posición, decide tirar de la goma de los calzones hacia abajo con otro bocado. Lo que descubre le llena de gozo, un culazo enorme, suave y redondito por el que no duda en colar los morros.

Se pone enfrente de Cade. Al bajarle un poco los calzones por el trasero, por delante ha descubierto la mata de pelos de la base de su rabo. Le baja la goma también por delante, no sin antes rebozar bien las napias por su chorra morcillona y sus rugosos huevos. Deja ahí la goma, ajustadita elevando sus preciosos cojones y enseguida se mete la polla dentro de la boca.

Está calentita y todavía maleable. Le mete una calada y la deja colgando, como un plátano de un platanero, descapullada y con el cipote gordísimo. Le baja los gayumbos por los muslos hasta tener unas buenas vistas de su enorme miembro viril y sus pelotas. Prefiere tenerlo así, porque tras esa primera calada se ha dado cuenta de que va a poder comérsela hasta las pelotas y porque quiere sentir el contacto de sus pelotas calientes en su barbilla cuando se la meriende hasta la tráquea.

Por el camino, sin querer queriendo, la roza con la cabeza y rebota. Para cuando se la vuelve a meter en la boca, está algo más dura. Tras unas cuantas caladas, la tiene tiesa frente a él, venosa, enorme, larga y durísima. La chupa entera, retrae la cabeza y se detiene en su gordísimo cipotón, apretando fuerte con los labios.

De nuevo los arrastra por el tronco, junto con los finos pelillos de su bigote que le dan un plus extra a la generosa mamada. Está dura como una roca y el cipote a punto de reventar. ¿Tanto le gustan sus labios? Se la saca de la boca, saca la lengua y le mete con ella un repaso al tronco desde la bolsa de los cojones hasta el ciruelo. Cuando llega arriba, justo cuando va a meterse el cabezón de nuevo dentro de la boca, un chorrete de semen sale de la raja del capullo y lo inunda todo de blanco translúcido.

Diego ni siquiera se ha dado cuenta, pero está a punto de hacerlo. Vuelve a sacar la lengua para atrapar el cipote y se mete el pollón de nuevo otra vez dentro de la boca. Nota el sabor a semen en su paladar. No sabe si es precum o es corrida, pero disfruta mamándole la verga, dejando que se corra dentro. Su boca empieza a llenarse, los cojones rugosos levantados hacia la base, la dureza empieza a remitir. Pues sí que va a ser que se estaba corriendo el cabrón.

Cualquier otro tio hubiera dado por finalizada la mamada, pero a Diego le mola esa polla. Si ha sido capaz de correrse en un par de minutos, con lo que le ha gustado tendrá que ser capaz de volver a remontar el vuelo. Diego sigue chupando rabo y Cade enseguida empalma de nuevo. Diego mira la polla de cerca, robusta como un tronco. Agacha la cabeza y se la pone encima de la cara, sosteniendo el cipote con sus labios, la raja rozando los pelos de su bigote. Huele a semen.

Masturba el pollón entre sus labios, cabecea duro y constante hasta que nota que el rabo se hincha. Entonces la saca de su boca y una gota blanca de rocío vulve a inundar la raja del capullo. El pollón hace movimientos bruscos elevándose y bajando, movimientos de corrida de una polla sin manos. La verga de ese maromo es como un volcán en erupción. Diego la relame otra vez desde la base hasta arriba y justo cuando la deja caer, el el cipote impacta en su hombro, con un buen lefote que se había acumulado en la punta, mojándole los pelos del pecho.

Diego arrima el hombro, por el que le cae un buen chorrazo espeso. La polla de Cade no deja de dar bandazos arriba y abajo, corriéndose, despegándose del pectoral y volviendo a azotarle con todo su semen caliente. Diego le levanta el rabo con los labios y la lengua y con ellos arrastra toda la lefa que termina inundando su boca y los pelos de su bigote. Ahora sí, deja caer esa polla enorme, colgando, corrida. Se levanta besa a Cade, morreándole con el sabor de su semen encima. Cade se queda enamorado de esa carita guapa, de lo mono que queda ese bigote con sus chorretes blancos.

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