Lukas Daken todo cachondo empala a Ken Summers sin condón en los vestidores del motel y le mete un facial en toda la jeta | MASQULIN

Motel Slutsville 2

Vimos llegar a JJ corriendo, subiéndose los pantalones y con una sonrisa en la cara. Suponíamos que esa felicidad era debida a la paja que acababa de hacerse dejando fertilizado el campo, pero cuando se montó en el coche y nos contó lo que le había sucedido, nos puso el pito tan duro a todos que a punto estuvimos de hacernos un pajote en grupo, si no algo más.

Desde ese momento, estábamos todos a la espectativa, mirando de lado a lado en el camino que nos quedaba por recorrer hasta llegar al pueblo, esperando que nos saliera nuestro propio adán de entre los árboles. Como cuando en un grupo de colegas uno ya ha follado por primera vez y los otros no, pues igual.

Por fin llegamos al pueblo, que parecía casi deshabitado. Todo allí tenía un aire muy misterioso, incluído el motel en el que nos alojamos. Incluso a plena luz del día, la entrada del motel estaba en penumbra y el recepcionista Rico Vega, atrevidamente guapo, trabajaba a la luz de una lámpara de mesa que destacaba sus facciones y sus brillantes ojos. Ken Summers se quedó prendado de él y apenas podía retirar la vista de ese chico cuando ya todos se dirigían a la habitación. Si se le hubiera caído algo y dado por mirar por debajo de la mesa, también se hubiera quedado prendado del rabo colgando del recepcionista, porque estaba completamente desnudo de cintura para abajo.

El que sí pudo verle en pelotas fue Lukas Daken, cuando llamó a la puerta de la habitación en la que estaban alojados él y Ken para darles una nueva muda de toallas limpitas. Al darse cuenta de que llevaba colgando el rabo, antes de que hiciera más preguntas, el recepcionista le puso un dedo en los labios para que guardara silencio y le dio la bienvenida a La Villa de las Putas.

Había unos segundos de su vida que Lukas jamás recordaría. Al recobrar la conciencia, estaba delante de la puerta de la habitación del motel, completamente cachondísimo, tocándose su propio cuerpo, embriagado por un deseo sexual infinito como nunca había sentido antes.

Tomando una relajante ducha después del duro y largo viaje, Ken escuchó el sonido de la puerta del baño. Avisó de que estaba ocupado y el ruido de las gotas cayendo en la bañera enmascaraba el de los pasos que se acercaban hacia él. Lukas le susurró al oído, Ken se dio la vuelta y tras un primer beso robado, vio que su colega estaba desnudo, bajó la vista al notar algo duro y caliente rozándole la pierna y vio su rabo empalmado.

El más vergonzoso del grupo, el que mantenía cuerdos a los demás cuando se enchochaban con un tio, el que se sonrojaba cuando hablaban de sexo. Ken no daba crédito a lo que estaba pasando. Notaba a Lukas fuera de control, deseando follar. Estaba tan tremendamente buenorro y le molaba tanto que no iba a ser él el que pusiera ahora la cordura a aquella situación diciéndole que no, así que lo abrazó y lo morreó con las mismas ganas, devolviéndole con creces todo el amor que le estaba ofreciendo.

Se dirigieron hacia los vestidores pegaditos como dos novios, pasito a pasito, cuerpo con cuerpo, con los dos sables hacia un lado frotándose uno encima del otro. Se habían visto antes meando y más que nunca esos días con el viaje en cada parada que hacían, pero no de esa guisa. Cuando Ken bajó a mamarle el rabo, antes se fijó en lo que tenía delante. Lukas estaba muy bien dotado, la tenía larga y bien gorda. Ken deslizó la cara por encima de la polla, restregándosela como un cerdo, y se la metió dentro de la boca hasta atragantarse.

No fue mucho tiempo el que le dejó mamar. Un descontrolado Lukas tomó las riendas y puso a Ken apoyado sobre la mesa, con una rodilla sobre la silla para dejar la rajita del culo abierta. Lukas se agachó y se folló con la lengua su precioso ojete, mientras con una mano le masturbaba el rabo entre las piernas.

Ken subió las dos rodillas a la silla, puso el culo en pompa y su colega, en ese estado de embriaguez que estaba, no pudo resistirse a ver ese agujero deseando su polla. El cabronazo le atravesó sin condón todo el ano y empezó a propinarle una tunda de pollazos sacando y metiendo la polla por completo, todo lo larga que era. Joder con el timidito y racional del grupo, estaba hecho todo un demente empotrador cuando se le ponía duro el pito.

Qué hostias se había tomado mientras él estaba en la ducha, si cuando llegaron a la habitación no daba muestras de necesitar un agujero. Por si no volvía a repetirse, por si de repente recobraba el juicio, aprovechó y se dejó follar como una buena puta. Le agarró el culazo echando una mano atrás, sintiendo cómo lo meneaba hacia adelante y hacia atrás para sacar y meterle la polla.

Sin más lubricante que su saliva, después de follar un rato, bajaba a mamársela y aprovechaba para metérsela dentro de la boca hasta alcanzar sus huevacos con los labios. Lukas tomó asiento en una silla y mientras se acicalaba el rabo, invitó a Ken a sentarse sobre sus piernas. Ken le dio la espalda, se puso de pie con cada pierna al lado de sus muslos e hizo una sentadilla clavándose el rabo a pelo y gimiendo al notar toda esa carne dura y caliente atravesando su cuerpo.

Hasta siendo follado, todavía no podía creerlo. Ken viró su cuerpo sobre la polla poniéndose de lado para ver a su colega. Cómo era posible que cambiara así una persona de la noche a la mañana. Su cara era de auténtico vicio, incluso ahora lo veía mucho más atractivo, cuando estaba fuera de sí, bufando como un machote, concentrado en encasquetar su enorme polla dentro de su agujero.

Ken se agarró el rabo con fuerza y empezó a hacerse una paja mientras saltaba sobre la dura polla de su colega y sin darse cuenta repitió la escena que JJ hacía unos minutos les había contado al regresar al coche. Todo parecía conectado de alguna inexplicable manera en aquella villa oculta. Una polla soltando lefa, dejando la corrida encima del muslazo de su follador. Y de nuevo el follador levantándose con la pierna pringada de semen, pajeándose la polla.

Una boca abierta, sedienta, con la lengua por fuera, una boca rellenita de leche, chorrazos de lefa dejándole bien guapa la jeta, con todo el esperma resbalando y colgando por su cara, el lechero que bajaba a dar un besito y probar de su propia leche. De nuevo en la cama, cada uno en la suya, Ken y Lukas evitaban mirarse y se preguntaban qué coño acababa de suceder.

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