La Familia Polla: El profe buenorro y mi papi me dan por culo sin condón en clase | Family Dick

Mi profesor Donnie Argento era un hijo de puta, pero un hijo de puta que estaba buenísimo. Me encantaba irme a la última fila y pajearme por debajo de la mesa mientras miraba a ese daddy infernal que me hacía pensar sólo en cosas guarras. Me ponía cachondo mirando su perfecta cara guapísima y varonil con esa barbita de varios días arreglada, sus ojazos, lo bien que se ceñían las camisas a su cuerpo y la forma del bulto entre sus piernas cuando caminaba frente a la pizarra. Sólo paraba de cascármela cuando pasaba lista y escuchaba mi nombre: Shane Jackson.

Por aquel entonces, cuando no me la estaba cascando, escondía un libro de notas entre los libros y me ponía a dibujar pollas, intentando adivinar cuál de ellas y de qué forma la tendría mi profe preferido. Con el tiempo seguí fantaseando, dibujando en el bloc también culos y pectorales, porque esa camiseta bien ceñida me estaba volviendo loco.

Me salté clase varios días. Llegó un momento en que no podía estar en el aula aguantando a otros profes esperando impaciente a ver a Donnie. Me iba por ahí, detrás de la fábrica, a cascarme una paja pensando en su cuerpo desnudo delante de mí. Mi bloc de notas se convirtió desde entonces en un libro donde dejé reflejadas todas mis fantasías con él. Aparte de hijo de puta y estar buenísimo, era un cabrón, pero eso sólo hacía que excitarme más.

Llegó a llamar a mi padre, el señor Max Sargent. Entre los dos me echaron la bulla, reprimiéndome por saltarme asignaturas y entonces, cuando menos lo esperaba, le soltó a mi padre que me había pillado el bloc, diciéndole que creía que el problema eran mis fantasías sexuales que había que solucionar en ese momento, allí y ahora.

Os contaré una cosa. En el cuaderno jamás puse el nombre de mi profe, por lo que él pensó que todo lo que estaba dibujando y contando era sobre mi padre. Entre Donnie y Max me quitaron la camiseta y el profe me obligó a morrear a mi padre mientras me bajaba los pantalones y me metían entre un sandwich de daddys que me provocó una repentina erección.

Por fin sus manos encima de mí. Ese cuerpazo caliente y varonil pegado a mi espalda. Me encantó que me viera la polla, que disfrutase mirando mi largo rabo que siempre lo había estado deseando. Me di la vuelta y le besé de película mientras él me agarraba el cuello con una mano y con la otra me tocaba el rabo. Empezó a desabrocharse la camisa botón a botón y quise correrme al ver su torso desnudo de pelo en pecho, fornido como el de un buen macho empotrador.

Fue un poco raro ver a mi papi de rodillas metiéndose mi rabo dentro de la boca, pero si había que pasar por ese malentendido con tal de disfrutar de un momento íntimo con el profe, bienvenido era. Donnie terminó de desabrocharle la camisa. Estaba mucho más bueno de lo que hubiera podido imaginar. Y ya cuando se bajó los pantalones y se hizo una sacada de verga magistral, enseñando su larguísimo pollón, casi me desmayo.

Se la cogió y me invitó a agarrársela. La tenía morcillona y calentita y el cabrón no paraba de buscarme la boca para que le comiera los morros. Dimos de comer rabo al señor Max mientras los dos nos dábamos el lote, hasta que Donnie se puso de rodillas y lo primero que hizo fue agarrarme fuerte la polla por la base, ponérmela firma y zampársela como un tragón.

Aquello era más de lo que podía esperar. Apenas había fantaseado con Donnie en las duchas, mirando su cuerpo de lejos o cerca de mí mientras yo me cascaba una paja, pero tocar su cuerpo, sentir su polla, sus labios húmedos comiéndome la pija, su mano caliente agarrando mi rabo, su cara de empotrador, superaba todas mis expectativas.

Entonces ocurrió algo que me dio que pensar. Donnie se subió sobre la mesa del profe y se puso a cuatro patas arqueando la espalda hacia abajo lo suficiente como para dejar el culo en pompa. Esa era una de las fantasías que había escrito en el bloc. ¿Es que acaso había desviado la atención hacia mi padre con la intención de follar con los dos? Cada vez tenía más claro que sí.

Estaba tremendo. Su guapísima cara con barbita, cada músculo perfectamente definido contra la pizarra oscura de fondo. Subí a la mesa y me puse a la cola, con todo su precioso y hermoso culazo delante de mi cara, peludete, con la raja abierta toda para mí. A hijo de puta, buenísimo y cabrón había que sumar lo putita que estaba hecho. Alargó el brazo, me colocó la mano en el cogote y lo apretó hacia su trasero para que me esnifara su ojete.

El señor Max me dio por el culo sin condón mientras yo me comía el trabuco de Donnie. Así sí que eran productivas las reuniones de padres y alumnos con los profes. Donnie cogió el relevo de mi papi y me enfiló la polla por el culo también a pelo. Podía sentir cómo me daba por detrás con fuerza, cumpliendo cosas que iban más allá de mis fantasías, sus muslos peludos rozándome las nalgas, su mano agarrándome por las caderas, la espalda y en mi hombro para follarme duro.

Mi papi volvió a petarme el culo mientras el profe y yo nos hacíamos un sesenta y nueve sobre la mesa comiéndonos las pollas. Me puse las botas chupandole toda la entrepierna. Los huevazos, el pollón, el ojete, todo a mi puto alcance de un lengüetazo. Cuando me vino la corrida y solté el primer chorrazo, Donnie cercó los labios en torno a mi cipote y seguí corriéndome dentro de su boca. El cerdaco me miró con su cara guapa y mi semen saliendo por sus labios. Relamiendo mi lefa, me hizo prometer que no me saltaría más clases y me concentraría en los estudios. Claro que sí, guapi.

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