Ansony empala el culazo de Cesar Paulino sin condón con su enorme y gruesa polla | Fucker Mate

Bare Cravings

El chaval no hacía más que rozarse la cebolleta con él por delante y Ansony no la tenía precisamente pequeña para aguantar tanto roce sin que se descubriese la verdad sobre su pene, que de lo duro y grande que se le estaba poniendo, ya se le salía por la zona por la que solía sacarse la picha para mear. Se metió un agarrón de paquete, de estos que sólo un buen macho puede hacerse, intentando recolocarla, pero el lateral del calzón era demasiado estrecho como para poder abarcar ese monumento.

Cesar Paulino fue resbalando por su cuerpo hasta caer de rodillas y le liberó de la pesada carga de tener que esconder algo tan grande. Mientras bajaba, arrastró consigo la goma del gayumbo y le dejó libre la gigantesca polla, un trabuco morcillón y endiosado que ahora colgaba semirígido, asombrosamente gordo delante de su cara.

Gozó cuando Ansony hizo el último movimiento para sacarse los calzoncillos que se le habían quedado por los tobillos, porque el pollón se meneó como un apetitoso flan. Fue entonces cuando Cesar se mordió los labios, se los humedeció, le levantó la polla y se la comió. Tras dejarse follar la jeta una docena de veces, el rabo morcillón pasó a ser un falo empinado y enorme de los que quitan el hipo, con un cipote rompeculos de primera categoría.

Descubrió la importancia de comerse una verga antes de que se pusiera erecta, porque a partir de ahí, lo único que podía abarcar con su boca era la mitad del rabo, deteniéndose en el cipote, todo un manjar para el paladar. Ansony tomó asiento, Cesar se metió entre sus piernas y empezó a hacer el amor con la boca a su polla, que cada vez estaba más dura, más gorda y era más larga.

Sin quitarse los gayumbos que iban abiertos por la parte trasera, aunque más tarde se los quitó para poder moverse mejor en esas arenas, Cesar le ofrendó su culo morenito, pelado y con un hermoso agujero para penetrar. Ansony lo morreó enterito humedeciéndolo con la lengua, porque se juró que sus babas serían el único lubricante que vería ese ojete. Se peló el rabo mientras le comía el culo.

Se subió a la cama, atrapó el culete entre sus muslos y le encajó el cipote. Un certero movimiento de pelvis hizo que entrase todo el rabo por la fuerza resbalando por las paredes de su ano completamente a pelo. Se la metió hasta las pelotas y una vez dentro empezó a menearse como el que rebaña un pastel, para abrir un buen agujero.

Cesar no cedió ni un centímetro sobre la cama, se mantuvo firme de rodillas con el culete hacia atrás aguantando las embestidas de ese cabrón, encantado con sentir su lado más animal, con su macizorro cuerpazo sobre su espalda, sintiendo el calorcito de quien se lo folla con ganas, el aliento y sus gemidos en la oreja.

Poco después, Cesar le hizo una paja espectacular sentándose sobre su rabo y saltando encima. Ansony lo único que tuvo que hacer fue tumbarse, relajarse con las manos detrás de la cabeza, ponerse cómodo y disfrutar de las vistas. Notó cómo inesperadamente el rabo de Cesar le masajeaba las bolas de vez en cuando, aunque el chaval intentaba recogerse polla y huevos para que no ocurriera, no fuera que en una de estas le diera demasiado fuerte, que ya sabemos lo que duele cualquier golpecito mal dado en las pelotas.

Hizo el avioncito sobre el rabo y se colocó frente a frentre, abalanzándose hacia Ansony, abrazándose a su cuello mientras hacían el amor intensamente. Dos hombres tenían muchas formas de estar unidos. Por la amistad, por las aficiones, por le deporte, pero ninguna forma más literal y mágica que unidos por una polla. Le dejó lo suficientemente encabronado como para que Ansony le tumbase sobre la cama, abierto de piernas y lo rematase en posición de flexiones.

Cesar se labró un pajote corriéndose con las vistas de ese cuerpazo musculoso de macho horadando su culo. Mira que se había hecho muchas pajas, pero esa fue distinta a las demás. Tras salirle la primera leche caldosa que se dejó sobre le ombligo, de repente sintió la polla en un lugar que le daba tanto gustito que para su sorpresa descargó un par de lefazos potentes.

Completamente sudado por el esfuerzo de la perforación, Ansony se tumbó en la cama y se hizo otra paja. Se le entornaron los ojos del gusto que sintió al correrse, con el semen desperdigado por todas partes, hasta que Cesar tomó el control de esa pollaza que seguía corriéndose y le comió todos los mecos. Ansony no paraba de culear por instinto, de soltar leche por la manguera, mientras Cesar se lo comía todo con el capullo dentro de la boca. Toda la leche para tí, glotón.

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